Querencias

Miguel Ángel Sánchez


Nieve

08/01/2021

Los años pasan rápidos, se cierran y se abren como novelas rusas en un tiempo antiguo, vivo, pero imposible ya de alcanzar. Se fue el 2020, y ya ha llegado el 2021, sin transición, con el mismo cielo rojo de invierno de atardecer, con el sol cayendo por detrás de la torre de la Colegial, sobre la sierra de Altomira, frontera del paraíso de Guadalupe. Un paso suave de años, como las juntas de dilatación de puente en una carretera, un pequeño salto que sólo sienten las ruedas. Y ya está.
Nevaba ayer por la mañana. Quizá hoy también nieve. Escribo ya de noche y los frentes entran por el Golfo de Cádiz, como antiguamente, cuando llovía y los regatos corrían, los inviernos eran inviernos y los ríos se salían de madre. Ayer nevó sobre Talavera, despacio, con suavidad. Pero la nieve no vino para quedarse. En Talavera a la nieve cuesta siempre un poco más. En Talavera casi todo cuesta siempre un poco más. Al atardecer el sol tibio ha salido un rato. Sobre la Sierra de San Vicente la nieve, escasa; sobre el Cerro Cruces, el Piélago y el castillo del Cerro de San Vicente. El Real brilla todas las tardes con el último rayo de sol, y lo observo desde la ventana de mi despacho, como un faro en mitad del pajizo de los castaños de invierno y el gris profundo de los melojos. De noche, cuando la mirada se me va, las luces del pueblo marcan la distancia, brillan al frío del relente, blancas en su vacío.
Sigo los frentes que llegan desde Terranova y que van cruzando el Atlántico como si huyeran de un fantasma. A veces me pongo las imágenes de los satélites en tiempo real, sobre el Atlántico, Europa… y en África veo como van creciendo tormentas inmensas sobre el Níger y el Congo, las nubes moviéndose lentas, girando, creciendo, bebiendo en su pedazo de selva u océano. Hoy nevará más, Europa es una cuña de frío del norte, la raya de la nieve es esta Talavera que mira al Atlántico, que pintan de verde los mapas. Pero hoy nevará. Y mañana. Y la tierra beberá, cogerá agua, se filtrará por los cantorrales, y surgirá en veneros de agua zarca en la Jara. Nevará en la Mancha, y el agua de los trópicos hecha nieve acabará bajando hasta lo profundo de la tierra, hasta los acuíferos exhaustos y destrozados.
Nieve como regalo de un año que empieza, sin que termine el último. Nieve como bálsamo para la cicatriz/costurón que nos va dejando este tiempo extraño. Nieve que cae despacio, sin pedir permiso, recuerdo de inviernos antiguos, con el hielo cerrando surcos y lagunas, cayendo y trayendo el silencio que repara.