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Ana Nodal de Arce

Me la juego

Ana Nodal de Arce


Empieza el espectáculo

08/09/2022

Queridos lectores: comienza el curso político a lo grande, con Pedro Sánchez en Toledo, dispuesto a derrochar sonrisas y a adoctrinar a los suyos, en lo que parece una necesidad patológica de recibir aplausos aunque sean impostados. Y es que septiembre abre el telón al teatrillo que nos conducirá a los comicios de mayo, reñidos y apasionantes.
Pero en esta primera columna de la temporada, no podía faltar un repaso a ese agosto, tórrido en Toledo, sin sombras, sin árboles, en el que ha habido una feria, calificada por los tolonistas como la mejor de todos los tiempos. Amén. Y el primer día, tras un acto protagonizado por la alcaldesa, quien pulsó un botón con impecable estilo, se encendieron las luces del recinto ferial de la Peraleda, tan poco vistoso como de costumbre, se lanzaron fuegos artificiales y se produjo un incendio en una isla del Tajo, cuyo aroma llegó a  Zocodover. Una mala previsión, sin duda, que se investiga por un equipo de no sabemos quiénes, solo para demorar una conclusión tan evidente como que el caballo blanco de Santiago es blanco. Aunque si el equipo de gobierno dice que es negro, sus fieles seguidores seguro que lo corroboran.
Así las cosas, ante los continuos sainetes que vivimos en esta árida ciudad, me he sumergido en la filosofía para intentar comprender la involución del ser humano, de la política y de esta sociedad en la que deambulamos, a veces sin sentido. Yo, humilde periodista, reconozco que tengo más fe en los filósofos que en ciertos científicos, por lo que, en una lectura rápida de estos pensadores, me he ratificado en que hemos sufrido un escandaloso retroceso. Todas las advertencias repetidas durante siglos por los más prestigiosos sabios y humanistas sobre la creación por parte de los poderes dominantes de una masa amorfa, con un cerebro anquilosado por la falta de uso, encuentran su más certero reflejo en el mundo actual. Y Toledo, nuestra ciudad maravillosa, no escapa de esa tendencia, aunque sí huye del ecologismo o del cuidado del patrimonio, por ejemplo. Se ha diluido el pensamiento crítico, las personas se acomodan a obedecer sin cuestionar ninguna orden u opinión que venga de los de arriba, siempre intolerantes ante los que discrepan. Se quitan la corbata aunque nunca se la hayan puesto, suben la temperatura del aire aunque no lo tengan, con lo cual se lo exigen al del bar donde se toman ¿qué?:  lo que el gobierno considere más progresista. En esto todavía no ha caído el inefable Sánchez, afanado en que pasemos frío en invierno y calor en verano, algo que muchos, millones de personas, llevamos haciendo toda la vida, ante todo porque no podíamos pagar las facturas. Y ahora, menos.
En fin, que las guerras, los contubernios, las políticas erráticas, junto a otros factores que se nos escapan, con el gas por las nubes y un futuro incierto, el invierno se prevé plagado de desdichas. A veces concluyo que la masa debe ser más feliz que los demás, que mantener un pensamiento libre conlleva muchos disgustos y una excesiva pérdida de energía. Pero luego veo la valentía del profesor Zárate y los suyos, que se van a Bruselas a defender el patrimonio de Vega Baja y la Peraleda, y me resulta imposible callar y no estar junto a este grupo de altruistas que apuestan con pasión por su ciudad. Seguimos.