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Jorge Jaramillo

Mi media Fanega

Jorge Jaramillo


Tiritas para una economía de guerra

25/07/2022

La cosa se pone seria aunque pretendamos este verano simular un escenario post-pandémico de nueva normalidad como si nada de lo que está pasando en la economía -y sabemos que puede pasar-, fuera real. La inflación desbocada, el crédito más caro, la electricidad dando chispazos en las facturas, o el gasóleo fluctuando en el surtidor fuera de todo rango, no parece que vayan a aguarnos la fiesta. ¡Hay que vivir!, como sentir general; y  es comprensible después de dos años perdidos por el coronavirus. ¿Pero qué nos espera?
Los organismos monetarios y los gobiernos de las economías más desarrolladas se han puesto manos a la obra para acelerar decisiones buscando en el vademécum de la contienda las medicinas para un sistema enfermo que corre el riego de entrar en parada o, como dicen los expertos, en estanflación. Y de ahí la subida de los tipos de interés que encarecerán la financiación y rebajarán supuestamente el calentón del dinero circulante para sujetar los precios que han puesto a productos tan básicos como la sandía, a precio de oro en el lineal sin que el agricultor esté ganando más, ni siquiera cubriendo costes como se intuye con las primeras referencias marcadas por la lonja hortofrutícola de Castilla -La Mancha que estará vigilante otra campaña más. Y ya van diez.
El acuerdo de retirada de grano de Ucrania desde los silos minados y muy dañados por los combates también ha tenido un efecto en las bolsas internacionales donde cotizan las materias primas, la base de tantos alimentos y de la cadena alimenticia ganadera, que nada más escenificarse recibieron el gesto de paz con bajadas fuertes para el trigo y el maíz que durante meses habían subido artificialmente como un suflé. Ni que decir tiene que, aunque el acuerdo pende todavía de una frágil desconfianza hacia Rusia, también por la dificultad de navegar entre bombas, de entrada se despeja el temor a fuertes hambrunas en países muy dependientes de esta mercancía que ya veremos en qué condiciones de almacenamiento está cuando pueda cargarse en los buques.
Casi a la misma hora en la que Kiev y el representante del Kremlin estampaban la firma en sendas carpetas rojas bajo la atenta mirada de Turquía y la ONU, la Comisión Europea lanzaba otra señal enviando un mensaje de autosuficiencia futura al autorizar el aprovechamiento de los barbechos para sembrar más este otoño, suspendiendo temporalmente las medidas de rotación y diversificación de cultivos que obliga la PAC para cumplir con los compromisos medioambientales escritos.
Las dos noticias llegaron en el momento más deseado por los comerciantes de grano y diría que también para los productores de cereal, atrapados desde hace meses en una indecisión por vender, y los otros para comprar a unos precios que hace semanas empezaron a caer.
¿Estamos ante un cambio de tendencia?
Los analistas ven a corto plazo el final de la burbuja de unas cotizaciones tremendamente irreales que han puesto y siguen poniendo en peligro la sostenibilidad de la cadena alimentaria y desde los eslabones más primarios, el peso de la cesta de la compra. En pocas semanas, la importación de maíz brasileño y de Estados Unidos se hará notar en los puertos españoles y portugueses, y un mes después empezarán las siegas en los grandes graneros del planeta. Ya veremos la mella que haya podido hacer la sequía.
Por todo, quedan muchas preguntas en el aire. ¿A qué precio llegará, y cuántos serán los disponibles con un euro devaluado frente al dólar que encarece las compras? O ¿qué respuesta darán los agricultores a la flexibilidad aprobada por Europa que afecta a 4 millones de hectáreas? El Ministerio de Agricultura dice que podría traducirse en 1,5 millones de hectáreas más sobre la superficie habitual de herbáceos que ya sería un volumen interesante. Claro está que dependerá también de la efectividad de otros planes como suprimir los aranceles para importar ureas y compuestos nitrogenados de otras canteras para fabricar fertilizantes. El propio acuerdo de la ONU también contempla la exención de sanciones a Rusia -segundo proveedor de Europa- para esos insumos con el fin de que alivien la presión en unos costes tan básicos.
Pero son los temidos cortes de gas, los que pueden arrancar de cuajo las primeras vendas y tiritas sobre una economía de guerra.