Víctor Arribas

VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


Otra bodeguilla

24/03/2024

Desde que Pablo Iglesias ya no es político en activo, su alter ego Pedro Sánchez ha recogido el testigo en la radicalidad de las ideas de izquierdas y las posiciones populistas, y el fundador de Podemos ha elegido, tras recibir el sonoro portazo de los electores en 2021, fundar canales mediáticos, lograr que su partido Podemos rompa con Sumar, dar conferencias y abrir una taberna. Éste último es su empeño más reciente, y también el más insospechado. Pocos podían imaginar que por ahí iban a ir sus derroteros profesionales, pero él nos vuelve a sorprender. Emulando la Bodeguilla que Felipe González mandó excavar en el subsuelo de La Moncloa, aunque con menos glamour que en aquellas fiestas de la jet socialista de los ochenta, Pablo quiere moldear un cenáculo libérrimo e irreverente que, miren ustedes, le viene muy bien a la capital, como todas las iniciativas de emprendedores que tratan de progresar en la vida arriesgando y defendiendo una idea y una meta. Y de paso va a pagar todos los impuestos con los que se esquilma a los negocios con puerta de calle. De golpe se ha convertido en uno de esos empresarios con cuernos, tridente y rabo que pinta cargada de odio ideológico su ex inseparable Yolanda Díaz, hoy vicepresidenta del gobierno que él abandonó quizás demasiado pronto. Ahora soportará los ataques constantes que el poder lanza a menudo contra los dueños de las empresas, por pequeñas que sean, que explotan a sus trabajadores y quieren que todos los males caigan sobre ellos. Otro regador regado.

Tal vez en las conversaciones entre los que estarán a un lado y otro de la barra del Garibaldi, el cliente y el bodeguero, este ex político con largo recorrido vital explique susurrando en voz baja el motivo por el que abandonó el gobierno sólo un año después de lograr el mayor objetivo que podría haberse imaginado desde el púlpito docente en la universidad, en la que gozaba de libertad de cátedra que él habría negado a los demás. Tal vez entonces se pueda entender el verdadero motivo por el que un vicepresidente, con tan sólo doce meses de gestión en las más altas responsabilidades del Estado, dimitió de todas sus funciones para ser candidato en unas elecciones en las que no tenía mayor opción que revertir los sondeos y lograr por los pelos un escaño autonómico. La aparente falsedad con la que entonces explicó ese paso incomprensible, su intención de lograr la presidencia de la Comunidad de Madrid en las urnas, no se la creyó nadie, ni sus íntimos. Pero el velo del tiempo que ha pasado y toneladas de tierra arrojadas encima de aquella misteriosa dimisión han logrado evitar que nadie se pregunte por qué un político abandona la vicepresidencia para perder con total seguridad unas elecciones locales. Tal vez entonces, entre Fidel Mojitos, Che Daiquiris y Durruti Martinis, alguien se entere al fin de lo que realmente pasó.