Javier Ruiz

LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


El Corpus de la Diáspora

30/05/2024

Ha llegado Corpus y Sonia me pregunta por mi artículo de todos los años. Ya sólo por eso mereciera la pena escribir cada línea y renglón como si fueran nuevos, igual que si no hubiesen nacido, lo mismo que una primavera que siempre es distinta y hermosa. Es Corpus en el corazón y los que salimos de Toledo hace un tiempo es como si la madre nos llamara en la ventana para subir del recreo. Ese grito de la tarde en la llamarada del primer verano que cruzaba la calle y la pelota para alcanzar la cena. Volver a Toledo es hacerlo a la primera casa, a esa donde fuiste niño y rodaste por primera vez en brazos de la madre. Es la casa de todos, de los que nos fuimos y volvimos, de los que estamos y llegamos, de los que nunca nos fuimos y siempre permanecemos. Toledo en Corpus es el balcón abierto de la Historia por el que trepar a la historia particular de cada uno. Yo nunca lloré tanto como al pasar por el Cáliz aquella tarde en que fui padre por vez primera y vi los toldos aquietarse sobre mis hombros. Fue entonces cuando comprendí el misterio del tiempo y las generaciones, aquellos nuevos que vendrán y nos harán grande, arena, recuerdo. Todo eso me movió un solo Corpus, en el corazón, el huracán, la pleamar. Corpus es marea de sentidos que va y viene entre tomillo, romero, cantueso.
Pasear Corpus para quienes estamos en la Diáspora es volver a la Biblia, recordar Babilonia y nuestros excesos y volver el rostro a Dios. Yo nunca pensé que una ciudad marcara tanto en el devenir del tiempo y los sentidos. Y Toledo lo ha hecho como es ella… Callada, silente, despacio. Para que cuando te des cuenta, estés ya atrapado y sea imposible salir de ella. Y el Corpus es el sello, único, definitivo, de la victoria. La piedra enmudece en los siglos pero habla a través de los balcones, las guirnaldas y las flores. Los que somos de la Mancha y en la Mancha encontramos nuestro ser, sabemos sin embargo que Toledo abre los brazos como el regazo de la madre y canta y mece y arrulla el alma igual que la primera cuna. Porque aquí penden las centurias y los milenios de la misma manera que las flores en primavera. Asusta para el que viene de fuera comprobar cuánto tiempo y misterio en las calles… Hasta quienes nacieron aquí descubren cada día algo nuevo. Corpus es Corpus y se revela sólo a quienes tienen ojos para mirarlo.
La belleza se desnuda a cada paso, en cada piedra, en la mirada primera del niño ante el brillo de la Custodia. Las campanillas son el canto, las notas, la melodía que queda guardada para siempre en la memoria. Corpus es reencuentro y llamada, de lejos, de largo, de toledanos adoptivos y naturales que vuelven la cara a lo que fueron y ahora son. No sé, Sonia, si con esto hice un buen artículo de Corpus… Pero sé que bañé mi corazón en lágrimas mientras amanecía en la ciudad que yo más quiero.