Alejandro Bermúdez

Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


La pregunta

05/04/2024

Siendo aún tan joven como para precisar de la autorización paterna para acudir a las fiestas veraniegas nocturnas, uno de los amigos de la panda nos reveló su secreto para conseguir siempre permiso para salir a esas fiestas. Obviamente era una argucia: jamás preguntaba si podía ir a la fiesta, porque ello ponía en peligro su asistencia. Directamente preguntaba a qué hora tenía que volver, con lo que la asistencia quedaba garantizada y la cuestión se reducía al horario… que después tampoco cumplía.
Esta pueril maniobra –se deben haber dado cuenta de la candidez general- es la que está queriendo emplear el independentismo catalán. Se salta la primera y principal cuestión, que como todo el mundo sabe –salvo que Pedro Sánchez y sus acólitos digan lo contrario- es si es legal un referendo sobre asuntos que afectan a todos los españoles, solo en una pequeña poción de España.
Y no solamente es esa la trampa, sino que, aunque la preguntita parezca clara, es más inductiva que clara. Solo el hecho de preguntar con la fórmula de «quiere …» ya se tiene la mitad del sí conseguida. Obviamente no plantea preguntar si quieren permanecer en la Comunidad Europea o si quieren mantener su comercio con el resto de España o seguir jugando la liga de fútbol española, o mantenerse alejados de la influencia rusa…   Por supuesto tampoco se les ocurre preguntar a los españoles hasta dónde están de los 'indepegolpistas'. Si lo hiciera seguro que se sorprenderían del resultado incluso en los territorios que quieren declararse independientes.
Realmente no tienen ellos la culpa. La base del independentismo en España no es el sentido patriótico de quienes lo promueven. Es su avaricia puramente económica. «Me quiero independizar, pero mientras tanto, si me transfieres las finanzas y haces llover en mi futuro país independiente todo lo recaudado, pues podemos quedarnos un rato más… ¡Ah! Y además colaboro con tu estancia en Moncloa…» Y bajamos todos la cabeza y aceptamos el chantaje en nombre de la concordia.
Es claro que de esta forma en lugar de atajar el problema lo estamos agravando. No entiendo cómo, con esta forma de actuar, hay todavía alguna región que no se ha declarado profundamente independentista para "poner el cazo". La estrategia que estamos adoptando los españoles en esta cuestión no puede ser más torpe, porque consiste únicamente en ceder, ceder y ceder y así cada vez es más peliagudo el asunto.
Si algún día superamos nuestros estúpidos complejos, haremos valer verdades que no admiten discusión, como que España es una. Lo es desde hace 532 años. Que todos los españoles somos iguales, lo dice nuestra Constitución y sería así, aunque no lo dijera. La superioridad de la unión en contraposición a la debilidad de la división. La necesidad de grandes entidades políticas y no de reinos de taifas ni localismos cicateros y, si se me permite, paletos. Que la política fiscal está precisamente para corregir desigualdades entre los distintos territorios y no para incrementarlas. Que la riqueza que se ha creado en cada lugar es fruto del esfuerzo colectivo, sobre todo de aquéllos que han tenido que abandonar sus patrias chicas en pos de ello.
En absoluto lo anterior va en contra de la personalidad de cada territorio y de su cultura, pero basta ya de poner excusas para seguidamente poner el cazo.