Antonio Zárate

Tribuna de opinión

Antonio Zárate


Tenerías y capitalidad de la cultura europea

03/04/2024

Hace más de un año que la Plataforma "Toledo, Sociedad, Patrimonio y Cultura" solicitó a la Consejería de Educación, Cultura y Deporte de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha culminar el proceso de declaración de los Baños Árabes-Tenerías como Bien de Interés Cultural al amparo de la Ley 4/2013, de Patrimonio Cultural de Castilla La Mancha, y del artículo 54 de Ley 39/2015 del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas. Aquella primera solicitud se formulaba ante los riesgos de construcción de viviendas sobre los restos de las Tenerías y en contacto con los Baños Árabes y parte de la muralla visigoda declarada monumento nacional por el Estado (BOE 25/12/1921). La construcción de viviendas sobre las Tenerías supondrá la desaparición de los únicos vestigios de la función industrial de Toledo durante siglos y sobre todo en el XVI. Se pedía a la Consejería de Cultura que culminara el proceso iniciado por ella misma en 2008 para declarar BIC ese conjunto monumental, con un expediente inicial en el D.O.C.M y en el B.O.E, y dejado en el olvido, a pesar de la relevancia de los bienes merecedores de protección legal.

Después de presentar alegaciones ante el Ayuntamiento por el proyecto de construcción de viviendas en Tenerías y ante la falta de respuesta de la Consejería, la Plataforma "Toledo, Sociedad, Patrimonio y Cultura" volvió a dirigirse dos veces más a esa Consejería solicitando la culminación del proceso de declaración como BIC de los Baños Árabes y las Tenerías. Al interés de aquellos restos arqueológicos y al peligro de su deterioro y desaparición, se añadía la coincidencia en el mismo espacio de las clepsidras de Azarquiel, según el arqueólogo Julián García Sánchez de Pedro. Ante la persistente indiferencia del gobierno regional a la acción ciudadana, a esta no le queda otra vía que la "denuncia por expoliación" al Ministerio de Cultura, como máximo garante de los bienes patrimoniales del Estado, conforme al artículo cuarto de la Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985. Es una figura legal ya utilizada por esta plataforma en la Vega Baja, con el éxito conocido que ha permitido liberar esa zona de la construcción de viviendas contempladas en ella por la Modificación Puntual 28 del PGMOU de 1986 y el traslado del proyectado nuevo cuartel de la Guardia Civil a una localización libre de servidumbres patrimoniales y medioambientales.

No obstante, a más de un año sin respuesta de la Consejería de Cultura, se ha producido un nuevo hecho que debería favorecer la aprobación de la reclamada declaración de manera inmediata. Se trata del lanzamiento de Toledo por su alcalde a la carrera para su designación como Capital Europea de la Cultura en 2031, lo que situaría a nuestra ciudad en el nivel de protagonismo cultural que le corresponde por su historia, valores patrimoniales y medioambientales. La Capital Europea de la Cultura es un título que el Parlamento Europeo, el Consejo de Ministros y la Comisión Europea otorgan anualmente a ciudades europeas y que les permite modernizar sus estructuras y acometer un proyecto de desarrollo sostenido a partir de la cultura, con la implicación de la ciudadanía y de todos los actores políticos, económicos y sociales de la ciudad.

La carrera por la Capitalidad Europa de la Cultura supone la participación ciudadana en un proyecto que exige compromiso de las instituciones, de personas del lugar y de fuera del mismo, con competencias y reconocimiento probados en los diferentes ámbitos de la cultura, también de renombre y proyección internacional. Y desde luego, es imprescindible el liderazgo político: el Ayuntamiento, los alcaldes de los municipios de la aglomeración candidata, la Diputación, el Gobierno y el Parlamento regionales, lo ya visto en todas las ciudades que han obtenido esta calificación. Sin esa estrecha colaboración entre los actores de la ciudad y sin la tensión emocional que supone la elaboración previa de un programa participativo de cultura y de un proyecto ilusionante de ciudad, la carrera estaría perdida desde sus orígenes. En el caso de Toledo, la entrada en la competición empieza tarde, puesto que debería haber comenzado antes, en 2021, con la anterior corporación municipal, como lo han hecho Burgos y Granada, dada la complejidad del proyecto, pero aun así, nuestra ciudad reúne méritos para competir con éxito por la Capitalidad Europea de la Cultura en 2031 frente a las otras 5 ciudades españolas que también han anunciado su candidatura.

El pistoletazo de salida está dado, solo falta el programa de consenso, de participación e ilusión de la sociedad civil, que ya debería de existir y estar trazado, al menos como esbozo, con objetivos acordes con las directrices culturales de la Unión Europea, con unos ejes argumentales capaces de mostrar la conexión entre el proyecto y una estrategia de desarrollo a largo plazo. Hace falta un contenido cultural y artístico bien construido, con proyección internacional a partir de lo ya existente en todas las manifestaciones de la cultura dentro del ámbito local, y en todo caso, es algo mucho más elaborado que los eventos conmemorativos que tanto han gustado siempre en Toledo. Ahora, hace falta un proyecto creativo e innovador, local y europeo, que implique al conjunto de los ciudadanos y especialmente a los más jóvenes, que avance en sentimientos de identidad europea y que disponga de capacidad financiera, de apoyo institucional y de liderazgo de gestión. También se requiere capacidad de acogida e infraestructuras culturales, pero con un programa de turismo responsable, reflexivo e integral, que hoy es inexistente, y que ha de contar con la complicidad de los residentes.

Ahora bien, la puesta en marcha del necesario proyecto de ciudad en torno a la cultura y el patrimonio, con el medioambiente, la naturaleza y el río como soportes principales, exige la implicación en el mismo de todos los niveles de la administración, apoyo a programas, a acciones culturales y a proyectos de base como punto de partida, algunos en marcha y de proyección internacional. Y como no podría ser de otro modo, este proyecto exige eficacia en la conservación y puesta en valor del patrimonio local, que también es europeo, lo que pasa por resolver tareas pendientes como la declaración de los Baños Árabes y Tenerías como BIC. Naturalmente, esa acción no debería esperar más y tendría que completarse con la recuperación de un patrimonio dormido como contribución a la cultura común europea. En esa situación, están, entre otros, la puerta del Vado y los restos del anfiteatro romano. Y desde luego, todo eso sin olvidar la atención al paisaje, al medioambiente y al Tajo, que también son cultura europea, lo que exige impedir proyectos constructivos en ámbitos de protección y de valor ambiental, como la edificación de un hotel junto al puente de la Cava o de barrios nuevos, como el de Palacio, que se aproximan a las orillas del río, invaden parcialmente conos de protección visual y acentúan la dispersión urbana.

Cuarenta años después de la existencia del programa de la capitalidad europea y de que más de 60 ciudades hayan alcanzado este título, entre ellas Madrid, Santiago de Compostela, Salamanca y San Sebastián, la experiencia demuestra que las localidades con más oportunidades son las que han demostrado mayor capacidad para poner en valor su patrimonio e impulsar proyectos culturales sostenibles y participativos; las recientes ciudades seleccionadas para capital cultural en 2028: Bourges en Francia, ?eské Bud?jovice en la República Checa y Skopje en Macedonia del Norte, son buenos ejemplos. A partir de esos hechos, es también fácil comprobar como los proyectos de capitalidad europea han supuesto siempre avances para consolidar ecosistemas culturales y sociales, superar desafíos y generar ilusiones, incluso para las ciudades que no han sido seleccionadas por el jurado internacional encargado de la decisión.

Toledo, se enfrenta, pues, a una oportunidad única para catalizar inteligencias, ideas, propuestas y recursos locales, para regenerar espacios y coordinarlos con su aglomeración, siempre como necesidad de futuro, y ahora, como proyecto inmediato para aspirar al éxito en su selección como capital de la cultura. Todo eso ha de hacerse demostrando que Toledo ha sido siempre una ciudad de vocación europea y que sus aportaciones han contribuido a construir la cultura de Europa. La participación en la competición ha de ser una muestra de compromiso de todos los toledanos y de colaboración de las diferentes administraciones por una Europa más unida y más solidaria, y por una ciudad innovadora, más equilibrada, cohesionada y reconocida internacionalmente. En este contexto, la declaración como BIC de los Baños Árabes y de las Tenerías sería una primera prueba del gobierno regional de apoyo a la candidatura de Toledo y de su firme compromiso con la conservación y puesta en valor de recursos culturales que lo son de España, de Europa y del Mundo.