Antonio Herraiz

DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Cambios de opinión

29/03/2024

Está de moda defender un argumento y el contrario en cuestión de minutos y casi de segundos. No vamos a entrar a debatir quién es el gran gurú de este misterio que encierra lo del cambio de opinión. Todos le conocemos. De haber ediciones modernas de la enciclopedia de Espasa Calpe o Salvat –qué antiguos somos algunos– ya señalarían la autoría. Tampoco le nublaría su estancia en Moncloa y verse retratado le inquietaría por debajo de cero. El problema es el contagio masivo e inmediato que ese ejercicio de funambulismo está causando. Ríete del coronavirus. El mal convertido en epidemia y, lo que es peor, sin vacuna a la vista. 
Lo estamos confirmando estos días de inestabilidad meteorológica. Por la propia idiosincrasia de la primavera, ni los avanzados modelos de predicción son capaces de determinar con exactitud cuándo va a llover. Se aproximan mucho y, cada vez en más ocasiones, lo clavan. Pero también fallan, dado que no es una ciencia exacta, y, por eso, las cofradías y hermandades han venido tomando decisiones difíciles y arriesgadas. Con conexión directa sobre el terreno en Granada y Málaga, he comprobado la creciente cantidad de seguidores que tiene la secta de los cambiantes: amanecen con un credo matinal, lo transforman a mediodía, modifican su opinión después de comer y, si les conviene, hacen el mismo procedimiento cuantas veces haga falta. 
Domingo de Ramos en Málaga. Es uno de los días más grandes de toda la Semana Santa en la ciudad. Ante el anuncio de fuertes precipitaciones, seis cofradías decidieron no salir. Antonio Banderas, gran embajador en todo el mundo de la Semana Santa malagueña, fue de los que se quedó dentro de la casa de hermandad y difundió una foto acompañado de dos jóvenes nazarenas: «Aprendiendo que a veces la vida te da favores y otras veces lágrimas», en un juego en clave interna con las palabras del nombre de su cofradía. La única en completar la estación de penitencia por su recorrido habitual fue la de la Pollinica, que es la que primero sale ese día y la primera que también se recoge. Ahí no hubo problema. Todo se complicó con la Hermandad del Prendimiento, cuyos órganos de Gobierno desoyeron los partes del tiempo. Pero hete aquí lo del virus contagioso. Nada más salir, en ausencia momentánea de lluvias, las redes se apresuraron a denunciar la cobardía de los que habían dejado sus tronos y sus imágenes titulares dentro de la casa de hermandad. «Cobardes», «todo el año esperando y ahora se la jugáis de esa manera a vuestros cofrades», «no va a caer ni una gota y os vais a arrepentir», «fijaos en los del Prendimiento, esos sí que son valientes». A los del Prendimiento les cayó una tromba de agua de las que no se recuerdan en Málaga y los mismos que les habían defendido, cambiaron de opinión en cuestión de segundos: «es una imprudencia mayúscula. Habéis puesto en juego el patrimonio histórico de la cofradía, el de los nazarenos y los instrumentos de los músicos de la banda. No cabe una irresponsabilidad más grande». Esto leído en la red y escuchado en la calle con argumentos similares, el mismo día, tras la decisión tomada por el Cautivo de Granada, que le pasó lo mismo que el Prendimiento en Málaga, terminando el recorrido a toda prisa cubierto con un plástico, en una imagen para nada deseada. 
La Semana Santa no se libra de ese virus que todo lo puede y todo lo consigue casi de forma milagrosa bajo el derecho al cambio de opinión. Da lo mismo que sea con las cosas del tiempo que con la salida de las cofradías. Si hay asuntos de más enjundia como una ley de amnistía y nos la estamos tragando doblada, el resto se acepta también como el arte de la actitud cambiante impuesta por los de arriba. Todo según convenga en cada momento y en cada lugar.