Jesús Morales

Nada particular

Jesús Morales


Adiós a Gala y a su personaje

13/06/2023

El fallecimiento de Antonio Gala me recordó el día que le conocí. Fueron pocos minutos, pero me bastaron para entender lo poco que tenía yo que ver con el cordobés y que, como me mostraron sus maneras y comportamiento, éramos opuestos. Antonio Gala me pareció un tipo desagradable -lo siento es la idea que me quedó de él- y profundamente maleducado y esta opinión no la cambia el hecho de haber muerto.
Aunque se trata sólo de una opinión de escaso valor de un hombre normal y corriente y sé que lo importante es su valía como escritor y bla, bla, bla. Reconozco también que mi veredicto literario no tiene más peso que el de alguien del común aficionado a la literatura. Considero que Antonio Gala, a pesar de sus premios y reconocimientos, fue un escritor trivial muy sobrevalorado y más que nada pedante, redicho y afectado hasta lo cursi  y además muchas veces buscador ansioso del aplauso fácil. Creo que es un literato sin muestra de verdadera inspiración. Cuento a continuación el encuentro: Paseaba una tarde por la feria del libro de Madrid con mi amigo el diseñador y pintor Vicente Vela cuando por los altavoces anunciaron que Gala firmaba ejemplares de un libro. Vela me comentó que el cordobés era amigo y conocido suyo ya que le había hecho las escenografías de algunas obras teatrales entre ellas Anillos para una dama y Porqué corres Ulises.
Nos acercamos a la caseta donde firmaba y allí estaba con su inevitable pañuelo al cuello, su bastón y la cadena bien visible para dejar clara la imagen que desde hacía tiempo cultivaba. Al vernos se levantó y saludó a Vicente Vela y tras los cumplidos y bromas entre ellos sobre la reciente extirpación de un fragmento de su colon, Gala me miró maleducadamente y sin darme las buenas tardes se dirigió a Vela: -¿Este quién es. Amigo tuyo? Lo digo porque está gordo y ya conozco lo que piensas de la gente gorda.
No me hizo falta más para comprender que el tal Antonio Gala era un borde sin educación. Los pocos minutos que estuvimos en la caseta permanecí en silencio y aunque no me vi la cara debía expresar la mala leche que me recomía. Al salir me quejé a Vela de la lamentable conducta de su amigo. Como disculpa me comentó que era preciso conocerle bien y saber que su vida había sido dura y una gran mentira, al menos lo que contaba en los medios de comunicación: a pesar de lo que siempre decía jamás había estado en un convento de cartujos que no le aceptaron por su amaneramiento, que su padre un médico cordobés de fama en la capital, se avergonzaba de él y otras cosas alejadas de lo que Gala contaba de sí mismo. Tampoco dijo nunca que tuvo que irse de Córdoba para no avergonzar a su familia, etc. Bueno. Saqué una vez más la conclusión de que la fama de ciertos hombres no tiene nada que ver con su calidad humana.
Murió Gala, murió su personaje.

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