Maduro quiere ser Chávez

SPC-Agencias
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Empeñado en allanar su camino para la reelección y superar en el poder al que fuera su mentor, el presidente se ha volcado en obstaculizar cualquier intento de la oposición para derrocarle

Los discursos del mandatario han estado siempre marcados por su predecesor - Foto: L. Fernández Viloria (EFE)

No es ningún secreto que a Nicolás Maduro le gusta el poder. Después de asumir el timón de Venezuela en marzo de 2013 tras la muerte de Hugo Chávez, el dirigente está empeñado en alcanzar los 18 años en el cargo, superando así al que fuera su eterno mentor. Y, para ello, se ha volcado en su objetivo de deshacerse de cualquier rival que pueda ponerse en su camino a la reelección, diseñando a su justa medida las elecciones presidenciales del próximo 28 de julio, aunque sea a base de denostar la democracia.

El mandatario aceptó, para sorpresa de nadie, convertirse el pasado 16 de marzo en el candidato del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) para los comicios de verano, entrando en una carrera para extender su régimen por otros seis años más. 

«Hay un solo destino: la victoria popular. Hagan lo que hagan, digan lo que digan, no han podido ni podrán jamás cono nosotros», expresó el líder hace unas semanas al ser proclamado en Caracas.

Dicho y hecho, porque todo parece indicar que el actual jefe del Estado, que ganó su primera reelección en 2018 con 6,2 millones de votos -en unas elecciones cuestionadas por la comunidad internacional-, reeditará su victoria en una cita con las urnas en la que aún no está muy claro quiénes serán finalmente sus contrincantes.

Y es que, Maduro se ha encargado de poner trabas a todo aquel dispuesto a competir por la Presidencia, vetando partidos y candidatos, en un movimiento que indica que la derrota no entra en sus planes.

La primera en sufrir los efectos fue la exdiputada María Corina Machado, elegida en las primarias como aspirante de la principal coalición opositora e inhabilitada para competir por cargos públicos en comicios hasta 2036.

La postulante por la Plataforma Unitaria Democrática (PUD) acusó al presidente de violar los acuerdos políticos suscritos para las elecciones, con acciones que van desde la obstaculización de su candidatura a los encarcelamientos de opositores, a quienes la Fiscalía señala por supuestos complots para asesinar al dirigente chavista.

Poco después, la PUD anunció la decisión de nombrar a la historiadora Corina Yoris como su nueva apuesta electoral. No obstante, la coalición denunció impedimentos para inscribirla en el plazo establecido -que finalizó el 25 de marzo-, y logró postular, de manera provisional y tras una prórroga «de horas» por parte del Consejo Nacional Electoral, a Edmundo González Urrutia, si bien podría ser sustituido en los próximos días.

En ese proceso se inscribieron 13 figuras políticas -el propio Maduro entre ellos-, aunque ninguno de ellos parece preocuparle al ser aspirantes cercanos a sus ideales.

Aún más aislado

Desde el inicio del procedimiento, varias formaciones han sido víctimas de las obstrucciones impuestas por el régimen, reclamando a la comunidad internacional que actúe para prevenir una «farsa electoral».

Tanto es así que incluso históricos aliados de Venezuela han condenado las últimas maniobras de Maduro. En una comparecencia conjunta con su homólogo francés, Emmanuel Macron, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, consideró los impedimentos a Yoris como un hecho «grave» que no tiene explicación «política ni jurídica». 

También el mandatario de Colombia, Gustavo Petro, evidenció su preocupación por el incumplimiento del Acuerdo de Barbados, que busca garantizar elecciones libres a cambio del alivio de las sanciones interpuestas desde EEUU.

Sin embargo, ninguna de las críticas parecen ser suficientes para frenar a Maduro en su carrera hacia el poder, empeñado en superar los 14 años de mandato que acumuló su antecesor, Hugo Chávez.

A sus 61 años, el que fuera conductor de autobús en el sistema de transporte de Caracas logró superar las dudas acerca de su liderazgo tras la muerte del expresidente en 2013 y ha conseguido convertirse en el hombre que supo mantener a flote la revolución bolivariana.

Sus discursos han estado siempre marcados por alusiones a Chávez, quien lo mantuvo seis años como canciller y seis meses como vicepresidente antes de designarle como su sustituto a finales de 2012.

Desde entonces, Maduro ha logrado mantenerse en el poder, en medio de una crisis económica, social y política que provocó masivas protestas hace una década en todo el país y que aún hoy hace estragos.

Su popularidad entre los chavistas no ha estado exenta este tiempo de altibajos, aunque, por el momento, ha conseguido capear a su manera todas las adversidades. Y todo parece indicar que tendrá vía libre para continuar en el cargo otros seis años más.