Editorial

Un nuevo Gobierno con muchas urgencias y algunas incertidumbres

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Se acabó. La investidura de Pedro Sánchez ya es un hecho y el tiempo de las invectivas pasó. La «equivocación» que definió Alberto Núñez Feijóo está consumada y ahora lo que procede es que el bloque de Gobierno supere sus problemas internos -como los de Sumar con Podemos en el reparto de sillones- y el nombramiento del nuevo consejo de ministros, previsto para hoy, no se haga esperar más. Tampoco su puesta en marcha.

Las últimas elecciones no le han salido gratis al país. Meses de tensión máxima, ahora extendida a las calles de todo el país, y de un Gobierno en funciones no son la mejor receta para un periodo de escasas certidumbres en el ámbito económico y geopolítico. Ayer, menos de 24 horas después de la investidura del candidato socialista, la agencia Moody´s advertía del incremento del riesgo de España por la tensión preelectoral y el resultado de un Gobierno apoyado en fuerzas genéticamente diseñadas para dinamitar la concordia constitucional.

Pedro Sánchez ha alcanzado la reelección con una promesa: hacer de España un país mejor. Ahora tiene la obligación de demostrarlo, porque el precio que ha pagado ya es alto y se traduce en una desconfianza inédita dentro y fuera de nuestras fronteras en las garantías democráticas exigibles a un país que aspira a ser un referente en la Unión Europea pero camina por senderos embarrados. Únicamente el PSOE y sus socios, en todos los casos por un principio de necesidad u oportunismo, entienden que se puede construir algo con una paleta de hipotecas de vencimiento inmediato e intereses incalculables.

El presidente ha tropezado además con otra piedra que dejará fracturas inevitables. Ha confrontado a la sociedad española al hablar de muros de contención sobre fuerzas políticas que representan el voto de más de 11 millones de españoles. Ha deslegitimado a la oposición y se ha lanzado a una alternativa que margina a la mitad del país. Ahora tiene la obligación de cauterizar esas heridas y debe hacerlo por la vía rápida, porque ni la calle, ni los mercados, ni sus propios socios van a dar más tiempo para ver avances que son antagónicos y están condenados a la colisión.

Las previsiones hablan de un Gobierno más político, más concentrado y menos dependiente de opciones radicales como las que ha representado Podemos en los últimos años, que alcanzó niveles avergonzantes de falta de madurez para los que Sánchez demostró no tener respuesta. Si todo valió entonces, nada hace prever que vaya a haber cambios sustantivos ahora. España no necesita más muros, y mucho menos que los levante el presidente. Necesita es un Gobierno serio, creíble y libre de influencias infectas.