Ser pobre es «carísimo»

L.G.E.
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El director del informe AROPE explica que 'pagan más' al verse obligados a estar de alquiler, en lugar de tener una hipoteca y que en los supermercados compran las raciones más pequeñas, que salen menos a cuenta

Juan Carlos Llano (en la imagen), sociólogo autor de "El estado de la pobreza" - Foto: Ángeles Visdómine

Juan Carlos Llano se detiene en sus explicaciones y lanza una reflexión que seguro que chocará a muchos. «La pobreza es cara», avisa, «cuesta mucho ser pobre». No es una metáfora. Está diciendo literalmente que los pobres pagan más por algunas cosas en comparación con el resto de la población. Indica que en las compras, por ejemplo, la pobreza sale «carísima».

Llano, director del informe AROPE, explica que una persona que tiene pocos ingresos, a la que no le da para comprar lo que necesita en el supermercado, acaba adquiriendo «las raciones más pequeñas».

Pone el ejemplo del aceite de oliva. Una persona en situación de pobreza comprará la botella más pequeña que haya, que es la que a lo mejor se puede costear. Sin embargo, el aceite que compra le saldrá más caro en comparación con el que se vende en una garrafa más grande, que es la que elegiría una persona con más presupuesto porque sabe que así se ahorra dinero. «Esas raciones pequeñas resultan carísimas», indicó Illescas, que apostilla que «la pobreza es muy cara y deberíamos abaratarla un poquito». 

Otro ejemplo que puso de lo caro que sale la pobreza está en la vivienda. «La gente pobre no puede comprar una casa», apunta. Por eso, se ve obligada a vivir de alquiler y eso cuesta.

«Las hipotecas han subido mucho, pero los alquileres más», incide. El tema de la vivienda no es baladí, pues es uno de los factores que este informe vincula de manera clara a la pobreza. «El 39 por ciento de las personas que son pobres tiene un gasto elevado en vivienda», avisa, «es una exageración». Lo es porque hay hogares que tienen que vivir con 500 o 600 euros al mes, de forma que si deben dedicar casi la mitad de esos ingresos a la vivienda, apenas les queda para comer y otros gastos.  

En término de transporte y desplazamiento, también sale más caro vivir en zonas de las ciudades que están a veces alejadas de los barrios a los que hay que ir para el médico o donde tienen los servicios sociales. 

Lejos del objetivo para 2030. El informe compara el dato de tasa AROPE que tendría que tener Castilla-La Mancha para cumplir los objetivos de pobreza marcados para 2030. En 2022 había 640.000 castellano-manchegos en este umbral, pero deberían ser 80.000 menos.

Norte-Sur. Todas las regiones por debajo de Madrid presentan peores indicadores en términos de pobreza, haciendo una división casi exacta entre norte y sur en España. «Es una cuestión estructural, que lleva muchos años sucediendo», incide. Por debajo de la media nacional están: Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía, Murcia, Canarias, Ceuta y Melilla. 

Discapacidad. Las personas con discapacidad suelen presentar indicadores de pobreza más altos que la media. Illescas reconoce que aquí no se puede bajar al detalle por comunidades autónomas, pues faltaría muestra de estudio.

Niños. La tasa de riesgo de exclusión y pobreza sube hasta  el 35,5 por ciento en hogares con menores, mientras que está en un 27,5 por ciento en hogares sin niños. 

Mujeres. «Para todos los indicadores la situación de las mujeres es peor que la de los hombres», avisa Llano. La tasa AROPE, de umbral de la pobreza y exclusión está en Castilla-La Mancha en un 29,8 por ciento entre los hombres y en un 33,3 para las mujeres.