Esther Durán

Serendipias

Esther Durán


Amar

05/04/2024

«El verbo leer es uno de esos pocos verbos que no soportan el modo imperativo, como amar o soñar. A nadie se le puede decir lee, de la misma manera que a nadie se le puede ordenar que ame o sueñe». Con esta afirmación arranca la obra más conocida del escritor y profesor Daniel Pennac, Como un novela. Tan acertado. Tengo un alumno que se aburre en clase, sin embargo, es un ávido lector, todos los días lee la Biblia y no pocas páginas. Una vez me pidió traerla para leer en clase y hacer menos tediosas las horas de obligada permanencia. Sí, efectivamente hay alumnos que pasan así su jornada en el aula. Antes también los había, no adoptemos el estilo abuelo Cebolleta y vayamos a contar nuestra batallita de «pues cuando yo era estudiante…» porque no. Enfrascado él en su tarea y observando yo su pasión por el libro sagrado, me acerqué y comprobé que leía el Antiguo Testamento, en concreto, la siguiente oración: «No será ni mío ni tuyo; partidlo». Era fácil reconocer que se trataba del juicio de Salomón a las dos madres que luchan por el niño vivo, tras haber perdido una de ellas a su bebé; es tan famoso que tiene su propia entrada en el diccionario para definir soluciones ecuánimes. Con la de obras que hay y él empeñado en la lectura bíblica. Quedan tan distantes los temas. Y es que ¡vaya temas!, una pobre madre aterrorizada por la posibilidad de que otra persona permita que partan en dos a su hijo por simple y vil venganza, porque había perdido al suyo. Infligir el más terrible dolor y de la manera más cruel porque tú has perdido a quien amabas. Matar en vida a otra persona. ¿Ganando qué? Perdiendo todos, sobre todo los más inocentes. Me acuerdo hoy de esta anécdota, hoy, que confirman que el pequeño de cinco años de Gerona es otra víctima más de la horrible violencia vicaria que, que tiene infinitas aristas y caras y su sombra es muy, muy alargada. Leer no admite imperativo, lo entendimos bien pequeños pero amar, como decía Pennac, tampoco. 

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