Un año con más pena que gloria

M.R.Y. (SPC)
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Llegado 'de rebote' al Ejecutivo y hundido en los sondeos, Sunak ha tenido que hacer frente a una crisis económica, a otra en su Gobierno y al descontento masivo de los trabajadores

Un año con más pena que gloria - Foto: TOLGA AKMEN / POOL

Su llegada al poder no estuvo exenta de polémica. Tras ser el derrotado en las primarias tories celebradas en verano para sustituir al dimisionario Boris Johnson -unas elecciones que ganó la efímera Liz Truss-, Rishi Sunak se puso al frente del Partido Conservador y del Gobierno y, tras superar la inédita cifra de 45 días de mandato de su predecesora, su largo año como primer ministro -cargo al que accedió el 25 de octubre de 2022- ha sido un camino más lleno de espinas que de rosas.

Con las elecciones en el Reino Unido a poco más de un año vista -Sunak se ha mostrado firme al negarse a que haya un adelanto de los comicios previstos para finales de 2024-, se antoja cada vez más necesaria una reestructuración en la formación gobernante que cada vez confía menos en su jefe de filas, a pesar de que su principal labor al ponerse al frente del partido era tratar de unir a los tories tras la salida de Boris Johnson.

Cinco prioridades se marcó Sunak a su llegada al Gobierno: reducir a la mitad la inflación, hacer crecer la economía en un país en el que los precios suben de manera vertiginosa, reducir la deuda nacional, recortar las listas de esperas en la Sanidad y poner fin a la llegada de barcos de inmigrantes irregulares a través del Canal de la Mancha.

Su llegada calmó los mercados financieros y evitó el colapso económico que se temía con Truss -de hecho, esa fue la razón de su temprana dimisión-, pero eso fue al principio: la inflación sigue desbocada, el crecimiento financiero es mínimo, no ha frenado el desembarco de sin papeles en suelo británico y su negativa a bajar los impuestos y las continuas huelgas de trabajadores de sectores tan diferentes como el sanitario -que le ha impedido reducir las listas de espera-, el docente o el ferroviario que buscan aumentos salariales para compensar el alza de los precios le han puesto contra las cuerdas.

En un año no ha conseguido nada de lo previsto y todo apunta a que, de seguir así, no llegará a cumplir un segundo. Y es que los datos están completamente en su contra.

Sin opciones

Todos los sondeos, sin excepción, aseguran que los laboristas ganarán las elecciones previstas para el próximo año, poniendo fin a más de una década de gobiernos conservadores. Y no solo vencerán: lo harán de una manera holgada, puesto que las encuestas coinciden en una debacle de los tories -que se avecinaba desde la salida de Johnson- y un incremento notable de los votantes progresistas, que en los últimos comicios sufrieron su peor derrota en lo que va de siglo. De hecho, las más esperanzadoras para Sunak le dan una desventaja de hasta 12 puntos con sus rivales, llegando a alcanzar los 25 en algunos casos.

Como muestra, los resultados en cinco elecciones parciales en Inglaterra, territorios todos ellos dominados por los conservadores, que solo han conseguido mantener el escaño en uno de ellos: curiosamente, en el distrito de Uxbridge y South Ruislip, el de Boris Johnson.

La alargada sombra del expremier es alargada, pero, además, al actual inquilino del 10 de Downing Street se le ha sumado un cisma en el seno de su Gobierno. Tres dimisiones en poco tiempo y de importantes cargos: el ya expresidente de los tories Nadhim Zahawi -por un escándalo en su declaración de impuestos- y los ya exministros de Educación Gavin Williamson y de Justicia Dominic Raab, ambos acusados por acoso laboral.

 Volcado en la política exterior -se ha convertido en uno de los grandes aliados de Ucrania con el envío de material bélico y el adiestramiento de los soldados de Kiev y ya ha viajado a Tel Aviv para mostrar su apoyo a Israel-, parece haberse olvidado en parte de los problemas en su país. Como el hecho de que cada vez haya más ciudadanos que aseguran sentir que cometieron un error al votar a favor del Brexit y, por eso, comienza a impulsarse un movimiento llamado Breget, que pretende el regreso del Reino Unido a la UE -con la que existen tiranteces por los continuos incumplimientos del acuerdo firmado-. La relación con Escocia es cada vez más complicada, con la región queriendo celebrar otro referéndum de independencia y el papel de Sunak parece cada vez más residual y condenado a un final que llegará, a más tardar, en 2024.