Los solteros de oro de San Pablo

J.Moreno
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Cientos de vecinos acuden a la llamada de la tradición y encarnan a los personajes del Día de la Vaca. Los solteros ganaron a los casados

Los solteros de oro de San Pablo

Sobraba ayer el abrigo en San Pablo de los Montes. El pueblo de mayor altitud de la provincia registró 21 grados, y hubo una afluencia de gente mayor que en los últimos años para la fiesta de la vaca, Fiesta de Interés Turístico Regional. Los corrillos vecinales opinaban también de todo un poco, como la mengua del tronco del árbol colocado en la plaza. En verdad, es el mismo ejemplar de los últimos años: un mazacote de 4.000 kilos de peso. Tras la misa, solteros y casados se apostaron a ambos lados y tiraron con todas sus fuerzas, y de un modo más bien desorganizado, de cada lado. Los primeros se llevaron claramente la victoria en un pueblo con necesidad de savia nueva porque ha perdido el 25 por ciento de los empadronados en la última década.

Se trata de una de las peculiaridades de una fiesta con más intríngulis de lo normal. Fernando Lancha, con un apellido autóctono, tiró del lado de los casados. Pese a la derrota, era ayer un hombre feliz porque ejerció el papel de escobonero, uno de los personajes imprescindibles en la festividad encargado de limpiar los excrementos simbólicos de la vaca.

Como se licenció en la mili en 1999, correspondía a su generación protagonizar los actos por el 25 aniversario.  Entre los singulares personajes encarnados por los adultos, los jóvenes y los niños, figura el vaquero, que va vestido con un traje corto y simula la cabeza de la vaca con un palo largo rematado, en uno de sus extremos, por unos cuernos adornados con cintas de colores.

También se encuentra la madre cochina, un quinto disfrazado de mujer, y el mencionado escobonero. El resto del grupo encarna a los llamados cencerreros que llevan colgados de la cintura cencerros con los que van armando gran alboroto.

Los quintos de San Pablo de los Montes salen a correr los cencerros días antes de la celebración. La víspera del Día de la Vaca, los vecinos encienden una gran hoguera con la leña recogida por los jóvenes; así se calientan los presentes mientras disfrutan de un chocolate y un baile.

Tras las procesión del mismo Día de la Vaca, el pueblo de los Montes invita a los visitantes a comer tostones y a beber limonada. La invitación implica aceptar también recorrer el pasillo formado por los espectadores, desde la plaza hasta la casa consistorial, perseguido por «la vaca», un palo al que unen un par de cuernos de vaca, adornado con cintas y flores. Esta tradición conmemora la conversión de San Pablo, patrón de la localidad; fue declarada Fiesta de Interés Turístico Regional desde el día 28 de marzo de 1994.

La misa y la procesión de San Pablo constituyen la parte más solemne y convencional de esta festividad que une a los sampableños a su pasado, a su presente y a su futuro.