Crisis profunda en Vox

Pilar Cernuda
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El ambiente de tensión que se masca entre los de Santiago Abascal es tal que crecen las voces internas que apuntan hacia enconadas luchas de poder y colocaciones 'a dedo' en los cargos de responsabilidad

Crisis profunda en Vox - Foto: EFE/Juan Carlos Hidalgo

Camino Limia, hasta el pasado jueves consejera de la Junta de Extremadura, no ha dimitido por cuestiones personales, ni por diferencias de criterio con sus compañeros del Gobierno regional; tampoco por desacuerdo con la presidenta María Guardiola, del PP. Limia, designada por la dirección nacional de Vox para ocupar el cargo de consejera del Ejecutivo de Guardiola, dimitió por discrepancias con la dirección nacional del partido. Y no es la única salida que se vive en el grupo en los últimos meses por choques con Bambú, que es como se designa en el mundo político a la cúpula de la formación derechista, con sede en esa calle del norte de Madrid.

Hace unos meses, Macarena Olona, en ese momento uno de los principales valores de Vox junto al portavoz Parlamentario Iván Espinosa de los Monteros -que la nombró portavoz adjunta en cuando demostró su capacidad dialéctica y su verbo implacable contra el Gobierno-, anunció su marcha. 

Kiko Méndez Monasterio -nada que ver con Rocío Monasterio-, el hombre que verdaderamente manda en las filas derechistas junto a Jorge Buxadé, con Ignacio Garriga e Ignacio de Hoces en el siguiente escalón, le anunció hace un año que sería la candidata de Vox a la Presidencia de la Junta andaluza. Olona se resistió todo lo que pudo, pero la decisión estaba tomada. Eso sí, el equipo de campaña, el responsable de comunicación y la estrategia se la marcaba Bambú. 

No logró el resultado que esperaba y, después de días muy tensos, intentó regresar a la política nacional integrando alguna lista al Congreso en las elecciones que se celebrarían en los meses siguientes. Recibió un no por respuesta y decidió abandonar Vox. Desde entonces, ha dado muestras de no encontrar el rumbo adecuado, aunque personas de su entorno aseguran que ha entrado en razón y reconoce los errores políticos cometidos. No pidió la baja de militancia, como se dijo, porque nunca fue militante. 

Tampoco es militante de Vox Limia, la ya exconsejera de Extremadura. La eligió la dirección nacional para ocupar la consejería que esa dirección había pactado con el PP, pero como ocurrió con Olona le nombraron el equipo y le daban instrucciones desde Bambú. Cuando comenzó a tener voz propia, empezaron las filtraciones sobre su carácter imposible y su falta de criterio. Decidió renunciar a la Consejería por las siempre socorridas razones personales.

 Según como se interprete, pueden ser válidas, pero la decisión estaba basada en la profunda incomodidad que le provocaba la imposibilidad de decidir, con media docena de cargos puestos por Bambú que le marcaban el camino. 

Las deserciones

La situación interna del partido de Santiago Abascal es de tensión extrema. Tanto, que ha trascendido al exterior porque las luchas por el poder, y la colocación en cargos de responsabilidad a familiares y personas cercanas a quienes ostentan el poder, ha provocado que quienes callaban ahora hablan. 

Sin esperanza de que se produzcan cambios, por regla general creen que Abascal ha dejado hacer a Monasterio y Buxadé, pendientes siempre de las instrucciones de Julio Ariza -el principal impulsor político de Vox desde sus inicios, con el potente apoyo del grupo Intereconomía detrás-, y si en algún momento parece que Abascal se da cuenta de que su autoridad de desvanece, no se sabe si puede y quiere tomar las decisiones necesarias para que Vox sea un partido potente. 

La marcha más significativa, más impactante para la militancia, más allá del caso Olona, que causó conmoción, es el de Iván Espinosa de los Monteros.

Renunció a su escaño y anunció que abandonaba la política pocos días después de conseguir nuevamente su puesto como diputado, y se daba por hecho que repetiría como portavoz parlamentario. Alegó razones personales, que existen, pero personas muy cercanas a él comentan abiertamente que esas razones personales no eran tan importantes como las que realmente motivaron su decisión: cada día se veía más alejado del núcleo de poder y sobre todo de las decisiones que tomaba el núcleo de poder. 

Un núcleo que, frente a cualquier consideración, imponía los principios y valores que defiende el sector más ultramontano de Vox, que justifican diciendo que se corresponden con la doctrina de la Iglesia. 

Coaliciones con el PP

¿Cómo afectará la crisis de la formación de Abascal -no reconocida, pero real- a los pactos de coalición con el PP? Dependerá de cada Gobierno regional y municipal.

Es probable que, efectivamente, Vox tire excesivamente de la cuerda y se produzcan ceses, pero con toda seguridad habrá concejales y consejeros derechistas en otros Gabinetes que apostarán por llevar de la mejor manera posible la gobernabilidad regional o municipal.

En Castilla y León ha habido serios conflictos con el vicepresidente, Juan García Gallardo, más de formas que de fondo, porque no tiene competencias concretas pero es la figura de Vox más importante del Ejecutivo de Alfonso Fernández Mañueco. El presidente, hace varios meses, dio a entender que no le temblaría la mano para poner orden. Desde esa fecha y hasta el momento, Vox ha apaciguado su comportamiento y asume que es un socio indeseado y que mejor le irá a su partido, y al PP, si acuerdan las decisiones más polémicas, entre otras razones porque el socialista Luis Tudanca está a la espera de encontrar la fisura en la coalición.

Vox vive un tiempo difícil. Las últimas elecciones han supuesto un varapalo, con pérdida importante de escaños. Tantos que no cuenta con los suficientes para presentar recursos. Analizada la situación desde fuera, y conocidas experiencias anteriores, se abren varios escenarios. Uno, que el propio Abascal, un hombre moderado mientras hizo carrera en el PP, dé su propio golpe de mano, reestructure el partido y consiga eliminar el calificativo «ultra» que hoy le define. 

Otro escenario es que los consejeros y concejales que forman parte de Gobiernos con el PP empiecen a entender cómo se hace políticay, considerando que el PP puede representar el futuro, se vayan despegando gradualmente de Vox, asuman los postulados de los presidentes y alcaldes populares con los que gobiernen y se acerquen a ese partido. Algo similar a lo que ocurrió con Cs en Andalucía. Eso, con perspectivas de futuro. Hoy, lo que importa es qué va a pasar dentro de Vox, donde las aguas bajan turbulentas.