El epicentro perfecto: 'Vini'

Diego Izco (SPC)
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Al margen de la polémica (o con ella), el brasileño atrae los focos en Mestalla... y corrige lo que iba a ser una derrota. El Barça, atenazado por las lesiones y la falta de ambición, y el Girona pierden una nueva ocasión

El epicentro perfecto: ‘Vini’ - Foto: Biel Aliño

Vinícius es capaz de ser Jekyll y Hyde al mismo tiempo, o sea, el futbolista determinante y el epicentro de la crítica, por provocación ajena o actitud propia. Hay jugadores cuyo mejor rendimiento ha nacido precisamente de los ambientes más hostiles. Mestalla fue un hervidero que ahogó a un Real Madrid que atraviesa esa parte de la temporada en la que debe convivir con dudas cuando antes todo eran certezas. Pero pudo ganar, porque el brasileño se las había ingeniado para marcar dos goles incluso ante un marcaje ejemplar como el de Foulquier… y porque Gil Manzano invalidó el 2-3 pitando dos segundos antes de que Bellingham cabeceara un centro de Brahim. Incomprensible. 

Planos

El Barça se reencontró con su versión más deprimente, aquella en la que peca de falta de ambición por mucho que Ter Stegen se enfadase cuando le preguntaran por ello. «Me cuesta no contestar mal. Lo que no le falta a este vestuario es ambición», afirmó… instantes después de que Xavi lo insinuara en la conferencia de prensa. Con un once casi de gala, ante un Athletic que tiraba de rotaciones por el cansancio copero (y no que no sorprendió con su presión alta e intensidad), el Barça estuvo plano, sin ideas y tal vez apagado al ver que De Jong y Pedri se rompían sobre el césped. Otra vez. Otra ocasión perdida. 

Sin sorpresa

Las páginas que hace menos de un mes hacían cábalas sobre la posibilidad de coronar al Girona hoy le miden el cuentakilómetros y el depósito de la gasolina:en Mallorca perdió su tercer partido seguido fuera de casa y ya empieza a mirar el margen de nueve puntos que tiene sobre el quinto puesto. Asegurar la Champions (lo que parecía una locura a comienzos de año) es el objetivo:de una manera poco terapéutica, el 4-0 del Bernabéu fue el derechazo al mentón de un equipo que había logrado creerse intocable lejos de Montilivi y ahora juega con unos miedos que antes no conocía.