Incuestionable 'Nole'

Diego Izco (SPC)
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La afición española, el último bastión de resistencia, se rinde a Djokovic, el mejor de la historia

Incuestionable ‘Nole’ - Foto: CJ GUNTHER

Que Rafa Nadal sea 'nuestro' nos ha impedido reconocer lo que otros ya habían reconocido hace tiempo: Novak Djokovic es el mejor de siempre. Se le cuestionaban sus formas, sus 'sospechosas' lesiones en partidos que se le complicaban, sus brebajes mágicos en plena competición, sus métodos o sus arrebatos de ira o arrogancia que le llevaban a destrozar raquetas en ataques de frustración. Ahora, a los 36 años y con los 24 grandes en la mochila, incluso para la afición española 'Nole' es incuestionable. 

De entrada, es el único del 'Big Three' que ha resistido en plenitud el paso del tiempo. Nacido en Belgrado un 22 de mayo de 1987, a sus 36 años cabalga hacia la mejor temporada de su carrera. A esa edad, Rafa Nadal (el año pasado) estaba a caballo entre la retirada y la continuidad pese a los dolores y las lesiones acumuladas, y Roger Federer cosechaba su mejor resultado en Wimbledon, donde fue finalista... cayendo precisamente ante el genio de Belgrado. 

El serbio se adjudicó el Abierto de Estados Unidos y su mirada aún tenía el brillo de 2008, cuando conquistó su primer 'Grand Slam', el Abierto de Australia. Con la perfección como objetivo constante, en 2017 se puso en manos de un particular 'psicólogo deportivo', Kobe Bryant. «Hablábamos mucho. Sobre todo, sobre la mentalidad ganadora». Ese año, Djokovic no ganó ningún grande. Entre su debut en 2005 y 2016, había ganado 12 y entre 2018 y 2023, ya con más de 30 años, los otros 12 que completan el mejor palmarés de la historia. 

Es decir, después de su cambio de estrategia -fuesen los consejos de Bryant o la mano de Ivanisevic o el nacimiento de su hija Tara-, ha conquistado el 60 por ciento de los 'Grand Slam' en que participó (20: en 2022 fue excluido de los cuadros de Australia y Estados Unidos por incumplir la normativa COVID de los torneos, y en 2020 fue expulsado del US Open por propinar un pelotazo a un oficial; ese año no se disputó Wimbledon). 

Djokovic siempre quiere «algo más». Esa ambición le ha permitido aguantar el paso del tiempo mejor que nadie. E imponer su tenis, cambiante en su excelencia, sobre jugadores asombrosos como Alcaraz -quien le arrebató Wimbledon este año- o Medvedev, a los que saca 15 y 10 años, respectivamente. «No sé si quiero dejarlo si sigo jugando este nivel», decía sonriendo en la sala de prensa tras ganar el Abierto estadounidense. De hecho, Goran Ivanisevic (su entrenador) deslizaba que el gran objetivo a largo plazo de 'Nole' es disputar los Juegos Olímpicos de 2028, que se celebran en Los Ángeles, ciudad con la que mantiene un vínculo especial. ¿Cómo llegar? La 'vieja' fórmula aún funciona: «Tengo que reinventarme por el que el resto lo hace. Y es un proceso constante de evolución para conseguir cosas nuevas que me den una ventaja frente a los jóvenes».  

El apoyo

Esa precisión quirúrgica con la que sigue trazando hipotenusas sobre la pista, esa capacidad de no perder la ilusión por competir y ganar después de tanto tiempo, tiene un punto de partida desconocido para el gran público: sus padres. «Les debo mucho», dijo el pasado domingo. Nunca lo olvidará: sin pertenecer a una familia precisamente acomodada, en 1999 estuvo a punto de romperse su sueño. Djokovic no podía evolucionar en Serbia. Viajó con su padre a una academia en Alemania mientras su madre se quedó en Belgrado, trabajando día y noche, para pagar esa academia y las deudas que se iban acumulando. Hoy el dinero ya no es un problema: tras vencer en Estados Unidos, sus ganancias como tenista se elevan a más de 175 millones de dólares, más las aportaciones de sus patrocinadores: Uniqlo, Lacoste, Asics, Head, Telekom, FitLine, Seiko, Raiffeisen…