Temperamento ibérico

J.Villahizán (SPC)
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La España del siglo XXI es la suma de dominaciones, conquistas y culturas, un conjunto identitario forjado a través de los tiempos que convierte al territorio en una potencia única

Hasta la llegada de los romanos a la Península nunca antes se vieron en la Península Ibérica puentes de piedra, calzadas enlosadas o acueductos - Foto: EFE/ Pablo Martín

La Historia de España también se escribe a través de sus lugares, de sus ciudades, de sus pueblos y de sus localidades más pequeñas. Son muchos los sitios que poseen ese poso histórico que han configurado al país y que lo han dotado de esa personalidad propia, identitaria y cultural que es España. 

Desde el primer milenio antes de Cristo, cuando los tartesos ocupaban la Península Ibérica allá por la Edad de Hierro, hasta los recientes momentos de la España democrática del siglo XX y XXI, la llamada piel de toro ha ido creciendo y desarrollando un potencial único que la ha configurado en lo que es actualmente, una de las potencias más destacadas de Europa y del mundo.

Pero para forjarse esa identidad hasta lo que es hoy en día, España ha pasado por numerosas vicisitudes que le han marcado a hierro y fuego.

Para ilustrar ese recorrido, los autores Eladio Romero y Alberto de Frutos han querido retratar toda la Historia de España a través de una treintena de escenarios en 30 paisajes de la Historia de España (Editorial Larousse), un compendio de localizaciones que fueron esenciales para el devenir del país y de sus ciudadanos.

El libro ofrece numerosas claves y conexiones para entender de modo claro y conciso, pero también profundo y desprejuiciado, los sitios y sus gentes de ayer y de hoy.

Los escritores ahondan en la civilización española desde el tiempo de los tartesos y de los íberos y profundizan en la raíz cristiana del territorio a través de los visigodos, los reinos emergentes de Aragón y Navarra o el Camino santo compostelano, sin olvidarse de los más de ocho siglos de dominación musulmana.

Tras la reconquista, el país vive uno de sus momentos más esplendorosos en todos los sentidos, desde el palaciego, al cultural, pasando por el económico y territorial.

Pero la gran eclosión de modernidad no sucede hasta el siglo XIX y XX, cuando el desarrollo económico, el turismo y la incipiente industrialización del país, sobre todo en la cornisa Cantábrica, en el centro del país y en Cataluña, llevan al territorio a cotas inimaginables de desarrollo. 

La ciudad de Madrid, como capital neurálgica, económica y política del país, sumada a la revolución que tuvo lugar en Sevilla y Barcelona en 1992 con motivo de la Expo y las Olimpiadas, fueron tres fenómenos que transformaron por completo el crecimiento de España, ya plenamente integrada en la Unión Europea y en la zona euro.

1. La 'Pax Romana' domina la Península Ibérica

En el siglo II d. C., Hispania, denominación latina de la Península Ibérica, estaba completamente romanizada, aunque algunos territorios más que otros. Así, los castros y las fortalezas íberas habían desaparecido o se habían reconvertido en civitas romanas, además de surgir ciudades de nuevo cuño. De esta forma las construcciones de los dominadores fueron imponiéndose paulatinamente, dando lugar a una destacada obra pública antes desconocida, como lo atestigua el acueducto de Segovia.

Los romanos fueron, sin duda, los mejores ingenieros de la Antigüedad. Hasta su llegada a la Península nunca antes se vieron puentes de piedra, calzadas enlosadas o acueductos, ni se abrieron canales para conducir agua destinada a explotar una mina de oro al aire libre como fue Las Médulas. Pero los romanos también realizaron otro tipo de infraestructuras como anfiteatros, teatros, circos, termas, basílicas o templos. Toda una civilización que llevo la famosa Pax Romana a todos los rincones del imperio.

2. Ocho siglos de sometimiento musulmán

A principios del siglo X, los musulmanes llevaban ya asentados en Hispania dos centurias. Habían arrinconado a los godos y a los hispanorromanos cristianos en las montañas del norte y habían creado un estado gobernado primero bajo la dependencia de los califas de Damasco y más tarde por un emir independiente de la familia árabe de los Omeyas.

Llegados al siglo X, la Península asiste a la creación de un verdadero califato, es decir, un estado islámico en el que su gobernante asume los poderes político y religioso y cuyo primer califa fue Abderramán III, de la estirpe Omeya. Durante todo ese tiempo, desde el año 716, la capital de aquel estado fue Córdoba. Así, de ser ciudad de la provincia romana de Bética, pasó a serlo también de al-Ándalus y fue denominada Madinat Qurtuba. En esa época se llevó a cabo algunas de las reformas de la mezquita, así como la ampliación de su patio, aunque el ensanche del templo no tuvo lugar hasta tiempos de su hijo y sucesor al-Hakam II.

3. Santiago de Compostela, Camino al firmamento

Fue a partir de finales del siglo VI y principios del VII cuando se extiende la idea de que el cuerpo de Santiago se encuentra en la Península Ibérica y no es hasta el siglo IX -en plena conquista musulmana- cuando Pelayo observa cómo un conjunto de estrellas iluminan fuertemente un bosque próximo a Iria Flavia -hoy en día un municipio perteneciente a Padrón-, hecho que llega a oídos del obispo Teodomiro. Fue el religioso el que encarga excavar en la zona con el prodigioso resultado de localizar tres sepulcros, en donde se encuentran, según la tradición, los restos del apóstol y de sus discípulos Teodoro y Atanisio.

El lugar pasó a denominarse Campus Stellae, es decir, Campo de la Estrella, lo que más tarde derivaría en Compostela y supondría por extensión el origen y consolidación del Camino de Santiago, un recorrido que llega hasta hoy y que reúne todas las rutas de peregrinación cristiana de origen medieval que se dirigen a la tumba de Santiago el Mayor.

4. La Reconquista cruza el Estrecho

Siete siglos después de la fulgurante entrada y conquista de la Península Ibérica por los musulmanes, la situación cambió por completo y en 1415 -tres cuartos de siglo antes de que los Reyes Católicos acabaran con el último reino árabe, el nazarí de Granada- las huestes cristianas cruzaron el Estrecho de Gibraltar para apoderarse de Ceuta. En adelante, el destino de esta plaza ya no iba a vincularse solo a su entorno norteafricano, sino también, y en mayor medida, al peninsular.

Tras la toma de Granada, Castilla tomaría definitivamente las Islas Canarias y miraría también al norte de África. Entonces, diversos nobles castellanos muy vinculados a Andalucía consideraron que una vez concluida la reconquista peninsular se podía iniciar la invasión del otro lado del Estrecho y de la ciudad de Melilla, una localidad que estaba en rebeldía contra su gobernante, el sultán de Fez. La ocupación se llevó a cabo sin combatir y en 1498 la ciudad pasó a manos de Isabel de Castilla.

5. Yuste, el retiro del poderoso Carlos V

En 1555, con 55 años, Carlos I de Castilla, Aragón, Navarra, Nápoles, Sicilia, Cerdeña y señor de otros muchos lugares y V emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, se encontraba al límite de sus fuerzas. Tras haber pasado muchos años viajando por Europa y dirigir una expedición victoriosa contra Túnez y otra fracasada contra Argel, e incapaz de que la herejía luterana se extendiera por Europa, decidió abdicar de sus coronas. Una vez retirado tras las Abdicaciones de Bruselas, el amo del mundo decidió retirarse al monasterio de Yuste, en Cáceres, una abadía del reino de Castilla alejada de los principales núcleos de poder.

No están claras sus razones, aunque se sabe que Carlos simpatizaba con los frailes jerónimos, orden a la que pertenecía el convento. Cuando llegó a su nueva residencia, el monarca casi no se podía mover por la gota que padecía. Carlos falleció el 21 de septiembre de 1558 en su cama monástica y enterrado bajo el altar mayor de la iglesia de la abadía.

6. El esplendor del teatro en el siglo XVII

A principios del siglo XVII, el teatro castellano entró en un momento de esplendor jamás visto antes. El llamado siglo de oro español se caracterizó por una excelsa producción de poesía, novela y sobre todo de teatro. Triunfaron tanto la comedia como el drama, no solo en escenarios cortesanos sino también populares, y ello se debió a la profesionalización de las gentes de teatro, a la aparición de lugares específicamente destinados a la representación conocidos como corrales de comedia y a la fecundidad del principal genio del momento, el madrileño Lope de Vega. Uno de esos lugares que vivió dicha eclosión teatral fuel el corral de comedias de Almagro.

Las representaciones que antes se llevaban a cabo en plazas y calles pasaron a realizarse en corrales y en entornos palaciegos. Así las comedias destinadas a los corrales, espacios cada vez más conocidos, solían ser poco complicadas y su organización correspondía a los concejos municipales.

7. Madrid se defiende a sangre y fuego de Napoleón

El primero de los grandes cambios que iba a sufrir Madrid en los siglos XIX y XX vino dado por la discreta pero imparable ocupación de la Península por las tropas de Napoleón en 1808 que, al final, fue respondida con un alzamiento popular el 2 de mayo. 

Una contienda a la que siguieron otras, como los diversos enfrentamientos entre liberales y absolutistas y las luchas contra los independentistas americanos: tres guerras carlistas, guerra de Marruecos, de la Conchinchina y de Santo Domingo, que culmina con la independencia de Cuba y Filipinas, en la que España es derrotada por Estados Unidos

Pero la contienda más cruenta y fratricida fue la llamada de la Independencia, ya que en el Ejército de Bonaparte se encuadraban 25.000 españoles, mientras que en Aragón el mariscal Suchet empleó varios cientos de gendarmes hispanos para luchar contra los insurrectos. Tras la guerra, Fernando VII regreso a España en 1814 y desencadenó una fuerte represión a los afrancesados.

8. Bilbao, de la ferrería al alto horno

A lo largo del siglo XIX y principios del XX, Bilbao vivió una profunda transformación a cuenta de su industria pesada y la explotación de hierro. Uno de los ejemplos máximos de aquella época es el famoso Puente Colgante, que se construyó a finales del XIX para transbordar material y pasajeros de una orilla a otra sin tener que detener el flujo de materias primas como hierro y carbón por la ría de Bilbao.

La existencia de mineral de hierro en los montes de Triano, que rodean la ciudad vasca, y la demanda de ese metal en el Reino Unido fomentaron su exportación a lo largo de varias décadas. Por la ría partían barcos cargados de mineral y regresaban transportando carbón británico.

Con esas dos materias primas y una tradición que venía de siglos y que se remontaba a la época de los romanos y de la Edad Media comenzó a desarrollarse la moderna industria siderúrgica vasca.

9. Nace el conservacionismo de la naturaleza

En septiembre de 1918, en una ceremonia presidida por los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, se inauguró el primer parque nacional de España, primeramente llamado de Covadonga y luego de los Picos de Europa, un paso efectivo en el camino hacia el conservadurismo de la naturaleza en nuestro país. 

España contaba de esta forma con una ley pionera destinada a proteger los paisajes más emblemáticos del país. De hecho, esta normativa estuvo inspirada de alguna manera en el modelo de Yellowstone (Estados Unidos), parque nacional declarado ya en 1872 y primero en el mundo en su género.

El texto de entonces apenas decía mucho más que la ubicación, especificación y extensión del parque, sin embargo, sirvió de referencia para los futuros espacios naturales de España, que cuenta a día de hoy con 16 lugares protegidos.

Picos de Europa arrancó con tan solo 16.925 hectáreas que fueron ampliadas a 64.660 en 1995 y a las 67.127 actuales, desde 2015.

10. El año de los prodigios, 1992

España se internacionaliza a partir de los años 80 del pasado siglo. Primero, el país entra en la OTAN en mayo de 1982 y cuatro años después se convierte en miembro de pleno derecho de la Comunidad Económica Europea. Ya entonces, la dictadura de Franco quedaba muy lejos.

Pero fue en 1992 cuando España se convierte en la capital del mundo y cuando las instituciones se proponen conmemorar el quinto centenario del descubrimiento de América por todo lo alto. Así, el 20 de abril se inauguraba la Exposición Universal de Sevilla, un proyecto que se venía gestando desde hace una década. También se puso en marcha la primera línea de AVE: Madrid-Sevilla.

Durante el verano, además, Barcelona se convirtió en la sede de las Olimpiadas. Durante los años previos a la cita deportiva, la ciudad condal vivió un amplio lavado de imagen con la mejora de las infraestructuras, la construcción de un puerto y una villa olímpicos y la rehabilitación de numerosos edificios.