Aviso a navegantes

Agencias - SPC
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La nación lusa está tomando nota del resultado de las elecciones generales en España, donde los conservadores, al igual que ya sucedió en Lisboa en 2015, no logran los apoyos suficientes para gobernar pese a ser la lista más votada

El primer ministro, el socialista Antonio Costa (D). Luis Montenegro (i), líder del conservador Partido Social Demócrata.

Existe un dicho que reza «cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar». Por eso, Portugal sigue con atención el laberinto político de su compañero en la Península Ibérica. Pese a las importantes diferencias entre ambos países, el caso de España se vive como un «aviso para navegantes», tanto para los socialistas lusos -en el Gobierno- como para los conservadores, titubeantes sobre sus alianzas con la ultraderecha.

La enorme expectación despertada por las elecciones del pasado 23 de julio responde tanto a la vecindad como a los llamativos paralelismos políticos, desde los pactos a la izquierda hasta las relaciones entre derecha y ultraderecha.

El conservador Partido Popular se impuso en los comicios españoles, pero no logró mayoría absoluta con el apoyo del derechista Vox y sus posibilidades de gobernar son prácticamente nulas, mientras que el PSOE avanza en negociaciones de Gobierno con el bloque de izquierda, independentistas y nacionalistas.

«Hay una lectura nacional de los resultados en España que interesa a Portugal», explica el politólogo António Costa Pinto, a pesar de la mayor complejidad de la política española por la presencia de partidos nacionalistas e independentistas que no existen en el país luso.

El mapa electoral español confirma la semejanza de experiencias ibéricas, aunque con matices: Portugal estrenó los pactos de Gobierno a la izquierda, con la llamada geringonça que llevó al poder al socialista António Costa en 2015 -pese a no haber sido el ganador de las elecciones-, y el conservador Partido Social Demócrata (PSD) coquetea con el ultraderechista Chega.

El fantasma de Chega

Tras la experiencia de la geringonça, Costa acabó con su matrimonio de conveniencia con comunistas y Bloque de Izquierda y se lanzó a un adelanto electoral que le dio una inesperada mayoría absoluta en enero de 2022.

Unos resultados que ninguna encuesta proyectó y que el politólogo Costa atribuye al «miedo a Chega del electorado de izquierda» en Portugal, que, como España, estuvo bajo el yugo de la dictadura durante más de 40 años.

«Gracias al fantasma de Chega, António Costa consiguió algo muy difícil, que era la mayoría absoluta», resume el experto, convencido de que el «mismo mensaje ha surtido efecto en los dos países». «Difícilmente los portugueses aceptarían un Gobierno de la derecha más radical».

En la nación lusa, el PSD no ha trazado líneas rojas a Chega, mantienen acuerdos en las Azores y evita responder con contundencia al desafío del ultraderechista, que en su última convención nacional alertó: «O no hay Gobierno, o hay Gobierno con Chega».

Tras las elecciones del pasado domingo en España, el líder socialdemócrata, Luis Montenegro, apostó por un Ejecutivo del «más votado», el PP al frente en alianza con Vox, y se sorprendió por la «rara» celebración de la izquierda española.

«De España soplaron vientos de cambio», lanzó Montenegro, en alusión a un popular refrán portugués: «De España, ni buen viento, ni buen casamiento».

El ultraderechista André Ventura, que celebraba por adelantado un «giro a la derecha» en España que influiría en Portugal, vivió en Madrid junto al líder de Vox, Santiago Abascal, una noche electoral sin el resultado esperado, pero «seguimos juntos y vamos a derrotar el socialismo, más pronto o más tarde», advirtió.

La derecha lusa, opina Costa Pinto, debería tomar nota del castigo a Vox en las urnas -con la pérdida de 19 escaños-. «Montenegro debería sacar una lección de España», concluye.

«La reacción de la derecha moderada a las elecciones españolas revela que no aprendió nada» del varapalo de 2015, escribe en el diario Expresso Miguel Prata, profesor de Derecho de la Universidad de Lisboa.

«De España soplan buenos vientos. Pero no buenos casamientos con quien es enemigo de todo lo que la democracia portuguesa representa», zanja.