La Puebla de Almoradiel en el siglo XVIII

José García Cano*
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La villa pertenecía a la Orden de Santiago y al partido judicial de Ocaña, donde se pagaban además determinados derechos como villa de señorío que era: la alcabala, la renta del aguardiente o la de la carne.

Glorieta de la Virgen del Egido. - Foto: Ayuntamiento de La Puebla de Almoradiel.

Gracias a las respuestas dadas a mediados del siglo XVIII al interrogatorio remitido a nuestros pueblos para preparar el Catastro de Ensenada, podemos conocer cómo se encontraban social, económica y demográficamente la mayor parte de las localidades toledanas. Analizaremos hoy una localidad situada en plena Mancha, es decir, La Puebla de Almoradiel y como se encontraba según las respuestas dadas al interrogatorio citado. En primer lugar, se nos informa que la villa pertenecía a la Orden de Santiago y al partido judicial de Ocaña, donde se pagaban además determinados derechos como villa de señorío que era: la alcabala, la renta del aguardiente o la de la carne. Se contabilizan 2.231 habitantes, de los cuales 1.206 eran solteros, 886 casados y 139 viudos, componiéndose la población de 348 viviendas, más tres inhabitables y 31 solares. Sobre el origen de la población nos cuenta el interrogatorio que en las relaciones enviadas a Felipe II (s. XVI) ya se dijo que el nombre de la localidad provenía de un paraje situado a mil quinientos pasos más o menos hacia donde se pone el sol, conocido como Almoradiel, lugar donde hubo una ermita dedicada a Santa María Magdalena, que fue iglesia parroquial y desde allí se trasladó al pueblo actual. Parece ser que, junto a esa ermita y paraje, hubo un muro que quizá tuvo un origen romano y fuera el origen del nombre de Almuradiel. El nombre de la población aparece ya en una concordia entre las órdenes de San Juan y la de Santiago datada entre 1237 y 1243. Posteriormente en 1327 se forma una aldea cercana a Almoradiel que dependió de Corral de Almaguer, hasta que el maestre de Santiago don Alfonso Méndez le concedió carta de población, otorgando al lugar diversos privilegios, además del fuero de la localidad de Uclés.

En lo que respecta a las profesiones y oficios de la villa, La Puebla de Almoradiel contaba en 1752 con un médico, un cirujano-barbero, un albéitar-herrador, un boticario, un tendero, cuatro arrieros, un cantero, dos albañiles, dos herreros, tres sastres, cuatro zapateros, tres pelaires o cardadores dos carpinteros, veinte jornaleros azadoneros, veinticuatro jornaleros sirvientes y veintitrés pastores sirvientes. Por otro lado, había un cura, dos capellanes, cincuenta y nueve hidalgos -cifra bastante alta comparada con otras villas-, abogado, escribano, veintiún estudiantes, cincuenta y siete artesanos, doscientos treinta labradores, ciento diecisiete jornaleros y setenta y seis criados. Las industrias y negocios principales del lugar en aquella mitad del XVIII eran entre otros, tres telares de paños, dos calderas de fabricar aguardientes "solo para los vinos que se tuercen" y algunos molinos harineros sobre el rio Cigüela (llamados el Cervero, la Torrentera, el Blanquillo, el Nuevo Quemadillo, el Pintado, el Zurrón, Botifuera, el Nuevo de Abajo, la Ortiza y doña Sol) los cuales solían moler ocho meses al año. Se destaca la existencia de cuatro puentes de sillería sobre el rio Gigüela.

El Ayuntamiento poseía las casas del concejo en la plaza pública, la carnicería, la cárcel y el pósito real que se ubicaba sobre ellas. El molino Botifuera también era del concejo. Había un monte cubierto de encinas que se utilizaba para pasto, labor y para hacer carbón que también era un bien concejil. Existía un mesón público, cuyos beneficios eran empleados para sufragar los gastos para las benditas ánimas del purgatorio, ya que la propiedad era de esta cofradía. Se contaba una tienda en la que se vendía principalmente aceite, jabón, pescado y especiería. Como curiosidad el ermitaño que cuidaba de la ermita de Nuestra Señora del Ejido, vivía en una casa donde también se recogían los pobres que llegaban a la localidad.

Escudo de La Puebla de Almoradiel.Escudo de La Puebla de Almoradiel.Su iglesia es descrita en el siglo XVIII como perteneciente a la diócesis de Cuenca y al convento de Uclés (por su dependencia de la Orden de Santiago), desde donde enviaban a los párrocos de la villa. Dicen las respuestas que las antiguas ermitas de La Puebla de Almoradiel que se registran en el siglo XVI eran la de la Madre de Dios -intramuros- fundada por Juan López de Cañizares, otra denominada de Santa María Magdalena, la de la Vera Cruz que se construyó en el siglo XVI y la de Santa María de Palomares. También se cita un humilladero situado en el camino de Quintanar, con altar, crucifijo y algunas imágenes que fue fundado por Francisco Sánchez Roldán, en el último tercio del siglo XVI; desgraciadamente no todas llegaron al siglo XVIII y en el momento de redactar el interrogatorio se registran las siguientes: Santa Lucía, Nuestra Señora del Ejido y La Paloma. La población contaba con un modesto hospital con tres habitaciones, junto a la ermita citada de la Madre de Dios.

En el apartado de hijos ilustres de La Puebla de Almoradiel, encontramos al doctor Jiménez Ortiz, oidor de la Real Chancillería de Granada y alcalde de Casa y Corte con Carlos I. Otro personaje conocido en la época fue Antonio Villaseñor, capitán de galeras que sirvió al rey con trescientos infantes para participar en la jornada de Mostaganem (Argelia) y por último el hermano Palomino, fraile erudito que residió en el convento santiaguista de Uclés y quien destacó por sus estudios sobre la lengua griega.

*José García Cano es académico correspondiente en Consuegra de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.