Castillos de la provincia de Toledo (V)

José Gartcía Cano*
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El castillo Polán se construyó en la primera mitad del siglo XII y por los restos conservados pudo poseer grandes proporciones, aunque con el tiempo quedó reducido a dos partes. El de Montalbán es la fortaleza más impresionante de la provincia

Castillo de San Martín de Montalbán. - Foto: Ví­ctor Ballesteros

En esta quinta entrega comenzamos con el castillo de Polán, ubicado a tan solo 4 km de Guadamur. La antigüedad de Polán la confirman diferentes restos encontrados en su término, como sepulcros y monedas de origen romano. En los Anales Toledanos se indica que ya existía la población en el año 1116, fecha en la cual tuvo lugar un encuentro entre cristianos y almorávides. Su castillo se construyó en la primera mitad del siglo XII y por los restos conservados pudo poseer grandes proporciones, aunque con el tiempo quedó reducido a dos partes; una la que fue su cuerpo central, cuadrado de forma y cuyas cortinas poseen en sus ángulos  y la otra parte una torre aislada más alta, que posiblemente fue la torre del homenaje reforzada por estribos y a la que le falta uno de sus lados, gracias a lo cual podemos observar su escalera y lo que queda de sus cuatro plantas. Algunos autores consideran que quizá nunca fue terminada del todo esta fortaleza debido a los problemas que puso el concejo de Toledo para que no se estableciese en Polán un señorío. Fue don Lope Ortiz de Zúñiga el cual quiso levantar el castillo, cosa que le impidió el Ayuntamiento de Toledo a lo cual él reclamó ante Enrique IV, el cual le obligó a retirarse a Polán con sus mesnadas. El castillo pasó tiempo después a los marqueses de Cerralbo, aunque finalmente fue abandonado hasta que el propio Ayuntamiento de Polán lo adquirió hasta la actualidad.
El castillo de Montalbán se encuentra dentro del término de San Martín de Montalbán, aunque ambas villas efectivamente pertenecen al señorío de dicho nombre. Cabe citar que nos encontramos ante la fortaleza más grande e impresionante de la provincia de Toledo. Pudo tener origen visigodo aunque los árabes lo modificaran tiempo después, ampliándolo convenientemente. Sería el rey Alfonso VII el Emperador quien lo donó a los caballeros templarios, los cuales también lo ampliaron ya en el siglo XII. Pertenecería a esta orden militar hasta el año 1308 fecha en la cual se disolvió por lo cual Fernando IV secuestró los bienes templarios que pasaron a propiedad de la Corona. En algunos documentos se cita este castillo como la encomienda de Santa María de Montalbán, que serviría como centro de formación de los capellanes del Temple. Dependían de esta bailía templaria los castillos de Villalba y Casarrubios, así como los lugares de Cebolla y Yuncos. Alfonso XI lo donó junto a los castillos de Capilla y Burguillos «tres de los más fermosos y fuertes que son en el Regno de Castiella», al conocido Alfonso Fernández Coronel, como aparece en la Crónica del Rey don Pedro. Cuando Fernández Coronel se revela contra el rey don Pedro este castillo pasó a manos de este monarca quien lo cedió a doña Beatriz, su hija natural tenida con doña María de Padilla en 1353. A principios de mayo de ese mismo año dejó don Pedro en este castillo a su amante citada, a cuidado de un hermano bastardo de la susodicha llamado Juan García Villagera, para luego visitarla dejando de lado a su esposa. Otro rey muy vinculado con este castillo es Juan II, quien el 29 de noviembre de 1420, es decir hace casi seiscientos años, llegó a este lugar desde Talavera de la Reina huyendo del infante don Enrique de Aragón. Este castillo fue donado por el rey Juan II junto a los vallisoletanos de Tiedra y Ureña a don Álvaro de Luna, como pago a sus servicios prestados. Cuando el destino malogró la relación con don Álvaro pasaría la fortaleza a manos los Pacheco y posteriormente a sus sucesores los Téllez-Girón y Pacheco, desde 1573 condes de la Puebla de Montalbán, cuyo estado poseía dicen las crónicas hasta siete leguas de perímetro. Se encuentra situado a 4 km al norte de San Martín de Montalbán y su especial ubicación hace que sea visible desde bastante distancia, ubicándose junto al riachuelo Torcón. Se construyó de mampostería menuda, y su parte frontal contenía grandes cortinas almenadas, una torre circular, baja y anca, tres puertas y una poterna. Uno de los puntos más interesantes de este castillo son sus dos grandes torres pentagonales separadas del recinto, las cuales fueron levantadas por alarifes mudéjares o quizá por algún arquitecto venido de oriente por lo original de esta construcción, como apunta algún autor. En su interior puede apreciarse lo que fue su enorme plaza de armas cuadrilonga, con sus tres escaleras y los restos de algunas grandes estancias. Poseyó además grandes adarves que servían para vigilar y controlar toda la comarca hacia el norte, cuya vistas se pierden hacia la zona de la sierra de Gredos. En el año 1931 este castillo fue declarado Monumento Nacional aunque su lento deterioro hace que se convierta en otro de los castillos sobre los que se necesita actuar muy urgentemente ante su estado actual. No deja de sorprendernos el tamaño de su superficie amurallada que llega hasta los 16.500 metros cuadrados, otro de los misterios de este castillo, junto a algunos otros como por qué se levantó en ese lugar tan alejando de principales caminos o vías de acceso, llevándonos a pensar qué o quién pudo protegerse u ocultarse en este interesante enclave toledano. 

*José García Cano es académico correspondiente en Consuegra de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.