Escenas cotidianas

C. M.
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El toledano Daniel Santillana exhibe en 'Ar+51', hasta el 25 de junio, una suerte de recorrido evolutivo relativo a sus bodegones. Composiciones en las que la geometría se alía con su amplio -y habitual- concepto experimental

Escenas cotidianas - Foto: Yolanda Lancha

Ofreciendo al visitante el trazo temporal de sus piezas desde el 86 hasta 2003, Daniel Santillana ha querido exhibir la transformación -contenida- de su forma de hacer plástica y de pensar estética en torno a un género muy apegado al entorno cotidiano. Quizá por ello, y aprovechando lo sencillo y accesible de botellas, copas, limones, botes o manzanas, este toledano alude a una disciplina menos usual en una trayectoria centrada, sobre todo en el campo expositivo, en las contemplaciones -subjetivas y repensadas- de su ciudad y su paisaje urbano.
En esta ocasión, y para salir de las visiones acostumbradas, Santillana hace lo propio reinterpretando bodegones y estampas cotidianas para que el receptor pueda situarse en una dinámica creadora alejada de los efectismos y de los virtuosismos más conservadores que, en sí, se utilizan a modo de lucimiento innecesario. Porque, en este recorrido cercano, el pintor recrea composiciones con la única pretensión de mostrar, de abrir, de oxigenar un género tan versátil como complejo tanto en su concepción como en su ejecución final.
No en vano, y apostando por generar un diálogo natural e improvisado con quien observa, Daniel Santillana opta por reflejarse en obras planas -en el buen sentido-, geométricas pero sin dejar de ser contenedoras de gestos e improntas casi tentadas. Junto a estas huellas dejadas por el autor, aparece la textura matérica en algunos fondos y, claro está, la variedad en algunos de los soportes utilizados. Y de ahí a una temática abierta que a la vez es ubicador de objetos de distinto signo y condición. Porque junto a los botes y la almendra, se contempla un carrito de bebé, una cafetera o un rincón de un patio habitado.
Y es que, si algo puede desprenderse de este ofrecimiento pictórico -explícito y generoso- es la posibilidad de adentrarse en el mundo de un creador que utiliza lo que tiene a su alcance -lo que mira casi a diario, para traducirlo, para tornarlo protagonista de una historia que, en ‘Ar+51’, se muestra tan abierta como interpretable. Siempre es de agradecer este tipo de propuestas, liberadas de cualquier carga prejuiciosa, en tiempos en los que la etiqueta estética parece regir el valor objetivo de la pieza. Aquí, y como si de un cómodo paseo se tratara, Daniel Santillana invita a propios y extraños a relatar sobre escenas por todos reconocidas y, sobre todo, a volver a recuperar espacios, dimensiones, austeridades y disciplinas.