Cristian Escribano, vuelta al ruedo en la Goyesca

Mario Gómez
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Cristian Escribano dió una valiosa vuelta tras una buena actuación - Foto: Plaza 1

Se lidiaron astados de José Luis Pereda de juego variado y muy bien presentados. Francisco José Espada cortó un trofeo y Ángel Sánchez obtuvo saludó


Es una de las fechas más entrañables en el calendario de Las Ventas. Con motivo de la conmemoración del levantamiento en armas del Madrid de Goya contra las tropas francesas, se celebra en el coso venteño un festejo, colorido y variado, donde los actuantes se atavían con ropajes que emulan el estilo goyesco.
Para tal fecha, los carruajes desfilan en el ruedo a modo de aperitivo al festejo taurino, y los aficionados pueden pisar la arena donde más tarde se desarrollará la corrida. De esta forma los alguacilillos retoman su labor de realizar el despeje de plaza, en el más estricto sentido de la palabra.
Un cartel de jóvenes con méritos es el que se anunció para esta edición. Cristian Escribano, Francisco José Espada y Ángel Sánchez para hacer frente a un encierro de José Luis Pereda.
Volvía Cristian Escribano tras su actuación del pasado 9 de septiembre en la tarde de su confirmación. En aquella ocasión, dentro del formato de los desafíos ganaderos, sorteó uno de Saltillo (toro de la ceremonia y al que cortó la oreja) y uno de Valdellán, que pudo redondear la tarde. 
En el primero de la tarde mereció especial mención el toledano Raúl Cervantes, quien dejó dos extraordinarios pares de banderillas, antes de que Escribano comenzase muy torero y por bajo buscando ahormar las embestidas. Después de buscar dar con la tecla por todos los medios posibles, la faena no terminó de levantar vuelos y a pesar de tirarse con rectitud y hacer muy bien la suerte, el acero viajó un tanto desprendido.
El cuarto fue un buen toro al que Cristian supo ver desde el principio. Le ofreció distancia y el animal se arrancó con alegría ante la muleta, lo que permitió ligar tres tandas de suma importancia por el pitón derecho del animal. El tranco que traía el burel, era aprovechado en las arrancadas, que no tenían mucho más de tres envites. Por el lado izquierdo poco tuvo y el animal se vino a menos. Ante tal tesitura, buscó el ceñimiento por manoletinas como remate a la faena; la cual abrochó con un gran espadazo que no hizo todo el efecto que merecía por ejecución y colocación y necesitó la ayuda del descabello para ver rodar al animal, dejando todo en una vuelta al ruedo.