La mano de Salvatierra en la Primada

Juan Nicolau
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Salvatierra restaura los relieves de Berruguete de la silla del arzobispo en el coro central. - Foto: Yolanda Lancha

El 17 de junio de 1789, Mariano Salvatierra es nombrado escultor de la Catedral de Toledo «ateniendo a la buena inteligencia que tiene en materia de escultura»

Al escultor Mariano Salvatierra Serrano, posiblemente, la fama en su ciudad le debió venir en el año de 1776 al ser nombrado escultor de la cofradía de la Elevación de la Cruz y del Cristo de las Aguas.
Para ella tuvo que restaurar varias imágenes, como la de un sayón o un Cristo yacente en el sepulcro. Los pasos de esta cofradía eran los de mayor tamaño de la Semana Santa de la ciudad pero todos perecieron durante la pasada guerra civil, solo nos han llegado sus inventarios que, con algunas viejas fotografías, nos pueden dar una idea de su tamaño y originalidad.
En 1781 por intervención de Eugenio López Durango se hace cargo de la pareja de ángeles mancebos que coronan el nuevo retablo mayor de la colegiata de Talavera de la Reina. Son figuras grandiosas que alzan una corona en sus manos. Las efigies son de madera pero pintadas de blanco para dar un efecto de estar trabajadas en mármol de Carrara.
Entre 1783 y 1785, de nuevo bajo la dirección de Eugenio López Durango, se lleva a cabo la remodelación de la fachada de los Leones de la Catedral, fachada que a lo largo de los siglos tuvo tres importantes restauraciones y de la que un día contaremos detenidamente su trayectoria. Para esta tercera remodelación esculpió Salvatierra cinco imágenes de santos arzobispos toledanos, San Eugenio I, San Ildefonso, San Eugenio III, San Heladio y San Julian y además 11 medallones de medio relieve representado a la Virgen María y 10 personajes bíblicos. Siete años después se completaría su trabajo con la colocación en el tímpano de la imagen de la Asunción de la Virgen a los cielos. La obra ha supuesto severas críticas al escultor por acusarle de haber roto el primitivo conjunto flamenco de la portada. Sin embargo, son deliciosos en este grupo el ángel que a los pies de la Virgen que asciende mira de frente al espectador y tal vez más refinado y bello, aunque sean de difícil visión, otro de los ángeles que besa candorosamente el pie de la imagen.
En 1785 se le encarga la apoteosis de ángeles y nubes que remata el retablo de la capilla de San Pedro de la Catedral. Parece ser que la idea fue acogida con gran entusiasmo por el escultor, y el dibujo de esa gloria fue realizado por el pintor Francisco Bayeu, el autor de la pintura del lienzo que preside el retablo.
 El día 17 de junio de 1789 Salvatierra es nombrado escultor de la catedral, «ateniendo a la buena inteligencia que tiene en materia de escultura». Al mismo tiempo se le señala nuevo estudio y taller en la casa llamada de Peco, propiedad de la catedral.
Hacia 1791 se le pagan por los respaldos tallados «de adorno romano» en las molduras de 11 altares de estaciones. Según nos cuenta Parro el recinto de la catedral estaba invadido de altares que dificultaban extraordinariamente las procesiones, la solución la dio Lorenzana al mandar sustituirlos por otros portátiles que se colocaban solamente el día de la festividad del santo.
Se pagaban también al escultor por la restauración de los tres relieves bíblicos que hay colocados sobre la bovedilla de la silla de ‘Su Emcia’ en el coro central. Relieves que fueron tallados por Alonso Berruguete y sobre los que nadie había sospechado esta restauración.
Seguidamente llevará a cabo uno de sus más hermosos conjuntos escultóricos, las ocho figuras, algo menores que el natural, que realiza para la Capilla General, más conocida como la de Santiago, de la cabecera de la Catedral. Los santos representados son San Francisco de Asís, San Felipe Neri, San Antonio abad, San Nicolás obispo, San Bernardo, San Lorenzo y Santa Bárbara. Las esculturas se realizaron para sustituir a las que fueron retiradas de los pilares del templo por el cardenal Lorenzana.
Finalmente, fue realización suya la hermosa gloria de ángeles con la exaltación de la cruz que rematará el retablo mayor de la sacristía y que tanto se prodigaron en esos años de final del barroco y cuyo diseño corresponde a Ignacio Haan. En ellas aparecen ángeles portando símbolos de la pasión entre nubes y ráfagas de rayos dorados. En algunas el material de las nubes entre las que se mueven los ángeles está trabajado de tal manera que más parece magma que se derrite y lentamente se desliza hacia abajo que masa algodonosa y difusa. Se puede comparar la composición de esta cruz que los .ángeles elevan hacia el cielo en Toledo con la que remata el retablo mayor de la capilla del palacio de Aranjuez, posiblemente la más bella y elegante de las logradas en estos años, realizada por los escultores franceses Roberto y Pedro Michel, tal vez los escultores más interesantes que vendrán a trabajar a las obras reales de la Granja de San Ildefonso.