La caza, a debate

Manuela Lillo
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La caza, a debate

El creciente movimiento animalista y los ataques al sector cinegético, además de la aún pendiente modificación de la ley de Caza regional se someten a la óptica de representantes de Atica, Aproca, el IREC, Ecologistas en Acción, rehaleras y cotos.


La caza está en el punto de mira y sometida a ‘disparos’ desde distintos frentes. La propia ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, se mostró partidaria de prohibir la caza y en Castilla y León un recurso del Partido Animalista Contra el Maltrato Animal (Pacma) ha paralizado la actividad cinégética. Así pues, hay un creciente movimiento animalista, principalmente en las ciudades, que castiga duramente, sobre todo en las redes sociales, la actividad cinegética.  Frente a estos ataques también se han alzado defensores. Vox y el PP se disputan claramente y con intensidad este espacio político y tratan de pescar votos en un caladero revuelto del que tampoco quiere desengancharse el PSOE de Castilla-La Mancha, que insiste en su apoyo al sector aunque no ha sido capaz de sacar adelante una nueva ley de Caza, enquistada tras años de reuniones y desencuentros.
Esto propicia un caldo de cultivo perfecto para la polémica y para el debate más visceral acerca de la caza, desde las distintas perspectivas, lo cual permite configurar una visión global de la misma. La Tribuna ha reunido en una mesa de debate a Juan Caballero, presidente de Atica Castilla-La Mancha; Luis Fernando Villanueva, presidente de Aproca; Venancio Rincón, alcalde de Puebla de Don Rodrigo, que cuenta con uno de los mayores cotos sociales de la región; Rafael Mateo, director del IREC; Ángela Ormeño, rehalera, y José Manuel Hernández, de Ecologistas en Acción, que realizan una radiografía desde distintas ópticas de la caza.  
El choque es evidente entre los partidarios de la caza, principalmente liderados por Atica y Aproca, y el representante del ámbito ecologista, ya que lo que para unos es una actividad fundamental para el medio rural que permite la supervivencia de muchos pueblos, debido a la gran incidencia económica y social que tiene, además de para la gestión de la naturaleza, para el representante de Ecologistas en Acción debe haber «un cambio radical del modelo productivo» que pasa porque se planteen alternativas que sitúen a la caza en el plano del pasado, una actividad que critica duramente.
Asimismo, desde la perspectiva científica del IREC se aboga por una regulación adecuada de la caza gracias a las herramientas que permite ahora la investigación en un ámbito en el que, aunque la presencia de la mujer es minoritaria, también hay mujeres que han crecido con esta actividad y que la defienden como forma de vida presente y futura. En este ‘tablero’ también entran en juego los cotos sociales, que el Gobierno regional pretende potenciar, y se constituye como una fórmula para ‘democratizar’ y extender la caza.
Para Caballero, la principal problemática de la caza es que «hemos tenido un gobierno totalmente partidario de grupos abandonistas, se ha puesto en manos de ellos y le ha hecho un daño importante a la caza», dijo. «Ha habido una evolución a la figura del cazador/gestor», afirmó por su parte Villanueva en referencia a la evolución que ha experimentado la caza en los últimos 30 años y que ha venido de la mano de una mayor profesionalización.
«La especie humana es una especie depredarora desde los inicios y quizás no ejercer ningún tipo de presión sobre el medio sería casi imposible» en la actualidad, afirmó Mateo en relación a la posible afectación que tendría en la naturaleza la prohibición de la caza. Ángela Ormeño no ve ni por asumo ese escenario de prohibición de la actividad cinegética. Ella procede de una familia dedicada a la ganadería, en concreto a las rehalas, un mundo en el que ha crecido con su padre y en el que ahora cría a sus hijos. «No se le debe enseñar a los chicos que los cazadores somos malos, que somos asesinos. Nosotros no maltratamos a nuestros animales, todo lo contrario, eso es de lo que nos tildan y eso no es verdad», defendió con ímpetu para subrayar el gran volumen de personas que ha defendido la caza en manifestaciones.
Su visión no tiene nada que ver con la de José Manuel Hernández. Éste asegura que «la práctica de la caza es una vergüenza» y que además deja imágenes que para él no son una excepción, como la del cazador que apaleó a un zorro o la de galgos colgados. Para el representante de Ecologistas en Acción, el aspecto legislativo para «que la caza entre dentro de una planificación racional, está lejos de ser una realidad», del mismo modo que considera que pone en cuestión que la especie humana actual cuente con el calificativo de ‘Sapiens’. Para Hernández, la caza «no se puede justificar en el siglo XXI» y debe formar parte del paquete de acciones del pasado, de «atavismos» que se tienen que «dejar atrás en el camino» de la evolución. Eso, a su juicio, pasa porque se reconozcan los derechos del medio natural y por un cambio de mentalidad que se traduzca en alternativas distintas al modelo productivo actual.
Para Caballero, las acusaciones sobre las imágenes de maltrato de animales son «totalmente falsas y necesarias para ellos», para los ecologistas, a los que acusó de «vivir de eso» y de ejercer sus críticas en una región y una provincia que vive en gran medida de la caza, del mismo modo que replicó a Hernández que, ante la falta de propuestas concretas de Ecologistas en Acción como alternativas a la caza, se demuestra que «sólo hay una palabra que entienden los grupos ecologistas, que es la de abandonar» el medio rural.
«El 80% de la población de Puebla vive de la caza, de la agricultura, la ganadería y la lucha contra los incendios y el 20% restante de los servicios que ello genera», detalla el regidor de Puebla de Don Rodrigo tras subrayar que el Ayuntamiento tiene la propiedad de unas 25.000 hectáreas de monte público de las que disfrutan y viven los 1.200 habitantes de este municipio.  «Ciudad Real es la reina indiscutible de la caza», subrayó Ángela Ormeño lamentando las trabas que, sin embargo, se les impone.
Por eso, una de las peticiones que comparten los representantes de la actividad cinegética en relación a la ley de Caza de Castilla-La Mancha es una menor burocracia en torno a esta actividad. De hecho, Aproca aboga por «blindar la actividad cinegética» y el IREC por una regulación que tenga en cuenta la biodiversidad y la conservación del medio, mientras que Ecologistas en Acción considera «inaceptable» que se trate de blindar la caza y cree necesario que se atienda a la opinión de toda la sociedad y, sin ningún tipo de ideología, se establezca «una metodología rigurosa» en base a la información científica sobre una actividad que genera quizás posturas «irreconciliables».