Un escudo frente a las enfermedades del corazón

Carmen Ansótegui (Spc)
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La bajada de estrógenos tras la menopausia conlleva que las mujeres pierdan la protección natural 'extra' que tienen frente a las alteraciones del sistema cardiovascular y, por tanto, sean más propensas a ellas

Es más relevante hacer ejercicio moderado que uno de alta intensidad

Las patologías cardiovasculares se perciben como un problema que afecta principalmente a los hombres. Sin embargo, en nuestro país estas enfermedades están detrás de más de 66.000 muertes anuales de mujeres, llegando a ser la primera causa de mortalidad femenina.
Es cierto que la mujer cuenta con una protección hormonal de la que el hombre carece, pero este escudo desaparece con la menopausia, por lo que a partir de esta etapa los problemas cardiovasculares tienen la misma frecuencia en ambos sexos. Sin embargo, el impacto es mayor en ellas porque los efectos son más graves y tienen peor pronóstico, lo que deriva en una mayor tasa de mortalidad. 
Según Nieves Tarín, cardióloga y directora médica del Hospital Universitario de Móstoles, la menopausia hace que haya una mayor probabilidad de padecer ciertos factores de riesgo como sobrepeso, un nivel elevado de colesterol o tensión alta. Así lo explicó durante un taller organizado por la Fundación Española del Corazón en colaboración con Bayer, en el que buscaban concienciar a las mujeres de mediana edad de la importancia de llevar un estilo saludable. 
Por ello, se hace especial hincapié en que a partir de los 50 años hay una necesidad extra de tener unos buenos hábitos de vida, llevando una alimentación equilibrada y practicando ejercicio de forma regular, dos aspectos que pueden llegar a reducir hasta en un 80 por ciento la mortalidad asociada a las enfermedades cardiovasculares. 
María Giner, asesora experta en materia de salud, aconseja que las mujeres comiencen a cuidarse antes de la llegada de la menopausia para preparar el cuerpo y evitar al máximo los riesgos de padecer problemas en el corazón. No obstante, aclara que «no es necesario realizar largas jornadas de ejercicio de alta intensidad, sino que lo importante es comenzar con pequeños hábitos diarios como caminar de manera vigorosa o utilizar las escaleras en lugar de usar el ascensor». 
Se estima que el 71 por ciento de las mujeres mayores de 50 años practican alguna actividad de manera regular, en su mayor parte motivadas por el cuidado de su salud. El problema es que el 29 por ciento restante reconoce que no hace ningún tipo de ejercicio. 
Además del riesgo que sufre este colectivo por la pérdida de estrógenos, también presentan mayores niveles de estrés, carga mental y ansiedad, lo que influye directamente sobre el riesgo cardiovascular. Más de la mitad de ellas asegura haber padecido en alguna ocasión episodios de estrés y/o ansiedad, un porcentaje que se eleva a seis de cada 10 si se reduce la horquilla de edad a mujeres de entre 50 y 65 años. 
Asimismo, casi el 90 por ciento de esta franja de edad considera que su carga mental (responsabilidades, ocupaciones, organización de tareas, etc.) es media o alta. Uno de los efectos de esta situación es el síndrome del corazón roto, también conocido como miocardiopatía por estrés, que es entre siete y nueve veces más probable en mujeres y causa unos síntomas muy similares a los de un infarto, aunque no lo es.

Atención a las evidencias

Una de las patologías de mayor impacto, tanto en hombre como en mujeres, es el infarto. Para mejorar el pronóstico de este accidente cardiovascular es de vital importancia acudir cuanto antes a un hospital y para ello, hay que ser conscientes de los signos de alerta. El problema es que los síntomas no son iguales en los dos sexos. 
Las féminas padecen señales mucho más difusas. El dolor de pecho es mucho más intenso en los varones y, en cambio, aparecen otros poco esclarecedores como mareos, náuseas, vómitos, sudoración fría o cansancio extremo. 
La doctora Tarín alerta además de que «nosotras tardamos más tiempo en buscar ayuda médica, lo que provoca que se diagnostique la enfermedad de manera tardía y tenga peor pronóstico». 
Para paliar el impacto de esta enfermedad en el sexo femenino, es necesario que la mujer entienda que para cuidar, uno mismo ha de cuidarse y esto implica llevar una vida saludable, pero también conocer los riesgos a los que está expuesta y acudir a las revisiones médicas pertinentes así como a consulta siempre que aparezca algún tipo de alteración en la salud.