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Dos guardias civiles y una misma valentía

J.M.
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Antonio Fernández y José Alfonso Juárez pusieron a salvo a una familia en un incendio en Oropesa. Se turnaron una bombona de oxígeno para llegar al domicilio, en la tercera planta

Dos guardias civiles y una misma valentía

Hace 200 años, Pedro Agustín Girón y de las Casas, el primer duque de Ahumada, sembró el nacimiento de la Guardia Civil. Dos décadas después, el 28 de marzo de 1844, un Real Decreto marcó el nacimiento del instituto armado, al mando de Francisco Javier Girón y Ezpeleta, el segundo duque de Ahumada. Probablemente, los agentes Antonio Fernández y José Alfonso Juárez se conozcan de sobra el itinerario histórico de la Benemérita, a cuyo prestigio contribuyeron la semana pasada con una intervención valiente para poner a salvo a los vecinos de un bloque en llamas.

«Asumimos bastante riesgo», detalla a este diario Antonio, el más veterano. Con 16 años como compañeros en Oropesa, patrullaban hacia la 1:30 de la madrugada por el extrarradio del municipio cuando recibieron el aviso de la central. Inmediatamente, se apresuraron a llegar a la calle Las Monjas: se había declarado un incendio, posiblemente originado en un árbol de Navidad.

La pareja de la Guardia Civil preguntó si quedaban vecinos dentro del bloque y se pusieron a llamar a las puertas. Para ello, utilizaron una bombona de oxígeno entregada por los sanitarios de Oropesa; la herramienta a mano para subir más que a pulmón.

Dos guardias civiles y una misma valentíaDos guardias civiles y una misma valentíaAntonio, de 56 años, y José Alfonso, de 47, taparon con una cinta los agujeros propios de la mascarilla y estancaron el respiradero para encarar el abundante humo. Precisamente, en el primero, planta en que se originó el incendio, abrió la puerta un vecino que los agentes creían que se hallaba en Madrid. Primero atendido.

No había tiempo que perder. Y ambos se pusieron de acuerdo para acometer el rescate. El parque del Consorcio provincial de bomberos más cercano queda a 36 kilómetros de Oropesa. Los agentes se turnaron la botella de oxígeno mientras rompían los cristales del rellano de la escalera para ir liberando de humo el portal. Usaron la porra para fracturar las ventanas. «Estaba todo oscuro por el humo. No veíamos nada», recuerda José Alfonso. Y apostilla: «No dio tiempo a pensar. Se hizo intuitivo».

Así, en un proceso que se alargó minutos, alcanzaron la tercera planta, donde un padre aguardaba en casa con dos niños de 9 y 5 años. La familia había esperado el rescate en el balcón, y fueron a la entrada cuando llegaron los agentes.

Antonio y José Alfonso cogieron a los pequeños y bajaron junto con el padre hasta la calle para poner a salvo a la familia. Para el primero, con un bagaje de más de 30 años en la Guardia Civil, quizá sea la actuación más comprometida en el servicio directo al ciudadano. «Tomamos la decisión con arreglo a lo que veíamos», afirma.

Los guardias civiles acabaron con el dolor de cabeza, pectoral e irritación de garganta por el humo y fueron sometidos a revisión médica. «El reconocimiento fue el servicio que hicimos», puntualiza Antonio.