David Campos, la historia de un verso suelto

Mario Gómez
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David Campos, la historia de un verso suelto

El novillero sin picadores de Cedillo del Condado mantiene viva la llama de su toreo de forma atípica. Sin pertenecer a ninguna escuelataurina, Campos recorre su camino buscando expresarse como siente, y reconoce que le gustaría debutar con picadoreS

Cuando a David le suena a diario el despertador, se levanta pensando en el toro, pero al poner los pies en el suelo, aterriza en la realidad. Esa realidad que hace necesario el trabajar para salir adelante, comer, pagar facturas… Esa misma realidad que por suerte se viste de luces algunas tardes al año, y que por desgracia otras solamente puede enfundarse el chándal para soñar embestidas.
David Campos es un torero atípico. No es frecuente, en su historia y en su toreo. Porque en tiempos de redes sociales, genios precoces en múltiples disciplinas, de la inmediatez de la información, del ir con prisa y llegar tarde; es atípica una cocción a fuego lento.
Su afición comienza pronto, su deseo de ser torero, también, pero por diferentes motivos se va retrasando y es cuando a los 16 años torea en una cuadrilla popular su primer becerro en Cedillo, su pueblo.
«Las cosas no llegan ni pronto ni tarde, llegan en su momento adecuado», sentencia. A raíz de ahí comienza su andadura como aficionado práctico de la mano del matador de toros Fernando Cruz. El contacto con los animales bravos y con el entrenamiento hace que David se de cuenta que en su interior «hay algo más».
Una dura preparación y dedicación hacen que David se ponga a punto. Era el requisito fundamental para dar su primer paso en la profesión. De esta manera, en Casarrubios del Monte, a escasos 13kms de su casa, ve a David Campos debutar de luces. «Se pasa demasiado rápido y no se saborea tanto como a uno le gustaría», reconoce al hablar de aquella tarde de «miedos e incertidumbres».
Tras aquella tarde llegó el desierto de no tener nada más por delante, pero con las sensaciones vividas alentando ese querer ser torero, que contaba con el reparo del tema de la edad; que en algunos casos separaba casi una década con los compañeros de cartel. No obstante David lo tenía claro, «hay que seguir luchando» y así ha sido como ha avanzado en la profesión desde aquel debut hasta su último paseíllo el pasado septiembre en Castillo de Bayuela.
Qué tendrá el toreo, el sentirlo dentro, el quererlo expresar. Ha de ser como un ardor interior que solo se mitiga cuando sale, pues a pesar de que solamente han sido ocho las veces que se ha visto anunciado, en las que no ha vuelto la cara a ningún escenario, «la ilusión sigue intacta».
Debe ser complicado que el invierno vaya casi de septiembre a septiembre y el verano sea tan efímero que se resuma en dos tardes, el enlazar una temporada con otra con el hilo conductor de la ilusión y ver como se «progresa paso a paso», y el toreo se afianza dentro de uno.
Esta inusual situación impactó en su casa. «Cuando yo lo cuento en mi familia, hablamos de un hombre con las cosas claras, un trabajo… y que de pronto dice que va a matar una novillada en Casarrubios del Monte, y que se va a preparar para ello». Puede que sea eso, precisamente esa preparación lo que denotase que esto no iba a ser puntual, y que la sorpresa que en un principio se llevó su madre por la noticia, se hubo de tornar en hábito cuando vieron que «cada vez dedicaba más tiempo, más ilusión y que el sacrificio estaba ahí».
Poco a poco, en tardes de entreno, noches de preparación, se va acuñando el #CaracterCampos, ese del que David tira cada vez que se enfunda el chispeante porque como él mismo reconoce «el público no sabe si has hecho campo, o cuántas novilladas llevas toreadas, pero esperan que des la cara y estés a la altura; y eso es lo que intento en la medida de mis posibilidades; evolucionar y expresarme mediante mi toreo».
Quizá sus pasos por otro camino hubieran sido más fáciles, quién sabe; puede que si hubiera dado el paso antes, y al amparo de una Escuela Taurina, hubiera toreado más; pero de nada sirve ya pensar en pasados cuando lo importante es «disfrutar de lo que haces».
Asombra hablar con él. La fortaleza mental y la ilusión que transmite. Sí ilusión por enésima vez en esta entrevista, porque parece que de esto lleva el depósito lleno David, y parece ser combustible de alto rendimiento.
Reconoce no tener planteamiento de temporada «para un novillero sin caballos eso es imposible, lo único en lo que hay que pensar es en torear lo que podamos, siempre que nos respeten». Rehúye del tópico «arte o valor» pues sin el uno no entiende el otro, por lo que se define como torero personal, y pasional; porque alega que hay que concibe el toreo como el fluir de algo que se lleva dentro y que aunque «a veces salga peor y otras mejor, la verdad debe estar ahí».
A su lado en la actualidad camina el matador de toros José Luis de los Reyes, con quien «coincide en muchos puntos» y del que reconoce que le aporta mucho su forma de asumir el toreo y la forma de pensar.
En el horizonte le gustaría dar el paso de debutar con caballos, y ojalá esta misma temporada. Cambiar de escalafón, seguir recorriendo un camino que puede resultar casi extraño para muchos.
Para ello reconoce que «aún faltan algunos requisitos», un par de novilladas que separan a David Campos de seguir andando un camino en el que cada día pone una piedra más para poder seguir caminando.
Mientras llegan esas novilladas, seguirá llamando a ganaderos para obtener algún «no sé» que aporte esperanza entre muchos «noes» a la posibilidad de tentar; mientras tanto, seguirá enfundándose cada mañana el traje de trabajo, un mono en el que los alamares se sustituyen por chorreones de silicona, y con el que la faena no consiste en vaciar embestidas sino en colocar ventanas. Después volverá a la soledad de la plaza  de toros de Cedillo donde entrena, a seguir soñando embestidas e ilusionado con seguir caminando.