El San Ildefonso de Carvajal recibe «constantes» visitantes

A.D.M.
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La pintura, instalada en la Sala del Toisón del Museo de Santa Cruz gracias a la Asociación de Amigos del centro, se podrá contemplar hasta el próximo domingo

El San Ildefonso de Carvajal recibe «constantes» visitantes - Foto: VÁ­ctor Ballesteros

La decisión del Museo de Santa Cruz de exponer durante esta semana, coincidiendo con la celebración de la fiesta del santo patrón de Toledo, la pintura de Luis de Carvajal Imposición de la Casulla a san Ildefonso, está teniendo éxito. Así lo señalaban ayer los propios trabajadores del museo, quienes manifestaron que «fue constante» el número de visitantes interesados expresamente en contemplar esta pintura, expuesta en la denominada «Sala del Toisón» (situada en el extremo sur de su crujía superior). Allí permanecerá hasta el próximo domingo, 26 de enero.
La exposición puntual de esta pintura, adquirida en 2006 por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y mostrada solamente en ocasiones puntuales -la muestra Hispania Gothorum (2006-2007) y cortos periodos de tiempo en los años 2014 y 2016-, es una iniciativa impulsada por la Asociación de Amigos del Museo de Santa Cruz. Desde 2008 permanece adscrita al centro, con la referencia INV DO 2008/43/1.
Imposición de la Casulla a san Ildefonso, cuyas dimensiones son 180x107 cm., es considerada por el museo una pintura de plena madurez del toledano Luis de Carvajal (1556-1607), obra ya de comienzos del siglo XVII. El asunto representado es el milagro más conocido de san Ildefonso, plasmado en pintura y escultura en multitud de conventos y parroquias de la Archidiócesis toledana. Su tratamiento evidencia la gran formación de Carvajal, en cuya carrera se funden la identidad propia de la escuela toledana, la influencia de los grandes pintores que trabajaron para Felipe II en El Escorial, los principios de la Contrarreforma y el gusto manierista imperante en la época, con escorzos atrevidos e inverosímiles posturas, así como su dominio del retrato y del detalle en las naturalezas muertas o los tejidos. 
Una muy ligera referencia arquitectónica parece enmarcar la escena en la que la Virgen María, en posición sedente, con túnica rosa y manto azul, como reina del universo, se inclina sobre san Ildefonso en ademán de imponerle la casulla que está sujetando con la ayuda de dos de los ángeles que la acompañan. San Ildefonso, de riguroso perfil, tiene aspecto de hombre de mediana edad, con una amplia tonsura monacal; viste alba blanca de amplios y estudiados pliegues que dejan ver su pie derecho, estola y manípulo de color granate. Situado en un plano inferior al de la Virgen, dirige su mirada hacia ella, en actitud orante, con las manos juntas. 
La casulla celestial es de color verde, con rico agremán dorado, adornado con pedrería. 
Tras el santo, a la izquierda de la composición, figuran varios ángeles. De los que ayudan a manejar la casulla, uno de ellos mira directamente al espectador en escorzo, mientras que otro señala con su dedo índice al arzobispo; otro, en tercer plano, porta el báculo episcopal y el resto aparecen con ramas de olivo. Sobre la Virgen, realzando su figura celestial, figura un rompimiento de gloria con nubes y pequeñas figuras angélicas.