Illescas rescata el «valor» de la platería toledana del XVII

C.M
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La investigadora toledana impartió una ponencia en la que situó en el lugar que le corresponde a un arte -que «pasa desapercibido»- y que en la ciudad conserva «un enorme patrimonio»

Illescas rescata el «valor» de la platería toledana del XVII - Foto: Yolanda Lancha

Laura Illescas, historiadora del arte, investigadora y doctoranda, especializada en platería barroca, ofreció una ponencia -‘El arte de lo sagrado: aproximaciones a la platería toledana del Seiscientos’- llamada de «revalorizar una rama artística que, hasta el momento, ha sido relegada a una segunda o tercera posición». Por ello, y sabedora de que cuando se habla de arte se piensa «en pintura, arquitectura y escultura», invitó a los fieles al curso ‘Los Lunes al Sol: Toledo y otras historias’ a conocer una disciplina artística que, en Toledo, «conserva un gran patrimonio en plata y en oro» que, sin embargo, pasa desapercibido.
De hecho, evidenció la ponente que «al hablar de platería pensamos en la custodia de Enrique de Arfe y las esferas de los cuatro continentes instaladas en la Sacristía de la Catedral» cuando «en Toledo hay piezas de gran valor, algunas de origen italiano», como las creadas por Virgilio Faneli. Este artista centró parte de la conferencia de Laura Illescas porque, no en vano, es el artífice del trono de la Virgen del Sagrario de la Catedral, su obra cumbre, del trono de la Virgen de la Esperanza de la Iglesia de San Cipriano, y del trono de la Virgen del Rosario que está desaparecido».
Por ser el tema de su tesis, esta investigadora toledana aprovechó la escasez de análisis realizados en torno a estas piezas y, sobre todo, el privilegio de que «en mi ciudad se conservan muchas de estas obras en el lugar para el que fueron pensadas y cumpliendo su función». Se debe, claro está, porque en la ciudad «había muchos templos, conventos y monasterios y la Catedral era la Primada de España» que, por ello, «tenía unos recursos económicos no comparables con el resto de catedrales, sólo con Sevilla». Recordó Laura Illescas que «los plateros trabajan principalmente para conventos, cofradías, parroquias y catedrales».
Esta serie de circunstancias propició la protección de este patrimonio que, en el aspecto más didáctico, «nos sirve como instrumento en el que se materializan los dictámenes del Concilio de Trento, es un manifiesto más de la espiritualidad del siglo XVII» que no sólo se puede contemplarse en pintura, arquitectura y escultura, «también en las piezas de platería que reflejan la mentalidad y las tradiciones de la sociedad, incluso la economía y la política de ese momento». Prueba de ello, aseguró, «es la escultura en plata de San Fernando que se custodia en la Catedral de Toledo».
Centrada, su mirada e investigación, en la platería sacra, de carácter sagrado vinculada al ámbito religioso, explicó cómo, por ejemplo, la concepción de los tronos de la Virgen tratan de hacer frente «a las ideas de la reforma protestante vinculadas al rechazo a la Virgen María». Estas «respuestas por parte de la Iglesia Católica» denotaron que en ese tiempo se llevaron a cabo «muchísimas empresas artísticas destinadas a su veneración y culto». Piezas, «conservadas en el ámbito conventual» tanto en los templos como, por ejemplo, en los conventos tal y como ocurre en «los bronces de las Capuchinas».
Sobre la consideración de la platería como arte menor, esta especialista lo relacionó con la clasificación de las mismas -del siglo XIX- y con la «utilidad que continúan teniendo», a lo que se suma que «no se suelen exhibirse en los grandes museos».