La novela apócrifa de la reina del misterio

F. J. Rodríguez / Toledo
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Una visita de incógnito a Madrid y Toledo de Agatha Christie en octubre de 1967 despertó todo tipo de rumores en la prensa de la época. Se pensó que la capital castellana iba a ser el escenario de una de sus próximas novelas

La novela apócrifa de la reina del misterio - Foto: Hulton Archive

Reina del misterio. Dama del crimen. Maestra del asesinato. La escritora Agatha Mary Clarissa Miller (1890-1976), más conocida por todos como Agatha Christie, ha recibido muchos apelativos por su faceta literaria y todos son merecidos, ya que, muchos años después, sus novelas siguen cautivando a generaciones de lectores.
Hoy, 12 de enero, se cumplen exactamente 54 años de su muerte. La novela negra se quedó huérfana en 1976, pero su legado sigue muy vivo. En total, más de 150 cuentos, 23 obras de teatro y 66 novelas conforman el grueso de la producción artística de la reina del misterio, a la que la literatura universal debe la creación de personajes tan míticos como Miss Marple, la pareja formada por Tommy y Tuppence Beresford o el infalible detective Hércules Poirot.
Agatha Chistie fue una mujer atípica en su tiempo. Autodidacta, creativa y viajera. Aglutinaba una mentalidad y una forma de vivir avanzada a su época que contrastaba con su imagen de señora apacible, sus anteojos y su rancio corte de pelo inglés.
Ese espíritu rebelde e innovador la llevó a practicar el surf cuando la costura era el único hobby aceptable para una dama británica. Detalles todos ellos de una personalidad a la que desde siempre le apasionaron los temas sórdidos (creía en el esoterismo y pensaba que su madre era una psíquica con percepción extrasensorial) y que quizás por eso terminó haciendo de lo macabro su mejor oficio.
Vivió en Francia, Egipto, Bagdad y hasta en las Islas Canarias durante un breve periodo de tiempo, un espíritu viajero del que no se libró Toledo. 
El 24 de octubre de 1967 la escritora inglesa aterrizó en Barajas de pretendido incógnito. Acompañada por su segundo marido, el arqueólogo especializado en Oriente Medio Max Mallowan, la dama del crimen logró pasar desapercibida en Madrid durante 48 horas.
Tras descubrir su presencia, la prensa se abalanzó sobre ella en busca de la exclusiva, y los plumillas españoles pudieron certificar su mal humor inglés. 
Las páginas de los diarios de la época se llenaron de especulaciones sobre los motivos que habían traído a la mismísima Agatha Christie hasta España. 
Diario de Burgos fue uno de los primeros rotativos en alertar de su presencia en el país, con un breve comentario en su edición del 26 de octubre de 1967. La calificaban como una «turista», ya que ella afirmaba estar en España de incógnito. Además, reconocía que no hablaría con la prensa, emplazando al periodista a una entrevista formal cuando viniera en visita oficial.
«Doña Agatha anda preocupada con ambientar es España una novela de gitanos y empieza por infravalorar a todos los españoles hasta que no se demuestre lo contrario», recogía por su parte un día después, el 27 de octubre de 1967, la edición madrileña del diario ABC, aportando así un pista sobre los motivos de la singular presencia de la anciana reina del crimen.
La noticia duró un día, ya que el 28 de octubre la propia escritora negaba en las páginas de La Vanguardia su intención de ambientar en España su próxima novela. «Desmiento de la manera más categórica que piense escribir una novela policíaca ambientada en España. Jamás escribí un libro que tuviese como fondo el país visitado como turista. No hay ninguna razón que justifique, en el caso de España, la excepción de esta norma que he mantenido y mantendré a rajatabla», espetó a un redactor de la agencia Cifra momentos antes de subirse a un avión, para terminar afirmando que «en España lo he pasado muy bien y no estoy dispuesta a que sirva de fondo de esa literatura ‘negra’ que me ha dado el éxito que logré siempre».
La cosa parecía ya clara. Agatha Christie había venido a conocer el país con su marido, y no a ambientarse en busca de ideas para su próximo gran éxito de ventas. O quizás no. La dama del misterio podría estar jugando al despiste.
El domingo 29 de octubre de 1967, un día después de abandonar Madrid con destino a Gran Bretaña, ABC publicó una extensa entrevista con Agatha Christie obra del redactor de la agencia de noticias Hispania Press José María Moreiro. Fue realizada en una sala de espera del aeropuerto de Barajas y como improvisadas intérpretes actuaron un grupo de azafatas. 
Entre otras cosas, la reina del crimen se mostraba muy disgustada con el trato que le dispensó la prensa. «Un periodista se atrevió a entrar en mis habitaciones mientras me vestía», denunció Agatha Christie sobre la agresividad de los cazadores de noticias de la época, que la tildaron además de «leona y tigresa», algo que dolió mucho a la escritora, ya que en su opinión, «eso no se hace ni por despecho, y mucho menos a una dama».
Agatha Christie manifestó en su única entrevista oficial que había pasado cuatro días en España y que el motivo de su visita era «descansar, y no escribir», reiterando que no estaba escribiendo nada basado en el país. «Ha sido una visita de carácter privado y no profesional», sentenció al respecto.
Con todo, en uno de esos cuatro días de estancia en España, Agatha Chistie y su marido se habían acercado a conocer Toledo. La ciudad del Tajo le pareció a la reina del misterio un lugar «maravilloso», en el que no la importaría vivir. Una de las ciudades que mejor recuerdo había dejado en ella y que, además, contaba con «el admirable tesoro pictórico del Greco, por mi tan admirado».
El paso de Agatha Christie por España quedó ahí, pero de igual forma que al principio dijo que no concedería entrevista y finalmente sí concedió una, el run run de si había dicho la verdad sobre sus motivos viajeros perduró mucho tiempo.
Tal fue así que el 2 de diciembre de 1967, la edición nacional del diario El Alcázar abría una página con un sorprendente titular: «Agatha Christie, ‘Asesinato en Toledo’», precedido de un esclarecedor antetítulo: «Las vacaciones en España la han inspirado».
El texto, firmado por Juan Caño desde Londres, venía a señalar escuetamente que a los 76 años la escritora trabajaba simultáneamente en dos libros, uno era una autobiografía que no vería la luz hasta su muerte, y el otro era una novela que tendría como intriga «un asesinato especialmente complicado que ocurre en España». El periodista añadía que la obra tendrá «ambiente toledano» y que tardará en escribirse «unos cuatro meses».
‘Asesinato en Toledo’ parecía ser el título de la futura novela, enunciado muy en consonancia con los nombres de otras novelas de la autora británica.
La idea parece que caló en España, y muchos esperaron esos cuatro meses pautados para poder hincar el diente a ‘Asesinato en Toledo’.
Todo fue inútil. Una mera intriga injustificada, ya que finalmente Agatha Christie no ambientó ninguna de sus obras en la capital de Castilla-La Mancha, quedando ‘Asesinato en Toledo’ como un título apócrifo en su carrera.
Cuatro días después de saltar la noticia en El Alcázar se publicó ‘Noche Eterna’, una novela muy rara para Agatha Christie, ya que fue escrita en primera persona, algo inusual en ella.
‘Noche Eterna’ no estaba ambientada en Toledo, pero si en un lugar llamado ‘Campo gitano’, una bella mansión de la campiña inglesa sobre la que pesa una terrible maldición. Parece que, al fin al cabo, de gitanos sí que iba el tema.
Con todo, ‘Noche Eterna’ estaba ya en imprenta cuando la autora viajó hasta Toledo, por lo que ser ciertas sus intenciones de ambientar una novela en la ciudad había que esperar aún un tiempo.
Finalmente, en 1968 la prolífica novelista sacó ‘El cuadro’, pero de nuevo la temática no tenía nada de castellano-manchega.
La obra trata de la locura de una anciana que vive en un asilo, unos delirios que terminan haciéndose realidad a la vez que la mujer desparece. Nada toledano en el ambiente.
Con todo, durante unos meses, los amantes del misterio fantasearon con la posibilidad de leer las andanzas de Hércules Poirot por el Cristo de la Luz o Alfileritos, investigando un crimen en el claustro de San Juan de los Reyes o el envenenamiento de un canónigo de la Catedral. Mil posibilidades de ambientación de una ciudad también mágica y misteriosa que, por qué no, seguro que dejó una profunda huella en la maestra por antonomasia del homicidio.