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El eterno caos

Diego Izco (SPC)
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La imagen del lateral izquierdo de Comoras haciendo de portero en octavos de final del trofeo, una más en la descacharrante colección de historias de una competición con tendencia al surrealismo

El defensor Chaker Alhadhur jugó el encuentro contra Camerún como guardameta ante las bajas de sus compañeros. - Foto: Reuters

Cuando el Mundial de 2010 bajó a tierras africanas, porque la FIFA llevaba años queriendo hacerle un guiño al 'continente negro', se buscó el país más 'europeo' posible para celebrarlo: Sudáfrica. De un modo sutil, los jefes del gran fútbol de élites parecían decir: 'Sí, queremos un Mundial africano… pero lo menos africano posible'. ¿El objetivo? Evitar el eterno caos que es la Copa de África desde su primera edición, disputada en 1957 (tres años antes que la primera Eurocopa). En principio cada dos años. O no. O cada tres (del 59 se pasó al 62, por ejemplo). O cada uno (62 y 63). O cada cuatro (2005 y 2009)…

El torneo es impredecible en sus formas y en su fondo, un guiño a la espontaneidad que siempre sorprende al fútbol del norte, más organizado y profesionalizado, donde apenas se dejan huecos a la improvisación. La Copa de África sorprende casi cada jornada por esa naturalidad amateur a pesar de que el 73 por ciento de los futbolistas que la disputan en la presente edición juegan como profesionales en Europa.

La última imagen para la colección de historias casi surrealistas se produjo en octavos, en el duelo que enfrentó a Camerún (el anfitrión) con Islas Comoras, la selección 132ª del mundo en el 'ranking' FIFA. Su portero titular se lesionó en pleno torneo y los otros dos guardametas dieron positivo por COVID en un control realizado cinco días antes del choque. 

En la víspera, uno de ellos (Ali Ahamada, sin club desde hace un año tras abandonar un equipo de Segunda noruego) dio negativo, pero las normas sanitarias camerunenses cambiaron increíblemente sobre la marcha: no podría jugar. Así que el lateral izquierdo del equipo, Chaker Alhadur, al que pusieron el número '3' con esparadrapo sobre una camiseta de portero, se colocó entre los palos. A pesar de la resistencia (y de una dudosa expulsión del capitán visitante en el minuto 6), Camerún ganó por 2-1 en medio del esperpento. Uno más. Tradición histórica en un continente donde ir al fútbol sigue siendo una fiesta de color y pasión.

Solo en esta edición, ahondando en ese caos eterno e indescifrable, los estadios han estado medio vacíos porque el aforo máximo permitido es del 60 por ciento, salvo si juega Camerún, que se ampliará al 80. ¿Razones lógicas? Ninguna, claro (para acceder al estadio hace falta un certificado de vacunación en un país en el que la pauta completa no alcanza al 2 por ciento de la población). Además, de este torneo de 2022 se irá a los libros la actuación del colegiado zambiano Janny Sikazwe, que pitó dos finales de partido en el Túnez-Mali… y no acertó en ninguno: uno sin cumplirse el minuto 90, el otro sin que terminase el tiempo añadido.

Ese permanente desconcierto afecta al desarrollo del juego y a su lógica (grandes favoritos cayendo por el camino), otorgando emoción a cada encuentro de cada edición: así como el Mundial ha tenido solo ocho campeones distintos en 22 ediciones, la Copa África ha coronado a 16 países distintos en 31 torneos. Solo en las últimas cinco finales ha habido ocho selecciones diferentes… y ha habido cinco ganadores distintos.

La mayor sorpresa fue la de Zambia en 2012, que alcanzó la final y superó a la poderosa Costa de Marfil de Didier Drogba. Sin estrellas, de la mano de un mito en África (el francés Hervé Renard), ganó el título 19 años después de aquella tragedia que sacudió el continente entero: el avión de la selección de Zambia, que acudía a Senegal para jugar un partido, se hundió en el Atlántico. Solo el capitán de aquel equipo, hoy presidente de la federación de su país, Kalusha Bwalya, se salvó del accidente.

Cuerpos pintados de arriba abajo, vuvuzelas, tambores autóctonos, danzas tribales… una maravillosa confusión se apodera de los estadios en el torneo más anárquico del planeta. Aunque la llegada de técnicos europeos ha dotado de más sentido táctico a la mayoría de selecciones, raro es el día sin una anécdota que rara vez podría suceder en otro lado. Allá donde un equipo semiprofesional puede eliminar a una figura planetaria, donde las normas cambian al capricho del organizador o donde los partidos pueden durar 87 minutos (sacaron al técnico de Mali de la conferencia de prensa para disputar lo que quedaba de encuentro)… 

ARCHIVADO EN: África, FIFA, Eurocopa, COVID-19