«He hecho de la igualdad mi forma de vida»

I.G. Villota
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Carmen Fernández Fernández, presidenta de honor de la asociación ‘María de Padilla’. - Foto: Yolanda Lancha

Cofundadora de la asociación de mujeres 'María de Padilla' en 1987 y comprometida feminista, Carmen Fernández recibe el título de Hija Predilecta de Toledo.

«Si sientes que te robaron el pasado, no dejes que te roben el futuro». Con esta frase esperanzadora, y demoledora a la vez, atiende la llamada de La Tribuna Carmen Fernández. La cofundadora de la asociación de mujeres ‘María de Padilla’ y presidenta de honor de la entidad recibe hoy el título de Hija Predilecta de Toledo. Es un reconocimiento a su labor de más de 30 años como defensora de los derechos de la mujer, como luchadora por la igualdad y como bastón sobre el que se han apoyado muchas mujeres víctimas de violencia de género de la ciudad. Demasiadas. 
Está «orgullosa» del reconocimiento por lo que representa. «Esto visualiza el papel y el trabajo de la mujer, de las mujeres, y creo que no es casualidad que me lo entreguen con la primera alcaldesa de Toledo, una comprometida feminista, y con una Corporación con más mujeres que hombres. Las mujeres tienen otra visión y esa visión tiene que estar presente», enfatiza. 
En una conversación telefónica, días antes de los Premios San Ildefonso, Fernández reconoce estar nerviosa y emocionada. Tiene un recuerdo muy especial. Es para Mari Carmen Calvo Cirujano, ‘Pizqui’, su compañera de batallas en los inicios de ‘María de Padilla’, y fallecida hace unos años. «En el 1986 conocí a ‘Pizqui’. Ella quería montar una asociación de mujeres. Un año después la creamos y empezamos por aprender qué derechos teníamos, por tomar conciencia y por transmitírselo a otras», rememora. 
la mayor desigualdad. Tras unos ilusionantes y complicados inicios, en los años 90 se percataron de la dura realidad: «la mayor desigualdad era y es la violencia de género. Cuando seamos iguales de verdad habrá acabado esta forma de terrorismo, porque no es otra cosa que terrorismo. Uno no maltrata al igual», subraya. 
Carmen siempre ha estado comprometida con esto, desde pequeña, cuando en su casa y en las casas del vecindario, veía las diferencias entre los chicos y las chicas de la casa. «Desde niña he visto la desigualdad, desde lo que estaba normalizado, desde lo cotidiano. Luego te casas, tienes hijos y te das cuenta de que hay que cambiarlo», apunta. 
Después el proceso consiste en formación, en conocer los derechos, y en interiorizar el mensaje. «Yo he interiorizado la igualdad. He hecho de la igualdad mi forma de vida y por eso estoy tan feliz de recibir este premio». 
En este sentido, lanza un mensaje a aquellos que critican el feminismo. «Los hombres tienen que darse cuenta de que la igualdad no es quitarles derechos a ellos, ni quitar nada a nadie, sino ser iguales, en tiempo y en palabras, que nuestro tiempo y nuestra palabra valga lo mismo que la suya. Va a costar porque son muchos años funcionando de una manera, pero por suerte cada vez hay más hombres de nuestro lado», destaca. 
Pero Carmen está especialmente preocupada por las jóvenes. Detecta cierta involución y se sorprende de que aún siga calando el mensaje del amor romántico. «Ellos parece que cuanto peor se comportan, mejor. Y ellas piensan que pueden cambiar a esos chicos. No es verdad. Nadie cambia a nadie», alerta. 
Por eso cree que uno de los papeles más importantes de ‘María de Padilla’ se escenifica en las charlas que ofrecen en colegios e institutos, pero tiene que ir más allá, quizá con asignaturas en las aulas. También realizan las terapias con mujeres víctimas de violencia machista y tienen un papel activista en la calle. «Intentan que perdamos derechos y no. Los derechos que se ganan se ejercen. Hay que ejercer los derechos y no dejar que nadie nos los quite», sentencia. 
Carmen recuerda el periodo 2011-2015 como uno de los más complicados para la igualdad. «Fue funesto. Nos quedamos sin la subvención de un año y sin local, pero hemos seguido dando servicio y al lado de las mujeres en el centro cívico de Palomarejos», señala, aunque reconoce que el retroceso se notó. «Me hizo reflexionar sobre lo rápido que se pierden los derechos y en lo mucho que cuesta alcanzarlos». 
Por eso vive el actual momento político con incertidumbre. «Ahora hay otra amenaza respecto a los derechos de la mujer, pero yo siempre lanzo el mismo mensaje: El miedo paraliza y cuando una se paraliza no avanza. Yo me resisto a tener miedo. No queda otra que seguir luchando con palabras».