«Me gustaría que se normalizasen las historias de amor»

C.M
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«Me gustaría que se normalizasen las historias de amor»

CONVERSANDO con Lorca, con sus versos, encarnado en la figura cantarina y onírica de una mujer que podría ser la misma personificación de su poesía, Clara Montes, los secretos de Ramírez de Lucas y Lorca se van desvelando, hoy y mañana, en el Rojas

Juan Ramírez de Lucas, interpretado por Antonio Campos, quien fue el último amor de Federico García Lorca, su amado Juan, ‘el rubio de Albacete’. Esta «bonita historia de amor» ha sido rescatada por un albaceteño que se siente satisfecho con la adaptación dramática de ‘Los amores oscuros’. Montaje que hoy, a las 20,00 horas, vuelve a subirse a las tablas del Rojas con la intención de «relatar una historia de amor» lamentablemente acaecida en una de época de la que «nadie guarda buen recuerdo».
El momento, desde luego y por desgracia, es propicio.
Sí, por desgracia y sorprendentemente seguimos con una España completamente dividida, que todavía bebe de los resquemores de hace muchos años. Parece que somos un pueblo condenado a no entendernos,  un pueblo cainita al que le interesa verter odio sobre el que está al lado. Hay un sentimiento que supuestamente se había solventado en la Transición, pero ahora aparece y se recrudece cada día más. Este es un espectáculo situado en una de las épocas más asquerosas, por eso hemos creído necesario verter más amor sobre algo pasado, porque lo que está ocurriendo no ayuda a que esta sociedad siga avanzando.
Resulta reconfortante.
El espectáculo lo consigue, hay personas que salen llorando por lo ocurrido o por la historia truncada, hay espectadores que salen tocados con sentimientos de culpa. Hay público de todo tipo y sentimientos muy profundos. La música y la voz de Clara a Montes y los temas de Federico Lorca generan ese ambiente, y la historia es bastante fuerte como para no emocionar. Propone un poco de cordura dentro de un horroroso capítulo de la historia, invita a reflexionar sobre la locura de matar a un poeta, de truncar la vida de las personas, de generar bandos y odios.
¿Qué le gustaría que quedase en quien contempla esta obra?
Muchas cosas, me gustaría que se normalizasen las historias de amor, que recordásemos nuestro pasado sin rabia, sin odio, con la reflexión de hechos cometidos que no fueron los mejores de nuestra historia. Hemos querido contar una historia que relate la verdad, que ponga cada cosa en su sitio, que de alguna manera nos reconcilie con una época de la que no todo el mundo guarda un buen recuerdo. Bueno, creo que nadie guardia un buen recuerdo, es un poco reconciliarnos con la historia.
En el libro -homónimo de  Manuel Francisco Reina- hay capítulas en los que se hace mucha leña sobre las atrocidades cometidas, destila mucha rabia, pero en esta adaptación pensé en que estos sentimiento deberían estar superados. Me interesaba la historia que se vivió y cómo porque hay que pasar página, y darnos cuenta -mediante una reflexión sin culpables- de que no se puede repetir. Cada uno tiene su propia historia y nosotros no queremos entrar en esto, exponemos lo que ocurrió para que cada uno tenga su propia opinión sobre lo acontecido. No queríamos atacar a un bando o exprimir la rabia y el odio, bastante se ha vertido en esos años.
¿Se siente satisfecho con el resultado logrado?
Mucho, me siento muy satisfecho, creo que a nivel estético es preciosa, el vestuario, la escenografía, las luces. Mira, nos ocurrió una anécdota durante un ensayo con una señora de la limpieza que contempló la obra y, al acabar, se acercó y me dijo algo que me encantó, que se había dado cuenta que la poesía es tangible.
¿Lo es?
Este es un espectáculo poético fiel al espíritu de Federico García Lorca, se puede tocar y sentir. Creo que cuando eso ocurre se produce el efecto catártico, que es para lo que se hizo el teatro, para mí es una satisfacción porque siempre se intenta lograr ese efecto y a veces no llega. Creo que lo hemos conseguido.
¿Por qué esta recuperación?
Esta obra rescata a un personaje de Albacete, que se llama  Juan Ramírez de Lucas, lo que como albaceteños nos llamó en un principio la atención, pero sobre todo por el vínculo que se establece con Lorca. Ser un albaceteño y escuchar los sonetos del ‘Amor oscuro’ y leer aquello de «aquel rubio de Albacete...» nos intrigaba mucho.
Ese ‘Amor oscuro’ de unos meses antes de que Federico fuera asesinado en 1935, inéditos durante 50 años en manuscritos escritos sobre servilletas muchos de ellos, llama mucho la atención. Nos encontramos con una historia que no podía quedarse en el cajón y que debía ser contada. No sólo por la parte probablemente morbosa de que un albaceteño fue el último amor de Federico García Lorca, sino por todos los acontecimientos que ocurrieron alrededor.
¿Cómo ha visionado esa historia de amor ‘oscura’?
‘Los amores oscuros’ no deja de ser el relato de una historia de amor distinta, en un época que a todos los españoles nos toca de manera personal. Y eso hemos pretendido, contar una historia de amor de alguien que nos toca mucho como es Lorca en unas circunstancias muy especiales como fueron las que ocurrieron, su separación forzosa por el asesinato de nuestro poeta. Por ello nos pusimos a indagar para realizar la dramaturgia del texto original y surgió esta preciosa historia teatral.
¿Qué fue lo más difícil?
Probablemente lo más difícil fue quedarse con los capítulos que iban a la historia porque el material es extenso. Empezamos a estructurarlo bebiendo del lenguaje poético de Lorca, a partir de ahí surgieron los personajes y la necesidad de hacer presente la figura de Lorca, un personaje que no era fácil porque interviene en las escenas más complicadas, de amor.
¿Por qué esas escenas fueron las más complicadas?
Siendo decir que, en principio, nos preocupaba mucho todo lo que eran las relaciones sexuales y amorosas entre los personajes, claramente homosexuales. Al final nos relajamos al centrar una historia de amor y ya está, encontramos el punto ideal para ello porque se haría de igual manera que si fuera una escena con una mujer.
Parece mentira.
Sí, es verdad. Esa fue la escena que más se tardó en montar, el desnudo masculino en escena. Lorca tenía que aparecer sin duda alguna en los relatos, en ocasiones susurrando al oído como si quisiera que esta historia se supiera. De hecho termina con la rúbrica de Lorca como afirmando que era cierta, tal y como se ha demostrado.
¿Ha sentido vértigo ante la puesta en marcha de esta propuesta?
No, pero porque yo soy un descabezado. Es un punto de inconsciencia, una vez que tengo claro el proyecto lo hago, eso sí, si no tengo claro lo que quiero contar y cómo lo quiero, no lo hago. Necesito todo un proceso previo, por eso yo hago las adaptaciones y suelo escribir las partes que unen las escenas, necesito un previo y estar muy seguro de lo que voy a contar.

 Está bien no tener ‘miedo’.
Es un placer, me gusta, no suelo tener miedo una vez que entro en el proceso. Es cierto que medio de ese proceso pueden aparecer miles de dudas, pero si veo que algo no funciona, lo reconozco, echo para atrás y vuelvo. Además tengo la suerte de acompañarme de buenos actores, en ese sentido los ensayos son esenciales, es como un folio en blanco sobre el que puedo borrar si veo que algo no me gusta o no funciona.