«La Tierra ya ha dicho hasta aquí puedo llegar»

M. G.
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Meteorólogo y autor del blog Divulgameteo

«La Tierra ya ha dicho hasta aquí puedo llegar» - Foto: David Pérez

Quizá a José Miguel Viñas no le haga falta mirar hacia arriba para saber si vienen nubes, la experiencia es lo que tiene. Es físico del aire, comunicador científico, experto en Meteorología y consultor de Organización Meteorológica Mundial (OMM). También conoce bien la boina de Madrid porque hace un par de años participó en un proyecto para aportar soluciones a la elevada contaminación atmosférica de la capital de España y un año más tarde se fue a la Antártida.
Esta semana ha estado en Toledo para ofrecer la charla ‘Nubes al óleo’, para enseñar un poco de meteorología a través de las obras de grandes pintores. En su visita se advierte que es de esas personas que no paran porque aprovechó para acercarse también al Observatorio Geofísico de Toledo y llevarse un pedacito de su historia.

En su blog hay un espacio reservado para la meteorología ligada al arte, donde a través de las pinturas se aprende mucho de lo que ocurría en cada momento. Imagino que las tormentas tienen mucho arte, ¿no?
Sí. Es uno de los fenómenos de la naturaleza que más han influido en la pintura porque son impresionantes y bellas. Hay muchos ejemplos de artistas y de pintores que han plasmado tormentas en los cuadros. Por ejemplo, un caso estudiado es el de Goya, ya que en muchos de sus cuadros de su primera etapa, en la que retrata escenas alegres, juegos y bailes, la nube de telón de fondo siempre suele ser blanca, de tormenta. Hay que tener en cuenta que Goya pintaba en Madrid y solía hacerlo, como todos los artistas, en primavera porque el tiempo se lo permite y veía claramente crecer al fondo las tormentas en la sierra de Guadarrama o en los Montes de Toledo.

¿Qué se aprende en el terreno de la meteorología a través de la pintura?
Los cuadros, analizados desde este punto de vista, arrojan mucha información tanto meteorológica como climática. Un artista, en un momento dado, puede tratar un fenómeno que ha observado, nubes, un día muy ventoso y lo refleja, así que se puede saber que lo que pinta el artista ocurrió porque la mayoría de las obras están datadas. Hay casos de pintores que han descrito con sus pinturas una gran inundación, por ejemplo. Se sabe que ocurrió por otros documentos históricos y el cuadro viene a notificar lo mismo.
Además, también se puede encontrar información climática en los cuadros. En este caso, no hay que analizar un único cuadro como una unidad, sino un conjunto de cuadros y darle un sentido de por qué en una época determinada aparece un cierto motivo, como el frío, por ejemplo. En este sentido, ha habido estudios que han determinado relaciones muy claras. Cuando hay una época muy fría durante varios años o décadas tiene un reflejo inmediato en la pintura y aparecen muchos más cuadros con motivos invernales.
Ha publicado recientemente el libro ‘Conocer la meteorología’, un diccionario con más de 2.000 palabras... ¿Lo hace porque la ciudadanía no entiende mucho sobre el tiempo?
Se ha dado un salto y ahora mismo los espacios de tiempo en televisión no son únicamente informativos e informan del pronóstico del tiempo para el día siguiente, se han convertido en espacios divulgativos y se dedica cada vez más tiempo a contar por qué  pasa o no pasa esto o lo otro con el tiempo y se suele documentar con fotos y con datos. Por eso, creo que la cultura meteorológica es mejor que la que había hace años.
Es verdad que hay cosas de la meteorología más popular y tradicional que se van perdiendo y el sentido del diccionario busca agrupar toda la terminología técnica que utilizamos los profesionales en distintos medios explicada de manera sencilla para que se conozca lo que es un frente, una borrasca, una ciclogénesis explosiva, una dana, el vórtice polar y todo lo relacionado con el cambio climático. Por otro lado, también he intentado meter términos y palabras de ese lenguaje más de andar por casa que lleva usándose muchos siglos y que casi han ido desapareciendo o se mantienen en zonas geográficas más pequeñas. Creo que estas palabras tienen una riqueza muy importante y había que plasmarlas en el libro.

Un ejemplo de alguna de esas expresiones curiosas...
Hay muchas. Chuzos de punta, por ejemplo. Explico que se trata de un chubasco fuerte, un chaparrón, también cuento el origen de chuzo, una palabra que hace referencia a una especie de pincho que llevaban antiguamente los serenos y antes incluso la guardia suiza del Vaticano, una especie de arma, una especie de pica. Al parecer, el origen de chuzo viene de suizo y es una deformación fonética de la palabra. Cuando hay una lluvia fuerte puedes llegar a ver pequeñas agujas o rayitas cayendo, así que se asoció esa expresión con la manera de caer la lluvia.

Me llama mucho la atención la capacidad que tienen los insectos, como las hormigas, de saber por adelantado que lloverá al día siguiente cuando el día está soleado... Nos llevan mucho ganado en este sentido.
Sí. Hay personas que son más meteorosensibles y detectan antes que otras un cambio en las condiciones ambientales, pero es verdad que cuanto más pequeño sea un ser vivo más elevada es su sensibilidad a los cambios de humedad. Un pequeño insecto detecta ese 1 o 2% de cambio de humedad en sus alas y cambia la conducta. Se ponen nerviosos o incluso se organizan, como las hormigas, y sacan arena del hormiguero para resguardarse.

2019 cerrará la peor década de crisis climática. ¿Cómo se toma esta situación?
A mí no me sorprende porque ya las proyecciones climáticas apuntaban que iba a empezar a ocurrir. La diferencia de ahora con hace veinte o treinta años es que cualquier persona, con independencia de que se haya leído los informes del IPCC o de los científicos, está detectando cambios muy importantes en el comportamiento atmosférico. Lo que antes era algo excepcional, como una tormenta fuerte, una inundación o una sequía, se observa que está aumentando de frecuencia y tiene más intensidad. También observamos que la temperatura va subiendo, que los inviernos son menos fríos que antes y el verano se está alargando.
Estos cambios se detectan aquí y en cualquier lugar del mundo porque se trata de un fenómeno global. No es fácil frenar ya esa inercia en el clima, pero hay que intentarlo. Sabemos que nosotros hemos ido provocando en parte este comportamiento con nuestras actividades y nuestras emisiones de efecto invernadero y lo que se reclama en esa Cumbre del Clima que se está celebrando en Madrid es que los países, de alguna manera, tomen medidas y lo hagan rápido. Pero es lo que se lleva pidiendo desde hace veinte y treinta años y vemos que cuesta mucho cambiar muchas cosas de nuestro estilo de vida.

Uno de esos retos y compromisos es acabar el siglo sin que La Tierra aumente su temperatura más de un grado y medio. ¿Es viable conseguirlo?
El problema que está poniendo la comunidad científica encima de la mesa ahora mismo es que ese objetivo, que sería el deseable, se da prácticamente por imposible. Hay proyecciones actualizadas que hablan que en año 2030, en una década, ya alcancemos ese umbral. Incluso ha salido publicado antes de que empezara la Cumbre del Clima que si todos los países que han firmado el Acuerdo de París se comprometieran y llevaran desde ya las acciones que se establecieron, la temperatura al final de siglo estaría en torno a tres grados más por encima de los valores preindustriales.  
Sin embargo, el cambio climático está evolucionando tan rápido que la magnitud que está teniendo el calentamiento global está muy por encima de lo que se pensaba hace cinco o seis años. Estamos arrastrándonos por detrás de la evolución real del clima, así que lo hay que hacer es muy urgente y debe ser más ambicioso de lo que se propuso en París en 2014.

Es cierto que se necesita un compromiso claro de los países, pero también hay muchas otras cosas que cambiar porque hay falta de leyes, ausencia de sanciones  y otras muchas deficiencias que derivan en incumplimientos constantes.
Totalmente. Esta percepción la tiene la mayor parte de la gente. El problema está en que en el mundo hay distintas realidades socioeconómicas y un país como China no tiene nada que ver con España, con uno del norte de Europa o uno africano, así que es muy complicado conseguir que toda la comunidad internacional en su conjunto camine en la misma dirección y por este motivo no se consiguen muchos avances. Cuando un país puede permitirse el lujo de decrecer, de no seguir contaminando tanto y cambiar su manera de conseguir energía hay otros países, en cambio, que están muy por detrás del desarrollo tecnológico y aún les queda un margen para continuar creciendo.
Además, tenemos metida la idea de que la manera de crecer es única y no sabemos desarrollarnos de otra manera diferente a la de no tener ningún tipo de control en los recursos naturales. El problema principal es que La Tierra está diciendo ya que hasta aquí puede llegar y no puede seguir soportando este crecimiento que nosotros no somos capaces de frenar.
También hay que tener en cuenta que el sector energético tampoco ha contribuido a la sostenibilidad y transformar todo esto en poco tiempo y al ritmo que se está demandando es muy complicado. Imagino también que se irán tomando algún tipo de medidas y soluciones, pero es muy complicado.

Somos conscientes de que el cambio climático es perjudicial, pero incluso hay estudios que van más allá y aseguran que este problema está afectando también a los embarazos y se están acortando los periodos de gestación incluso.
Hay muchos estudios ya sobre el impacto en la salud, ya no tanto por el cambio climático sino por el ambiente que hay en las ciudades ligado a la contaminación atmosférica. Se detectan muchos más casos de asma en población infantil y más alergias en población adulta y están claramente vinculadas al aire que respiramos. Es verdad que el ambiente que había en una ciudad en los años 70 era peor porque muchas calefacciones eran de carbón, pero ahora el volumen de coches y de elementos que sueltan partículas al aire es muchísimo mayor.
De hecho, el principal problema que genera el tráfico rodado no es derivado de la contaminación de los gases que pueden emitir, que sería una contribución al efecto invernadero, sino de las pequeñas partículas de menos de una micra, las más diminutas, que no tenemos capacidad de capturar a través de nuestro sistema respiratorio y se cuelan directamente al flujo sanguíneo a través de los alveolos pulmonares. Ahora los estudios están volcados en este tema porque muchas de estas micropartículas pueden estar detrás de muchos casos de aumento de cánceres y de otras enfermedades.

Se puede llegar a predecir cómo será el comportamiento meteorológico de 2020. ¿Tendremos un año muy seco, más lluvioso, más caluroso?
No tenemos aún capacidad para hacer pronósticos anuales con detalle, como mucho alguno estacional para saber cómo se comportará en grosso modo la siguiente estación en cuanto a temperaturas y lluvia. Pero pensando en el marco climático en el que estamos nada invita a pensar que 2020 no sea un año igual o más cálido que ha sido 2019 a escala global.
En principio, la forma en la que se produzcan las lluvias intensas o los periodos de sequía tenderán a incrementarse porque nos encontramos en esa dinámica desde hace algún tiempo. Sería raro que viniera un año fresco a nivel global salvo que entren en escena algunos factores naturales que escapan a los pronósticos y contribuyen a contrarrestar el calentamiento global.