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50 dosis de buen humor para malos tiempos

J.M.
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Quique Jiménez publica un diario del encierro del estado de alarma con las ilustraciones de tres arquitectos. Cada píldora podía alcanzar el millar de lecturas en la bitácora de los cuatro

50 dosis de buen humor para malos tiempos - Foto: David Pérez

El recurso de la figura retórica del oxímoron enciende la atención del lector. Quizá por eso Quique Jiménez y su equipo de ilustradores (Antonio Esteban, Benjamín Juan y Jesús Gómez-Escalonilla’) decieran titular ‘Diario alegre de un encierro triste’ al relato del primero sobre los 50 días de encierro vividos en España al comienzo de la pandemia por la Covid-19. «Hablábamos de lo cotidiano con un tono desenfadado», comentaba ayer a este diario Quique, horas antes de la presentación en el Centro Cultural San Marcos. Porque aquellas semanas de desasosiego generaron también descubrimientos como la diferencia entre la ropa blanca y la de color, como bromea el autor.

Quique difundió los textos aquellos días en la bitácora ‘Hombredepalo.com’, publicación virtual en la que colaboran los cuatro autores de ‘Diario alegre de un encierro triste’. Pero quedaba el sinsabor de que el trastorno colectivo y sus consecuencias quedaran evaporados con el devenir del tiempo. Por ello, se decidieron a la edición en papel de esta mezcla de «buen humor y alegría» con la incorporación de las ilustraciones de los tres arquitectos.

«Es el primer día. Parece uno de esos de resaca, posteriores a una noche de gran fiesta, donde la bebida ha sido mucha y el descanso poco. No he quedado con nadie. No tengo ningún plan previo. Solo sentarme a planificar este encierro obligado; pensar en la cantidad de cosas que puedo hacer y que, seguramente, no haré», reflexionaba Quique el 15 de marzo. Efectivamente, el primer día después de la declaración del estado de alarma en España. Con una dosis diaria de escritura, este jubilado de la Obra Social de CCM e hijo de la fotógrafa Tere Silva ‘Vasil’ entretuvo a la audiencia hasta el 5 de mayo; un público entusiasta por las más de 1.000 visitas que recibía cada píldora.

«Es un libro para guardar. La memoria es muy frágil. Dentro de unos años olvidaremos que, por primera vez, pasamos la Semana Santa en casa», señala Quique, custodio también del llamado Archivo Vasil de fotografía.

«Cada mañana, me miro al espejo (no me sobresalto porque ya estoy acostumbrado a verme) y digo: ¡Menudas greñas! Tendría que cortarme ya el pelo, pero no puedo salir; además, para qué si las peluquerías están cerradas. A grandes males, grandes remedios», escribe el autor, como ejemplo del tono de esta obra publicada por la editorial ‘Ledoria’.

«He aprendido el significado de confinamiento, distancia social, ropa de color, suavizante, pico, desescalada y, por fin, nueva normalidad», apuntaba en el texto final del diario. El 5 de mayo de 2020. Le quedaban todavía por aprender ‘vacunódromo’ o ‘ARN mensajero’.