Un poeta para recitar una mayor obra

Mario Gómez
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Álvaro Lorenzo buscando el toreo de mano baja en el segundo de la tarde. - Foto: Plaza 1

Ginés Marín sortea un gran lote y la negativa presidencial le priva de salir por la Puerta Grande. El toledano Álvaro Lorenzo cumplimentó con su tercer paseíllo y cosechó dos silencios

Se arremolinaban los curiosos en el patio de arrastre para ver el fugaz paso del emérito monarca camino de la meseta de toriles. El ambiente, que rozó el lleno, era de los de las tardes de mejor ambiente del serial. No era para menos. Castella, Lorenzo y Ginés Marín para dar cuenta de un encierro de Garcigrande/Domingo Hernández. ¿Qué podría salir mal?
Pues la primera en la frente. A las 12 de la mañana solamente se enchiqueraban cinco animales de los anunciados, un remiendo de Buenavista abriría la tarde.
Castella llegó al filo del comienzo y lidió al primero de forma breve. Escaso de recorrido, tenía el zambombo negro salpicado de Buenavista que remendaba el envío salmantino. Tranqueando pasaba hasta que el francés se cansó de tirar de él entre las protestas del público. No fue fácil tampoco el cuarto. Mal picado, cumplimentó con el protocolario brindis al rey antes de ponerse delante de un animal que no terminaba de definirse y que al primer extraño que hizo se vio sentenciado. Abandonó la suerte clamorosamente Castella para dejar media estocada en forma de bajonazo y saldar su tarde, de escaso compromiso, quedándole aún la Corrida de la Prensa para saldar su ciclo.
El que ya ha cumplimentado su San Isidro 2019 es Álvaro Lorenzo. El toledano hacía el tercero de sus paseíllos ante la ganadería que le correspondió en el ya lejano ‘bombo’. Parecía que sería a la tercera cuando pudiera mostrar ese toreo que encandiló al público venteño allá por el Domingo de Resurrección del pasado año, pero nada más lejos de la realidad. Un buen saludo capotero con verónicas de mucha expresividad ante su primero, un brindis al rey y la búsqueda del trazo de mano baja a derechas. Un enganchón dinamitó la mejor de las tandas y una faena que comenzaba a tomar vuelo. Fue aminorando la transmisión el toro y un nuevo enganchón dinamitó la faena. Pinchazo, aviso y estocada, fue la previa a un silencio.
‘Fuerte’ hizo de quinto. Un largo colorado de 603 kilos en el que se depositaban todas las esperanzas de un ayuno San Isidro. Comenzó derribando al caballo montado por Fco. Javier Sánchez, entre las protestas y el desorden en el ruedo. El segundo puyazo fue al relance. Las embestidas en la muleta eran colocando la cara y soltando puntazos buscando las telas.  Embestidas poco uniformes y faena sin posibilidad de continuidad. En la próxima habrá de ser.
En tercer lugar saltó un bonito colorado ojo de perdiz. 518kg daban forma a su bella estampa. “Poeta” en los papeles y rapsoda resultó en el ruedo. Tras un jaleado saludo quitó por chicuelinas Marín. Respondió capote a la espalda Castella, antes que el extremeño lo llevase largo por bajo. Distancia = Emoción. Las ideas claras, el “pronto y en la mano” parecía la receta de una faena que iba a más con un toro que daba argumentos para pensar en las más altas cotas. El silencio imperante antes del inicio de cada tanda, denotaba el interés y la emoción de lo que sucedía en el ruedo. Largos los de pecho en tandas, que a medida que avanzaba la faena el trazo del muletazo tendía al toreo en redondo. Cerró con ayudados por bajo, una trincherilla y un trincherazo antes de que una estocada entera pusiera en su mano una oreja de este gran toro.
Con la puerta entre abierta recibió gratamente al 6º. Nada del otro mundo, pero un animal con posibilidades para redondear la tarde y salir en hombros. El mando de Ginés quiso ser la receta del éxito para un toreo alegre, de pies juntos por momentos, y abandonado y enfrontilado en otros. Ofreciendo las femorales muy cruzado. Para algunos aún no era suficiente. Dio el pecho, tragó por momentos y calentó como si de una traca final se tratase con las bernadinas que sustituyeron los olés anteriores al toreo bueno, por el ¡uy! agitado de los corazones en un puño. Un pinchazo arriba y una estocada hasta la empuñadura, fueron los argumentos de unos y otros para no pedir y pedir el trofeo respectivamente. Ganó el no. Quien se vio amparado en el criterio de un presidente que debe no conocer un reglamento que marca que la primera oreja se concede en caso de petición mayoritaria del público. Hubo petición, pero no acatamiento del reglamento.