Un 'Dragón' con muchas lecturas

Germán Dueñas Beraiz
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Un cañón de a 12 libras que tuvo una azarosa vida que conocemos en parte gracias a las huellas que cada uno de esos momentos dejó sobre su superficie

Un “Dragón” con muchas lecturas

Las armas en general y la artillería en particular están fabricadas con un fin muy concreto: poder ser utilizadas en un conflicto armado. Existen por supuesto otras que tienen otras finalidades principales, como las armas de lujo, conmemorativas, simbólicas, etc., cuya faceta guerrera es menor, o en algunos casos nula. En muchas ocasiones las armas en su discurrir a lo largo de la historia son protagonistas de diversos acontecimientos y vicisitudes que las acaban convirtiendo en auténticos libros de historia. Variando o adquiriendo esos valores iniciales. Estos episodios son a veces largos y fecundos, pero pasan muchas veces desapercibidos, ya que resultan difíciles de rastrear y seguir, al menos en toda su extensión. En algunas ocasiones contamos con la inmensa suerte de que algunos de esos episodios son reflejados de alguna forma en las propias armas, permitiéndonos conocer mejor el pasado de la pieza y de los propios capítulos de la historia en los que se vió envuelta.

La pieza que aquí traemos a colación es uno de los mejores ejemplos de armas protagonistas de la historia que nos la narran de primera mano. El cañón de a 12 libras de nombre “Dragón” fue fundido en la Maestranza de Artillería de Sevilla el 26 de febrero de 1790, tal y como reza en la faja alta de la culata del cañón, como una más de las piezas de ordenanza destinados a servir en la Real Artillería. Es una pieza de campaña que responde al sistema Griveaubal, y fue fundida utilizando cobres de México, pesando 2.100 libras (952 kgr.) y midiendo 2, 27 metros. Pronto comenzó a destacar entre el resto de cañones por figurar en relevantes momentos de la historia. Fue probado en 1791 por el Rey Carlos IV, cuyo escudo como el resto de artillería ostenta en el primer cuerpo, en Aranjuez junto con otros dieciséis cañones de igual calibre, consiguiendo ser el primero con el que hizo blanco el monarca. Este hecho quedó reflejado en su tubo con un texto en su tercer cuerpo, así como con otra expresión poética alusiva al citado hecho EL REY ME APUNTO/ YO LE OBEDECI/ Y EN EL BLANCO DI/ SEGUN ME MANDO.

Posteriormente fue capturado, como gran parte de la artillería española, en la Maestranza de Madrid por las tropas napoleónicas. Al final de la Guerra de Independencia, y como trofeo de guerra formaba parte del convoy con el que Jose I se retiraba de su reino en 1813, cuando fue interceptado por las tropas angloespañolas en la batalla de Vitoria. Siendo encontrado y recuperado por algunos jóvenes vitorianos en las cercanías de la ciudad poco tiempo después de la batalla.

La pieza como el resto de los tesoros capturados al hermano de Napoleón fueron regalados al Duque de Wellington. La ciudad de Vitoria, a través del General Alava, realizó gestiones ante el Duque para que la citada pieza quedará depositada en la capital alavesa, cosa que sucedió. Fue el momento en que este nuevo episodio quedó reflejado en su superficie por las autoridades vitorianas. Un texto, también en verso, y un escudo, el de Vitoria, ambos embutidos en plata, hoy en parte perdida, aluden a este nuevo hecho. SOY EL TERRIBLE DRAGON/ A QUIENES LIBRARON CON GLORIA/ LOS JOVENES DE VITORIA/ DEL PODER DE NAPOLEON. EL 21 DE JUNIO DE 1813.

Los siguientes años fue utilizado con fines lúdicos, siendo disparado en en fiestas señaladas, para posteriormente volver a servir militarmente, esta vez sirviendo con los Voluntarios Realistas de Vitoria. Hasta que en 1833 fue trasladada a Oñate con la intención de ser utilizada en la Primera Guerra Carlista, como parte de la primera batería de artillería de la que dispusieron los partidarios de Don Carlos. Localizada y capturada por las tropas cristinas fue trasladada al Parque de Artillería de Santoña. Su historia y las huellas de la misma reflejadas en su tubo hicieron que llamasen la atención de los oficiales artilleros de la localidad cántabra, y tras informar a la dirección del Museo de Artillería y gestionar su traslado, fue llevada al Museo del cuerpo en 1852 para ingresar como parte de la historia viva de nuestro pais, tras servir a cinco reyes.