«Nos sería imposible atender un rebrote»

C.S.Rubio
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Hace dos meses La Tribuna recogía el testimonio de sanitarios en la primera línea de batalla contra el Covid. La imagen que mostraban era desoladora. Hoy esta foto es diferente, la 'nueva normalidad' parece llegar a la Sanidad con algunos 'peros'

«Nos sería imposible atender un rebrote» - Foto: Luis López Araico

Hace dos meses y medio, La Tribuna recogía el testimonio de varios sanitarios en la primera línea de batalla contra el Covid-19. Los hospitales de la región eran auténticos campos de batalla en esos días, donde la premisa era salvar todas las vidas posibles. Sus palabras de entonces mostraban una imagen bien distinta a la oficial: centros sanitarios colapsados, falta de equipos de protección… «Nos mandan a la guerra con una mascarilla para todo el día», nos contaban. Hoy, esta foto fija es diferente, la ‘nueva normalidad’ parece estar llegando también a la Sanidad. Ahora, dicen, toca asimilar todo lo vivido esos días.
Es el caso de Andrés, sanitario del Hospital de Guadalajara que nos atendía bajo un nombre ficticio por temor a represalias, el otro gran ‘virus’ que circulaba esos días en las salas de descanso de los sanitarios. Frases como «cuidado con los que dices», o lo dicho, o grabado en vídeo, «puede ser usado en nuestra contra cuando todo esto pase», eran también habituales esas últimas semanas de marzo.
Su voz ya no está rota como entonces, pero la zozobra sigue ahí. «A muchos compañeros aún les cuesta hablar del tema, se echan a llorar», explica. «Hemos trabajado al límite de nuestras capacidades y ese estrés ahora nos está pasando factura». Por no hablar de la «tensión acumulada» por no poder llegar a todo, «que empieza también a salir». «Hay gente se va a quedar tocada», asegura.
Sensaciones a la que se une el hecho de empezar a ser realmente conscientes del riesgo al que han estado expuestos. «Estábamos pendientes de sacar a la gente adelante, olvidando muchas veces el peligro al que nos exponíamos nosotros ante la falta de material básico de protección», los ahora tristemente famosos EPIs. «Hay mucho cabreo con este tema, había unos protocolos, unas medidas para no infectarnos, y las vimos todas por el suelo, dejaron de existir en cuestión de días», denuncia Andrés.
Hoy la situación es otra. Si bien «no es para tirar cohetes», sí que «se está haciendo acopio de material». O, al menos, «eso es lo que se nos está diciendo desde la dirección». Y es que, otra de las secuelas de esta crisis sanitaria es la desconfianza que genera el sistema. Como ironiza Andrés, «también nos decían eso en los peores días», cuando «trabajamos muchas veces gracias a los equipos de protección que nos donaba la gente».
No obstante, «ahora mismo sería imposible atender un rebrote», advierte. Por eso, «cuando vemos pasar a la gente de fase, actuar como si todo hubiera pasado, no podemos evitar sentir miedo».
«Cuando veo a la gente salir a la calle sin mascarillas, sin guardar la distancia de seguridad… lo que se me viene a la cabeza es la imagen de que, en cualquier momento, todo va a volver a empezar», insiste.
«Como la enfermedad no es visible, como no se te cae la cara cuando la tienes, la gente se olvida rápido de todo lo que hemos pasado, salvo que te haya tocado de cerca», «¡Pero si hay algunos que están diciendo que todo esto es un complot y que no pasa nada!», se lamenta Andrés.
Con todo, es consciente de que «se ha notado el bajón de contagios». «A fecha de la semana pasada solo teníamos 6 ingresos por Covid, ya no hay ni mucho menos el caos que había a finales de marzo», nos explica. Es más, «vamos retomando la actividad en los quirófanos, sobre todo para los casos urgentes, están entrando ingresos por patologías que no son Covid, también han vuelto algunas consultas externas presenciales, pero con una distancia abismal entre pacientes, de entre 20 y 30 minutos, y poco a poco se vuelve a hacer rehabilitación, pero con muchas restricciones».
Además, «se nos está haciendo una serología a toda la gerencia, no tenemos datos de cómo va, pero sí que se la van a hacer a todo el personal», algo que, sin duda, tranquiliza. Más aún cuando hace ahora dos meses y medio el mismo Andrés nos confirmaba que «nos hacían trabajar hasta que teníamos fiebre alta». «Ya no servían indicios como diarreas, perdida del olfato o pérdida de la sensibilidad cutánea, tenías que tener un mínimo de 38 de fiebre para irte a casa».
En cuanto a los ‘aplausos’ recibidos desde los estamentos políticos, Andrés lo tiene claro: «la sanidad no se paga, se gana». Por eso no pide nada, excepto que le devuelvan lo que los recortes les arrebataron de golpe en 2012: el derecho a la carrera profesional, que incluía un incremento de su sueldo en función de sus méritos y años de servicio, y los compañeros perdidos.
«Se nos cortó nuestro derecho a la carrera profesional y todavía no lo hemos recuperado». «Por no hablar de que la plantilla sigue estando muy por debajo de lo que debería estar», recalca. A su juicio, en las condiciones anteriores a los ‘recortes’ «habríamos llegado en otras condiciones» a la batalla contra el coronavirus. Unas palabras estas últimas que, sin duda, obligan a todos a la reflexión.
Y como ocurrió en marzo, el testimonio de Marta, sanitaria del Hospital de Albacete y también bajo nombre ficticio, no difiere mucho del de Andrés. «La situación es totalmente distinta, afortunadamente, lo peor ya ha pasado», nos comenta.
«Y las caras de los compañeros también son otras», añade esbozando una tímida sonrisa. Atrás ha quedado aquel sentimiento de «caérsete el alma a los pies» cuando « los veías luchando a pie da cama, con la cara deformada del cansancio y con heridas en la nariz de llevar la mascarilla y las gafas de protección puestas desde hace 12 horas, 24 en el caso de algunos residentes», de la que nos hablaba hace poco más de dos meses.
Pero, al momento, el recuerdo de los peores momentos retorna y nos advierte: «no podemos bajar la guardia, si la bajamos la vamos a liar». Como reconoce, «los compañeros de las plantas Covid están muy tocados». Y «hay bastante miedo».
El Covid también ha cambiado la manera de trabajar en los hospitales. Marta está en Pediatría y ahora cuando llegue el otoño y las bronquiolitis, «tendremos que trabajar con el EPI puesto todo el día».
«Va a ser un invierno fastidiado, el protocolo es el de trabajar como si fueran todos positivos hasta que tengamos el resultado de la prueba, así que nos vamos a pasar todo el día enfundados», nos avanza.
Parecida es la situación en el resto de las plantas. Como explica, «no se puede ingresar a nadie sin confirmar si son positivos o no». «Se les hace un test rápido en sangre y la PCR y, hasta que se confirma si es o no, la protección es completa, no podemos bajar la guardia».
Lo que sí parece que ha cambiado es el panorama de falta de EPIs. Si Marta hace dos meses denunciaba aberraciones como que le daban «una mascarilla quirúrgica para toda la semana», ahora reconoce que «se está haciendo acopio de material». «El despacho de nuestra supervisora parece un almacén». Aunque, eso sí, «material nuevo hay poco, se esta reutilizando casi todo». «Muchos de los materiales no se deberían reutilizar, pero viendo como hemos estado, ahora no nos falta material de ningún tipo».
Como Andrés, Marta pide al Gobierno regional que se comprometa con ellos en la recuperación de la carrera profesional. «Recibir aplausos está bien, pero la manera de reconocer el trabajo de los sanitarios es que nos devuelvan los derechos que nos quitaron», básicamente la anteriormente citada ‘carrera profesional’. Y es que, «no estamos pidiendo nada, estamos hablando de un derecho que nos quitó Cospedal y todavía no se nos ha devuelto».
Desde otro ámbito, el de los sanitarios que trabajan en el servicio de ambulancias, la situación también parece que ha mejorado bastante, al menos en lo sanitario, porque en lo laboral la cosa no hace nada más que empeorar, según nos cuenta Pablo, trabajador de Urgencias de la zona de Puertollano y que, como el resto, prefiere el anonimato.
Y es que, según advierte, las cosas están incluso peor que antes. «Aquí en Ciudad Real han despedido a un compañero, dicen que es un despido disciplinario, pero le han echado por pedir más EPIs». Y la empresa que tiene la concesión «lleva desde febrero sin pagarnos la subida prevista en el convenio», «ya nos deben unos 800 euros por trabajador». Además, a la mayoría «siguen sin hacernos las PCR».
En este panorama, lo único bueno es «que se han rebajado los contagios». «Está todo más relajado, volvemos a la media de salidas de antes de la pandemia», asegura. Una buena noticia teniendo en cuenta que precisamente su zona ha sido una de las más afectadas por el virus. «De momento- afirma- parece que no hay rebrote».
El tema de la falta de EPIs es algo que indigna a Pablo. «Seguimos sin estar protegidos, nos dieron hace 20 días un buzo y una mascarilla y ya», advierte. Buzos que, explica, «son de un solo uso». «Si hemos podido tener algo más de material ha sido gracias a los vecinos de Puertollano y del resto de la zona, que nos han ido trayendo equipos para que podemos ir tirando».
Su demanda de cara al día después, es que se les reconozca como sanitarios «en primera línea» y que «nos devuelvan todos los recortes y todos los despidos que sufrimos en 2011 y 2102». Años en los que su sector perdió «entre un 12 y un 18 por ciento de su sueldo». «Hemos sufrido más que el resto porque, a diferencia de otros sanitarios, nuestro servicio está externalizado».
En este sentido, Pablo le lanza un mensaje a la Junta: «que los millones que van a venir ahora de Europa se usen para recuperar los servicios públicos externalizados, que para eso son». Se verá.