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La talaverana Clara Olmos, primer premio de Educación Social

Lola Morán Fdez.
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Su Trabajo Final de Grado 'Refugiadas Climáticas' aborda el vacío en torno a quienes abandonan sus lugares de origen debido a causas climáticas

La talaverana Clara Olmos, primer premio de Educación Social

La talaverana Clara Olmos Martín, titulada en Educación Social por la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) ha sido reconocida por el Colegio Profesional de Educadoras y Educadores Sociales de Castilla la Mancha con el primer premio por su Trabajo Final de Grado ‘Refugiadas Climáticas. Un reto desde la Educación Social’. 

Como explicó a La Tribuna Olmos, la elección de este tema surgió con la publicación elaborada en colaboración con Jossiel García Urbina y Natalia Hipólito Ruiz, presentada al VIIICongreso de Educación Social donde exponían de manera breve la problemática que centra ahora este Trabajo Final de Grado.

Dicho trabajo, según indicó Olmos, se divide en una primera parte protagonizada por una investigación más teórica que trata de enlazar la temática de la problemática de las personas refugiadas climáticas con la Educación Social, algo inusual puesto que hasta ahora no se ha hecho, sino que este tema ha sido abordado sobre todo desde el Derecho Internacional y desde las Ciencias Naturales. Por ello, Olmos se propuso establecer esta conexión, para lo cual comenzó investigando sobre el cambio climático, algo que «se sabe hace ya tiempo que ha sido creado y acelerado por la actividad humana».

La talaverana Clara Olmos, primer premio de Educación SocialLa talaverana Clara Olmos, primer premio de Educación SocialSin embargo, Olmos quiere plasmar que si bien «al final somos creadores y aceleradores» de este cambio climático, «también tenemos la palanca de cambios para poder revertirlo un poco».

Como explicó, este cambio climático está propiciando «que muchas personas tengan que salir de sus zonas de origen porque se están convirtiendo en inhabitables». Estas personas, añade Olmos, «se encuentran que no hay instrumentos internacionales que protejan sus vidas porque en el Estatuto del refugiado no aparece el cambio climático como un motivo más de huida o desplazamiento forzoso», como pueden ser otros como por la guerra, una persecución por raza o género o por orientación.

«Es un poco la lucha que está llevándose a cabo de reconocimiento» de esta condición, que además «no significa que sus vidas no corran peligro, porque además se están uniendo otros componentes como por ejemplo las guerras, que se están acrecentando muchísimo por la lucha de los recursos naturales».

En este sentido, Olmos señaló que esta problemática se está produciendo ante todo en zonas no industrializadas como África, donde la población depende del campo y, a causa de este cambio climático, está sufriendo una desertificación. «No pueden seguir subsistiendo pero tampoco tienen recursos para desplazarse y, cuando lo consiguen, nadie los reconoce como tal», explicó esta educadora social. 

Su intención es vincular esto con la Educación Social y, para concretar aún más este nexo, Olmos elaboró un cuento infantil destinado a la segunda infancia, apoyado en la elaboración de una guía para educadoras y educadores sociales que complementase este material didáctico.

Este cuento ilustra gráfica y narrativamente la situación actual de la República de Kiribati a través de una historia ficticia pero inspirada en hechos reales. La protagonista es una niña de 9 años, para interpelar al grupo poblacional al que va dirigido, que vive en uno de los atolones de Kiribati. La historia narra las decisiones que tiene que adoptar su familia porque el lugar donde viven está desapareciendo debido a la subida del mar.

Kiribati, explicó Olmos, se prevé que será uno de los primeros estados en desaparecer por este incremento del nivel del mar, algo ante lo cual esta educadora social se pregunta «quién va a velar por los kiribatianos y las kiribatianas».

La narración se apoya en la historia del primer refugiado climático, Ioane Teitiota, un habitante de Kirabati que solicitó asilo por causas climáticas, aunque le fue denegada esta petición. Pese a ello, es considerado el primer refugiado climático, indicó Olmos, quien añadió que son ya «miles y miles de personas» las que se están viendo obligadas a salir de sus hogares por motivos climáticos. En su trabajo, Olmos cuestiona «qué está pasando para que, como sociedad y con instrumentos y organizaciones mundiales, a nivel político no se esté dando una respuesta a estas personas».

Por este trabajo, Olmos recibió el pasado 6 de octubre en la Facultad de Educación y Humanidades de Cuenca en un acto donde se entregaron los Premios Profesionales de Educación Social y a los Mejores Trabajos de Fin de Grado de Educación Social en la región.