Do.Co.Mo.Mo Ibérico incluye en su registro a la Laboral

Adolfo de Mingo
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Las arquitectas Josefa Blanco y Dolores S. Moya impulsan el reconocimiento del conjunto realizado por Moreno Barberá en 1972

Vista aérea de la Universidad Laboral, junto a la avenida Europa. Al fondo, el hospital Tavera, San Antón y Santa Teresa.

La Fundación Do.Co. Mo.Mo Ibérico (Documentation and Conservation of buildings, sites and neighbour-hoods of the Modern Movement), la rama española de esta plataforma internacional creada en 1990 con el fin de inventariar, divulgar y proteger la arquitectura del Movimiento Moderno, acaba de incluir en su registro el conjunto formado por los edificios de la Universidad Laboral de Toledo. Las principales impulsoras de esta iniciativa, conscientes de la singularidad de estos edificios, obra del arquitecto Fernando Moreno Barberá (1913-1998), han sido las arquitectas Josefa Blanco y María Dolores Sánchez Moya, profesoras en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Castilla-La Mancha.
«La arquitectura de las universidades laborales fue un campo de experimentación para muchos arquitectos de la generación de Moreno Barberá», explica María Dolores Sánchez Moya, doctora arquitecta y subdirectora de la Escuela. «Al acabar la Guerra Civil española, Pedro Muguruza tomó el control de la arquitectura por parte del Estado. Eso supuso la proliferación de una serie de modelos representativos del poder del Régimen, la mayor parte de ellos revestidos de un academicismo que ocultaba falta de contenido en realidad». 
Por el contrario, figuras como Moreno Barberá, Rafael Aburto (1913-2014) o el propio Fisac (1913-2006) fueron permeables a los postulados del Movimiento Moderno. «En el caso de la Universidad Laboral de Toledo -añade Josefa Blanco, profesora de la Escuela y miembro de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas, institución en la que ingresó con un discurso sobre la arquitectura toledana contemporánea-, es muy clara la relación con el Pabellón de Bruselas (1958) de Corrales y Molezún, donde cada pieza hexagonal se desarrolla como generadora de una concatenación de espacios semejantes». Se trata, añade la subdirectora de la Escuela de Arquitectura, «del módulo repetido como base de la generación del conjunto, que es lo que planteaban en Europa por aquel entonces arquitectos como Hertzberger, Aldo Van Eyck o los miembros del Team-X».
Ejemplo de arquitectura orgánica -«no solamente por el habitual símil de la colmena, sino por la capacidad de los hexágonos de autogenerarse, de crecer, de ofrecer la sensación de que se derraman por la ladera»-, la Universidad Laboral de Toledo plantea a su manera un paralelismo con el Casco Histórico, «que se adapta también a la topografía mediante un conjunto de edificios a pequeña escala, sin marcados ejes focales», continúan las arquitectas. Pese a tener las dimensiones necesarias como para albergar en su interior un pueblo entero -hasta 1.088 alumnos previstos en 1972-1973, el curso de la inauguración-, «en ningún momento se pierde la escala humana; en otras palabras, ninguna de las piezas que forman parte del conjunto se impone frente a la mirada: no apabulla, y esto es importante cuando hablamos de edificios concebidos para adolescentes de quince años».
Josefa Blanco destaca la manera en que Moreno Barberá dispuso cada inmueble. En primer lugar, explica, «pavimentó solamente los caminos expuestos al tráfico rodado, dejando que los propios alumnos, profesores y el resto del personal del centro dieran forma a los senderos mediante el uso, de forma espontánea». Con respecto a los edificios, el arquitecto estableció un «criterio de intimidad» a la hora de desplegar los espacios administrativos, las aulas o el pabellón deportivo en comparación con las zonas de residencia, cuyo acceso era más dificultoso, culminando en una capilla que finalmente no llegó a hacerse realidad.
Esta distribución de los espacios, próxima a los postulados del Team-X -en lo que se refiere a la interrelación con el espacio público, más acentuada a comienzos de los setenta, cuando el conjunto estaba cubierto de grava para confundirse con el color de la ladera, y el acceso al conjunto era diferente al actual-, según María Dolores Sánchez Moya, tendría su paralelo también en el propio conjunto monumental, «acentuadamente horizontal, subrayado por los puentes y la línea de las murallas, según citaba el propio Moreno Barberá en la memoria del proyecto». Comparado con otras manifestaciones de arquitectura escolar de Castilla-La Mancha, añade, «nos encontramos ante un conjunto muy generoso con los espacios: grandes vestíbulos, amplios lucernarios, valores propios de la arquitectura posterior a la Segunda Guerra Mundial», que Moreno Barberá aprendió de maestros como el veterano Paul Bonatz (1877-1956). Este fue invitado por el arquitecto español a pronunciar una conferencia en Madrid, causando una honda impresión en  otro gran representante español de la segunda mitad del siglo XX, Alejandro de la Sota (1913-1996).
El interés de ambas arquitectas por este conjunto confluyó hace un par de años -prácticamente en las misma fechas en que el centro estaba pendiente de obtener para su gran conjunto de azulejería la declaración de elemento de interés patrimonial-, cuando Josefa Paz lo incluyó dentro de su discurso de ingreso en la Real Academia. «Se da la circunstancia de que mi padre fue profesor y yo misma fui alumna y viví allí durante algunos años», explica Sánchez Moya. 
«Siempre me pareció un sitio singular, desde mucho antes de estudiar Arquitectura. Cuando estaba terminando la carrera descubrí a Moreno Barberá y me interesé por algunos de sus edificios, como la sede de la Facultad de Biológicas y Geológicas de la Complutense. Mi sorpresa fue mayúscula cuando conocí que era el arquitecto de la Universidad Laboral».
Gracias a trabajos como la tesis doctoral de Miguel Ángel Robles Cardona, dedicada a La arquitectura de las Universidades Laborales españolas (1946-1978) (Universidad Politécnica de Cataluña), o a una biografía de Moreno Barberá realizada por Juan Blat Pizarro (Universidad Politécnica de Valencia) y publicada por la Fundación Arquia en 2006, Josefa Blanco y María Dolores Sánchez Moya reunieron toda la documentación necesaria sobre el proyecto toledano y sus paralelismos, «como la Universidad Laboral de Las Palmas, que también se basa en el hexágono».
La inscripción de la Universidad Laboral en el registro del Do. Co.Mo.Mo no solamente permitirá contribuir a documentar y divulgar las características de este conjunto fuera de Toledo, sino también poner el acento en la necesidad de preservarlo de la manera más fiel al proyecto original de Moreno Barberá. No siempre se ha respetado la limpia volumetría de los módulos hexagonales, que originariamente fueron construidos con especial atención a cada canto de  zócalo y forjado de hormigón, con el desarrollo de las carpinterías en controlados haces exteriores. 
«Además, Moreno Barberá fue obligado a utilizar ladrillo de Velilla, de mala calidad, algo que se tradujo en un deterioro casi inmediato: hubo que reforzar varias estructuras, se abrieron huecos en algunos paños ciegos y algunos refuerzos han quedado visibles», según Josefa Blanco. «Varias casas de maestros han sido unidas, perdiendo su estructura original, y una de ellas está en estado de abandono».
Según la arquitecta, no solo sería «importante recuperar esas piezas» y dejarlas en estado próximo al original, sino plantear una serie de criterios que, en el futuro, permitan «intervenir en el edificio con criterios respetuosos, realizando el menor número posible de modificaciones sobre el proyecto, tanto en lo formal como en lo material».