Turkson, favorito en las quinielas

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Turkson, favorito en las quinielas - Foto: ALESSANDRO BIANCHI

Las casas de juego británicas apuestan por el cardenal de Ghana como sucesor del Papa

Ya se sabe que en el Reino Unido se hacen apuestas por todo, y la sucesión papal no es una excepción. En la casa William Hill, una de las empresas más grandes que ofrece posibilidad de juego en cualquier ámbito, los favoritos son los cardenales Peter Turkson, de Ghana, seguido del italiano Angelo Scola. «Pienso que muchos de nuestros clientes conceden la mayoría a éste porque gran parte de los anteriores Papas eran del país transalpino», señalaron desde la firma. En cambio, a favor del africano pesa la idea de que «el futuro de la Iglesia católica está en el Continente Negro», añadieron.
Así, quien apuesta dos libras por el purparado ghanés recibe en caso de ganar cinco. Si es por Scola, 11 por cada cuatro. El arzobispo de Viena, Christoph Schönborn, se sitúa en carrera 10-1. Por su parte, los latinoamericanos se encuentran muy por detrás.
En William Hill creen que hasta la elección del próximo Pontífice se jugarán en todas las casas de apuestas, alrededor de 1,16 millones de euros.
En general, es difícil estimar el resultado de los cónclaves, porque a diferencia de unas elecciones políticas solamente emite su sufragio un reducido número de personas que filtra, además, muy poca información al exterior. Pese a todo, las quinielas no dejan de ser «la mejor guía que podemos tener», afirmaron desde Williams.
«Antes del cónclave de 2005, Ratzinger era el favorito en las apuestas y abandonó la Capilla Sixtina siendo el nuevo Heredero de Pedro», destacaron los expertos.
 Y es que las dos primeras congregaciones de cardenales preparatorias del cónclave que elegirá al sucesor de Benedicto XVI se celebrarán mañana, pero no se decidirá la fecha de la segunda reunión del tercer milenio, si bien se rumorea que será el próximo día 11.
Por otra parte, Ratzinger entregó ayer el anillo de Pescador que ha portado durante su papado y pasa ya sus primeros días en Castel Gandolfo. La dorada pieza no será destruida, sino anulada.