Hospitales de Toledo en el siglo XVIII (y VII)

José García Cano*
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El hospital de Bálsamo, ubicado en la actual sede de Correos de la calle de la Plata, fue fundado por don Diego de Bálsamo y en él se atendía a enfermos convalecientes. Se creó en 1632.

El antiguo hospital de Bálsamo se ubicaba en la calle La Plata. - Foto: Fototeca del Patrimonio Histórico

Seguimos descubriendo los hospitales u hospitalitos que hubo en la ciudad de Toledo ofreciendo diferentes servicios asistenciales y de beneficencia a enfermos y necesitados. El primero del que tratamos en esta última entrega es el hospital de Bálsamo, ubicado en la actual sede de Correos de la calle de la Plata, en pleno casco histórico. Lo fundó don Diego de Bálsamo y en él se atendía a enfermos convalecientes. Se creó en 1632 aunque en 1774 ya se encontraba incorporado a la Real Casa de Caridad que había fundado el Cardenal Lorenzana. Otro antiguo hospital fue el de San Juan de Dios, que se ubicó junto a la judería, en la calle del mismo nombre. Fue fundado en 1567 por Leonor de Mendoza y Guzmán, condesa de La Coruña, en las casas de su morada y con la advocación del Corpus Christi; sirvió para la curación de enfermos convalecientes, aunque también atendió a víctimas de enfermedades venéreas cuando cerró el hospital de Santiago. Desde finales del siglo XVI fue gestionado por los hermanos de San Juan de Dios y muchos toledanos lo conocían como ‘la maternidad’, ya que sirvió para este fin durante el siglo XX.
El impresionante hospital de San Juan Bautista, también conocido como Hospital Tavera (u hospital de Afuera), lo fundó el Cardenal Juan Pardo de Tavera mediante bula otorgada en 1554. Además de ser hospital para «tocados de diferentes enfermedades», sirvió de panteón para su fundador, quien aún sigue enterrado en la preciosa tumba labrada en mármol blanco por Alonso Berruguete en el centro de la iglesia. El edificio renacentista supuso una clara innovación en cuanto a arquitectura y al enfoque de los centros asistenciales de la época; fuera de la muralla de la ciudad, grandes espacios, una botica bien surtida e importantes fondos que lo mantuviesen. Continuamos el recorrido con el hospital de San Lázaro, donde se atendía a los enfermos que padecían lepra, tiña y sarna. Se encontraba también fuera de la ciudad para evitar el contacto a las personas sanas (algo que ahora cuidamos cada día con la pandemia). Lo fundó Juan Sánchez de Greviñón en 1418 y estuvo gestionado durante un tiempo por la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y posteriormente por la Cámara Real. En 1833 su solar se vendió al ejército para construir un cuartel de infantería. Con el tiempo el edificio del hospital de San Lázaro se convirtió en el Colegio de María Cristina y también en cuartel del Regimiento Cantabria.
El hospital de San Antón se ubicó muy próximo al de San Lázaro. También fue convento y como ocurría con su homónimo en Talavera de la Reina, en él se trataba a los enfermos del fuego sacro o fuego de San Antón. Fue fundado por don Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de Orgaz, estableciéndose los frailes antonianos en este centro en 1316. Todavía en el siglo XVII el patronato lo ejercía la casa de Orgaz. En el siglo XVIII tenía 20 habitaciones, además de enfermería, refectorio, cocina, despensas, una cueva, cocedero con horno, gallinero y carbonera. La iglesia contaba tres naves con tres altares decentes. Durante un tiempo -ya en el siglo XIX- acogió a los enfermos del hospital de San Lázaro, pues la orden antoniana fue suprimida por el papa Pio VI en 1787. Seguimos ahora con un hospitalito, el de San Justo, del que apenas hay datos que nos ayuden a conocer su historia. Ubicado cerca de la parroquia del mismo nombre, ejercía su caridad con los pobres y los mendigos, acogiéndoles de noche y socorriendo a otros en sus domicilios. También fue beaterio y como la mayor parte de ellos, desapareció por falta de rentas. En el año 1628 se le denominaba como hospital de San Justo y Pastor y servía para recoger pobres de noche.
Fachada del hospital (hoy museo) de Santa Cruz.Fachada del hospital (hoy museo) de Santa Cruz. - Foto: Jose Luis Municio Fototeca del Patrimonio HistóricEl hospital de Santa Cruz fue fundado por don Pedro González de Mendoza (el Gran Cardenal) comenzándose su obra en 1504 y reconvertido hoy en el conocido Museo de Santa Cruz. En un principio se ocupaba de atender a los niños huérfanos o hijos de padres desconocidos y menores de un mes (niños expósitos), los cuales eran criados  en el hospital hasta que se les entregaba a familias que se ocuparan de ellos. En el año 1494 Mendoza obtuvo la bula de fundación del papa Alejandro VI e indicó en su testamento que los patronos del hospital debían ser el Deán y el Cabildo de la Santa Iglesia de Toledo.  Destacamos su portada plateresca obra de Alonso de Covarrubias, así como la famosa escalera renacentista del patio interior. El hospital contaba entre el personal a su cargo con amas de cría para amamantar a los niños en él recogidos. El edificio se transformó en el siglo XIX en Residencia Provincial de Niños, conocida como la inclusa, siendo gestionada según la legislación vigente de entonces por la Junta Provincial de Beneficencia, dependiente de la Diputación Provincial de Toledo, trasladándose poco después al antiguo convento de San Pedro Mártir, donde fueron también reubicadas la Fonda de la Caridad y el asilo de ancianos, momento en el cual el hospital de Santa Cruz albergó temporalmente el Colegio de Infantería.
El hospital de peregrinos o de San Miguel, se encontraba en la plazuela que iba desde la calle del Corralillo hasta la de Santiago. Perteneció a las ilustres hermandades de San Miguel y San Bartolomé. Desde 1554 se dedicó a albergue de peregrinos y tenía por misión refugiar y hospedar a mendigos y transeúntes con asistencia de agua, cama, cobijo y algún socorro de alimentos; de nuevo apenas hay datos sobre su historia. Algún otro hospital se ha quedado por el camino, dentro de la larga historia de la asistencia hospitalaria en Toledo y de la que trataremos en otra ocasión. Lo importante es que estos edificios se han encargado durante siglos de recibir enfermos de multitud de males, como la peste, la lepra, la malaria o paludismo, el tifus, la fiebre amarilla, las tercianas y cuartanas, la sarna, la tiña, el garrotillo o difteria, la viruela o cuchillo de los niños y un largo etcétera de males y padecimientos que sufrieron los que nos han precedido. En esta época de confinamientos y ataques de otros virus, todos tenemos presentes la fantástica labor que se ha dado y se seguirá dando en todos los hospitales y centros sanitarios de nuestro país, a todos cuantos han necesitado atención médica; sirva la recopilación de hospitales de nuestra provincia que hemos hecho durante estas semanas, como pequeño homenaje a todos los profesionales de la salud que trabajan en estos centros y que dan cada día lo mejor de ellos para cuidar y proteger a toda la población.

*José García Cano es académico correspondiente en Consuegra de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.