El gran antecedente de la Colección Polo cumple medio siglo

Adolfo de Mingo
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El gran antecedente de la Colección Polo cumple medio siglo

Se trata de la exposición Pintura flamenca de tiempos de Carlos V. Fue inaugurada en el palacio de Fuensalida el 7 de mayo de 1969. El edificio acababa de ser acondicionado para uso cultural

Poco después de que se produzca la inauguración de la Colección Polo, que tendrá lugar el próximo miércoles en las salas del convento de Santa Fe, cumplirá cincuenta años otra exposición con la que esta nueva muestra cultural comparte orígenes belgas, máxima expectación y también un antes y un después para sus respectivos espacios. 
Pintura flamenca de tiempos de Carlos V fue la primera exposición internacional celebrada en Toledo después del cuarto centenario de la muerte de Carlos V (1958), una conmemoración de gran trascendencia para la ciudad, ya que trajo consigo la constitución del Museo de Santa Cruz a partir de los fondos del Museo Arqueológico y de la rica colección de arte sacro procedente del Museo de San Vicente. Fue asimismo la primera gran exposición instalada en el Palacio de Fuensalida después de su rehabilitación como centro cultural e institucional por parte de la Dirección General de Bellas Artes. Supuso, para terminar, el estrechamiento de un importante vínculo con la ciudad belga de Gante, que obsequió al Ayuntamiento de Toledo un retrato del cardenal-infante don Fernando de Austria, arzobispo de Toledo y gobernador de los Países Bajos, obra de Gaspar de Crayer (1582-1669), que hoy es posible admirar tras superar la escalinata de las Casas Consistoriales.
Preparativos. Todo comenzó a mediados de los años sesenta. El Ayuntamiento de Toledo y las principales instituciones artísticas de la ciudad se habían implicado en una gran exposición sobre el Greco que organizó el Museo de Bellas Artes de Gante, muestra que sería inaugurada por la reina Fabiola de Bélgica, de orígenes españoles. Prácticamente en las mismas fechas, el Ayuntamiento había afianzado sus relaciones con Gante al regalar a esa importante ciudad flamenca, cuna de Carlos I, una estatua hermana de la que en 1958 había sido instalada en el interior de la Puerta de Bisagra. 
El monumento aún sigue allí, contribuyendo a restañar la mala relación que en realidad tuvo el Emperador con su ciudad natal, que reprimió duramente en 1537 y 1540 (una de aquellas acciones, la humillación pública de varios ganteses principales que fueron obligados a desfilar descalzos y con una soga al cuello para suplicar clemencia al Emperador, es recordada todos los años en la procesión de los Stroppendragers).
Sea como fuere, la respuesta de Gante a finales de los años sesenta resultó enormemente generosa. El burgomaestre de la ciudad, Emil Claeys, ofreció la celebración en Toledo de una gran exposición dedicada a los artistas flamencos de la época de Carlos I. La idea fue muy bien acogida por el alcalde Ángel Vivar, quien expresó su satisfacción con estas palabras el 1 de abril de 1969: «Espero alborozado pensando en una exposición de la villa de Gante y sus tesoros en Toledo, en Castilla».