Paco Camino, la naturalidad de un gran torero

Dominguín
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Acevedo supo hacer que Paco Camino se entregase al público asistente. - Foto: Dominguín

La cuarta jornada de Villaseca de la Sagra, acogió la presencia de uno de los iconos taurinos del siglo XX, referente de varias generaciones y figura del toreo. Tarde histórica en la localidad sagreña que llenó su espacio de aficionados

La cuarta de las jornadas que programó el Ayuntamiento de Villaseca de la Sagra, fue sin duda el plato fuerte de la semana. Con empeño y tesón, el alcalde Jesús Hijosa logró que tras varios intentos fallidos, el maestro de Camas, claudicase y se acarteló en la localidad más taurina de la provincia toledana. Son pocas las apariciones en público de Paco Camino, que está recluido en su finca la gran parte del año, pero la suerte se puso de quienes se desplazaron a oírle y engrandecer aún más su cultura taurina, con la sabiduría del veterano torero.
Álvaro Acevedo, se encargó con elegancia, atrevimiento, simpatía y su locuaz forma de preguntar, el conducir la velada de manera cómoda para el protagonista. Eran aspectos claves y muy medidos los que el director de la publicación Cuadernos de Tauromaquia, iba interpelando con el camero, que con su graceja particular y su sabiduría fermentada en el tiempo nos hizo retrotraernos a épocas gloriosas pasadas.
Se habló de la era contemporánea al maestro Camino, que pese a llamarse la de plata, fue dorada y brilló como la que más. Esos enfrentamientos en la plaza con Puerta, El Viti que dejaron una terna que se batió el cobre por todo el orbe taurino.
Sus comienzos fueron curiosos, por su incipiente edad que le relegaba a los pueblos las primeras actuaciones hasta que se dio a conocer en 1958 en Zaragoza, a partir ya fue todo rodado, destacando el gran número de novilladas que actuó en Barcelona, que no fueron más por una discusión con el empresario del coso Balañá.
Se definió como un torero que no rehuía a ningún compromiso ni a ningún encaste, prefiriendo los toros que se movían y emocionaban. Triunfo con los Pablo Romero, con los Urquijo, los Atanasios…, una baraja amplia de ganaderías que como el propio Camino manifestó «todas estas ganaderías embestían muy bien y se podían torear». Reivindicó que su posición como figura del toreo le permitía en ferias como San Isidro elegir las ganaderías que se adaptaban mejor a su toreo, «las figuras en Madrid elegían las corridas que toreaban, por eso eran figuras».
Cuando tomo la alternativa, contó un pasaje curioso con su padre, al cual le respetaba mucho y le exigía como torero. Ese día camino le dijo a su progenitor, «hoy tomo la alternativa y no quiero que aparezcas más, tirándole el padre un sifón como muestra de su desagravio». A parte de acompañarle en su cuadrilla como banderillero, le exigía mucho y casi nunca estaba de acuerdo con sus actuaciones en la plaza.
A sus 18 años se doctoró y desde ahí fue adquiriendo conocimientos que adquiría en la propia plaza, pues insistió en el coloquio de lo importante que es estar toda la tarde pendiente de la lidia, sin entretenerse con otras cosas como pasa ahora en los callejones de las plazas de toros. Lo que más le llevaba a ser el mejor, fueron las penalidades que paso, sabiendo que la salvación para mejorar su bienestar estaba en aprender y llegar a lo más alto.
Estuvo rotundo cuando dijo «Al torero debe gustarle el dinero…», pero para ello debes ser un buen torero. Eso le emocionó en Villaseca, pues manifestó que estaba sobre todo muy orgulloso que se le recordase como «Un buen torero…», es difícil que digan eso de nosotros, pues se recuerda a los que hemos pasado por la profesión «pero que es una calificación personal que me ha gustado siempre y de la que me alegro se piense esto de mí».
Destacó varios pasajes de su carrera, su etapa americana en Méjico, Colombia y Venezuela, donde se le acogía con cariño y pasión. Por otro lado sus actuaciones en Madrid, de cuya plaza salió 12 veces en volandas. Se habló de su encerrona en Las Ventas, la cual de manera graciosa, Camino la vio como un reto para no aburrir a la gente y varias durante toda la tarde las faenas de capote y muleta para que se divirtiesen. Particularmente se visionó el quite por chicuelinas, tan características de Paco Camino que realizó en el centro del ruedo.
El maestro de Camas, sentenció cuando dijo que el toreo bueno le gusta a todo el mundo y que el verse en una plaza de toros es lo más especial que le puede pasar a uno «Poder transmitir lo que haces y sientes, si lo haces bien, la gente te respeta por ello». Para ello definió «el toreo no es esfuerzo, el toreo es naturalidad» para ello el toro tiene que tener movilidad, el que tiene que correr es el toro y el torero sólo tiene que muñequear.
Curioso fue cuando manifestó que antes, el torero llegaba a figura antes, a los treinta ya estabas casi para retirarte.  Se pasaba hambre y eso te hacia arrear de joven y en todos los compromisos. Ahora dijo «los novilleros ahora van a los tentaderos en Mercedes, yo iba andando a ellos…»
Finalizó la velada con una unánime ovación de los asistentes que rindieron un caluroso homenaje a una de las figuras del toreo del siglo XX, espejo de muchos toreros que le admiraron por su concepto y formas en el toreo de su época.