Vuelve a Albacete uno de los aislados en el Gómez Ulla

Teresa Roldán
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Ronald Brear permanecerá un mes en la ciudad, pero no descarta volver a Wuhan y seguir su ruta a Japón

Vuelve a Albacete uno de los aislados en el Gómez Ulla

Ronald Phoenix Brear Córcoles ya está en Albacete. El joven español con madre albacetense, que junto a otros 20 españoles fue evacuado de China y repatriado a España y ha estado 14 días en cuarentena en el Hospital militar madrileño Gómez Ulla donde ha dado negativo en las sucesivas pruebas que le han realizado para descartar un contagio por el coronavirus, bautizado ahora por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como Covid-19, disfruta de un merecido descanso junto a su madre en la pedanía de Santa Ana, donde permanecerá un mes tranquilo mientras espera a ver si la alerta sanitaria por el coronavirus desaparece, señal de que el número de contagiados ha empezado a remitir.
Brear Córcoles aseguró que su estancia en el Hospital Gómez Ulla se le ha hecho largo, aunque destacó la amabilidad y profesionalidad de los médicos y enfermeros del centro. Físicamente dice encontrarse bien, pero después de estar tanto tiempo encerrado «necesito un par de días para aclimatarme». Este joven que tiene la doble nacionalidad: española y australiana considera que la gente en España y en Albacete «es suficientemente educada e inteligente» para saber que tanto él como el resto de españoles que han permanecido aislados como medida de prevención «estamos sanos y los que nos rodean no corren ningún peligro a nuestro lado».
Ronald Phoenix recuerda los últimos días en la ciudad china de Qianjuand, donde pasó apuros para encontrar comida y alojamiento, pero a pesar de ello, no descarta retomar su aventura y volver a la ciudad de Wuhan para ver si puede recuperar su bicicleta y seguir su viaje con destino a Japón, mientras agota los últimos meses que le quedan de excedencia en su trabajo en  Sidney (Australia).
Afirma que cuando estaba de ruta con su bicicleta por el país asiático no tenía miedo a contagiarse por el coronavirus, «porque tenía muy poca interacción con la gente con la que me cruzaba», sensación que cambió cuando llegó al aeropuerto y observó la magnitud del problema y las medidas de precaución que se habían adoptado para evitar que el virus se propagara.