Hospitales de la provincia de Toledo en el siglo XVIII (II)

José García Cano*
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En la bella Lagartera, el hospital se conocía con el nombre del Salvador y se mantenía por los pegujares (aquellos que cultivaban pequeñas parcelas de tierra) que sembraban de limosna en tierras de la cofradía y obtenían 94 fanegas de trigo

Hospital de la Caridad de Illescas. - Foto: Biblioteca Nacional

Continuamos con la relación de hospitales que existieron en nuestra provincia principalmente en el siglo XVIII y que iniciamos la pasada semana. En La Guardia hubo dos hospitales, uno con la advocación de Nuestra Señora de la Pera, donde se servía comida a los viandantes y otro el de la Santa Cruz, donde vivían algunos pobres, viudas y vecinos de la misma. Illescas poseía otros dos centros de beneficencia, uno era el de la Santa Casa de Nuestra Señora de la Caridad y el otro para pobres, agregado a él y administrados en común.
En la bella Lagartera, el hospital se conocía con el nombre del Salvador y se mantenía por los pegujares (aquellos que cultivaban pequeñas parcelas de tierra) que sembraban de limosna en tierras de la cofradía y obtenían 94 fanegas de trigo que se gastaban en la fiesta que realizaban el día de la Transfiguración del Señor.
Una de las localidades (aparte de Toledo capital y Talavera de la Reina que estaban a la cabeza) que despuntó de la media en número de hospitales, fue Madridejos, que contó con tres: el de la Plaza para cobijo de forasteros pobres; el de Nuestra Señora de la Asunción más conocido por el nombre de la Virgen de Agosto y en el que se cobijaban viudas pobres y el tercero llamado el del Resucitado, establecido en la casa de la familia Peinado, para mujeres pobres. Cada uno de ellos contaba con su oratorio, cosa habitual en la mayor parte de estas instituciones. En Maqueda nos cuentan los documentos que hubo dos centros hospitalarios, titulado de San Ildefonso el primero y de Santa Cruz el segundo; uno para viandantes y otro para los vecinos. Méntrida poseía un solo hospital que fundó la cofradía de San Sebastián, que además es el Patrón de la villa. Tenía vivienda baja y dos pequeñas habitaciones sin camas, sin rentas y donde se recogía a los pobres. En el caso de Mora de Toledo el único hospital que encontramos atendía a pobres, a viandantes y obtenía rentas de algunos censos, varias tierras y de dos casas.
En la localidad de Nambroca encontramos dos hospitales; uno que recogía a viajeros pobres, el cual también pagaba el viaje a los pobres que viajaban a los hospitales de Toledo capital. El otro atendía a enfermos y constaba de cuatro camas. En Los Navalmorales la casa-hospital servía para «recogimiento de tunantes y pobres viandantes» y se mantenía con las rentas de una huerta, un olivar y algunos censos, sumando todo unos 600 reales. Novés también tenía hospital para acoger pobres que como propiedades contaba con una casa, tierras sembradías, olivares y cuatro censos, con lo que obtenía 1.512 reales anuales. En Ocaña hallamos el convento-hospital de San Juan de Dios, que también es Patrón de la villa. Poseía esta institución varias tierras, olivares, viñedos, casas y censos. Dentro de la clausura del mismo había un ‘patio de comedias’ de cuyas entradas se obtenía de renta 4 maravedís, resultando un total de 400 ducados, aparte de las limosnas, con lo cual estamos antes uno de los hospitales con las rentas más saneadas de los que llevamos relacionados y cuya forma de obtención de ingresos es cuanto menos original, ya que no es habitual encontrar un centro asistencial con un lugar donde se representaran comedias. En este hospital de Ocaña se curaban los enfermos pobres de la villa, aunque los fondos no alcanzaban para atender todas las necesidades de los mismos. En 1781 el hospital se encontraba en muy malas condiciones ya que se tuvo que retirar el Santísimo Sacramento, aunque sabemos que cuatro años después, concretamente el 23 de octubre de 1785 se volvió a colocar en su ubicación. También en Ocaña hubo un hospital de convalecencia que se ubicó en la calle que ‘bajaba a la Fuente’, frente a la portería del convento de San Miguel de los Ángeles y que había fundado doña Isabel de Ayala en 1590, esposa que fue de don Luis Salazar y Haro. Hubo por otro lado una hermandad que se dedicaba a curar enfermos en sus propios domicilios, a los cuales también ofrecían alimentos, una costumbre muy común por otro lado en nuestros pueblos. Se encontraba en la jurisdicción de la parroquia de Santa María.
En Olías del Rey hubo un antiguo hospital para viandantes que necesitaban atención y era un cuarto de escaso valor, cuyas rentas provenían de una tierra con olivas y 4.000 maravedís que entregaba anualmente la hermandad de San Pedro. En Orgaz llegaron a existir dos hospitales, uno denominado de San Andrés, donde se atendían vecinos pobres y transeúntes, que poseía 2.000 reales de renta. El otro se denominaba de los Crespo y había sido fundado por don Alfonso y don Lorenzo Crespo, presbíteros ambos, con 400 ducados de renta anual. Con las rentas de este último hospital también pagaba la villa al cirujano, al boticario, al hospitalero y al mayordomo. En tierras de la Campana de Oropesa encontramos precisamente a la histórica población de Oropesa que contaba en el siglo XVIII con el hospital de San Juan Bautista, que fue fundado por don Francisco Álvarez de Toledo con la cuantiosa renta de 10.000 reales. En La Puebla de Almoradiel tenemos constancia de una casa donde residía el ermitaño de Nuestra Señora del Ejido, donde se recogían pobres mendicantes.

*José García Cano es académico correspondiente en Consuegra de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.