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¿Qué fue de la Ruta de Don Quijote?

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Casi diez después de su inauguración, el megaproyecto turístico socialista para celebrar el IV Centenario de la primera edición del Quijote es hoy un camino vacío a cargo de los ayuntamientos

¿Qué fue de la Ruta de Don Quijote? - Foto: David Pérez

¿Quién se acuerda de la Ruta de Don Quijote? El que fuera el proyecto estrella de la Junta socialista de cara a la celebración del IV Centenario de la primera edición del Quijote, allá por el año 2005, es hoy un camino vacío, que nunca funcionó desde el punto de vista promocional y cuyo mantenimiento corre ahora a cargo de las maltrechas arcas de los municipios por los que pasa.

Su futuro no es más prometedor. Yes que no parece que el actual Gobierno ‘popular’ vaya a resucitar este itinerario de cara a 2016, con motivo del IV Centenario de la segunda edición de la obra cervantina. Hace tiempo que esta ruta desapareció de los presupuestos regionales y la actual propuesta turística de Castilla-La Mancha se encamina más hacía los lugares relacionados con la novela -como los molinos de Campo de Criptana y el Toboso de Dulcinea-, o con el autor, -como Esquivias, municipio donde se casó y residió algunos años Cervantes-.

Atrás quedan los más de 40 millones de euros invertidos por la Junta en aquel ‘año Quijote’ para acondicionar una megaruta de 2.500 kilómetros de longitud, dividida en 10 tramos y que atravesaba 148 municipios, repartidos por las cinco provincias. Se acondicionaron caminos rurales y vías pecuarias, se construyeron merenderos, se canalizaron arroyos, se instaló cartelería, se editaron guías... Y todo lo que ahora queda en pie pasó a manos de los ayuntamientos según reza su propia ley, la de Ordenación de la Ruta de Don Quijote, aprobada en 2006. En ella el Gobierno regional traspasaba a las entidades locales «la conservación, el mantenimiento y mejora» de este inabarcable itinerario.

Porque, sin duda, fue su extensión el principio y fin de los males de esta ruta, que nació como un proyecto de un millar de kilómetros y terminó llegando a los 2.500, para contentar a todos y arreglar ‘entuertos’ tales como el de no haber incluido al ya citado municipio de Esquivias y su casa-museo dentro del recorrido. La idea era construir una suerte de Camino de Santiago en plena Mancha, sin tener en cuenta que los caminos de esta región no son aptos para grandes caminatas al sol a partir del mes de junio y hasta bien entrado septiembre. Tanto es así, que solo hay noticia de un ciudadano alemán recorriendo la ruta en su totalidad, tal y como informó en su momento la entonces Junta socialista.

Se intentó corregir el error y en los años sucesivos a su inauguración la promoción de este megaitinerario se fue segmentando por tramos y tipo de turista. Se vendía la ruta para amantes de la naturaleza, la cultural, la histórica... Pero no caló el mensaje y, para más inri, se diluyó el concepto de ‘Don Quijote’ entre tantas subrutas y folletos.

No obstante en sus primeros años de vida (hasta el estallido de las crisis en 2008), la Ruta de Don Quijote se convirtió en el eje de la promoción turística regional, llegando a ser considerada Itinerario Cultural Europeo en 2007 por el Consejo de Europa.

Tampoco ayudó mucho el caos de aquellos años de boom económico. A los excesos en la celebración (se llegó a hacer un congreso de molinología y nada se supo nunca de los previstos, y anunciados, encuentros internacionales sobre la literatura y la historia en las Españas del Siglo de Oro), se unió el derroche en material y el ‘todo vale’ de la empresa pública encargada de organizar estos eventos, Don Quijote de La Mancha 2005, SA. A día de hoy el Tribunal de Cuentas tiene abierto un proceso judicial contra las presuntas irregularidades en el convenio de publicidad firmado por la ya extinta empresa pública ‘Don Quijote’ con una línea aérea durante la última etapa del Gobierno socialista. Un contrato que buscaba la promoción turística de la región y que ascendió a 3,24 millones de euros.

Al PP nunca le terminó de convencer este proyecto. Como oposición criticó siempre su inviabilidad y su excesivo gasto. Y tampoco fue del gusto de los ecologistas, que desde el primer día denunciaron que para hacer esta supuesta ruta ‘ecoturista’ se estaba abusando del alquitrán, convirtiendo los caminos rurales en pequeñas carreteras por las podían circular «hasta autobuses».

Hoy hace falta rastrear en la web institucional de la Junta para encontrar la originaria Ruta de Don Quijote. La promoción turística de la región sigue apostando por la obra cervantina, pero lo hace desde un punto más tradicional y comparte protagonismo con otros personajes ilustres de la tierra como El Greco o Quevedo. La ruta del Quijote que ahora se ‘vende’ en Castilla-La Mancha propone la visita de lugares quijotescos como Argamasilla de Alba, El Toboso, Campo de Criptana o las Lagunas del Ruidera.

Y de cara a 2016 la presidenta Cospedal ya anunciado que la propuesta de Castilla-La Mancha será la de potenciar el Turismo de Conmemoraciones. «Estamos preparando un amplio abanico de actividades conmemorativas del cuarto centenario de la muerte de El Greco, el V centenario de Santa Teresa de Jesús y el IV centenario de la segunda parte de El Quijote», afirmó hace pocas semanas. De ruta, por tanto, nada.

 El descontrol de la primera década de este siglo parece haber gafado en nombre del Quijote, al usarlo demasiadas veces en vano. Todo proyecto, edificio o programa debía llevar el nombre del hidalgo cervantino, que llegó hasta a rozar el sueño de regentar un ‘Don Quijote Airport’, ahora en busca de comprador que lo saque a flote.