Palabra suplantada por máscara

C.M
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palabra suplantada por la máscara

El teatro de Rojas programa, mañana a las 20,00 horas, un montaje 'Solitudes' - Premio Max al Mejor Espectáculo- que vuelve a explorar «este código sin texto» para hablar de la soledad.

De la necesidad de «continuar el lenguaje que descubrimos en nuestro primer espectáculo, ‘André y Dorine’, nació ‘Solitude’», una historia que aborda «la soledad, la incomunicación y las oportunidades perdidas». Mañana, a las 20,00 horas, el Rojas alza su telón a un montaje de la compañía Kulunka tan premiado como aplaudido. Porque la pieza -Premio Max al Mejor Espectáculo; Premio Max a la Mejor Composición Musical; Premio Mejor Espectáculo Be Festivak. Brimingham;Premio Ojo Crítico de RTVE- ha logrado la gesta de encandilar al respetable con un teatro de gesto (sin palabras), en el que la máscara actúa como puente «hacia  una poética visual».
 José Dault, actor fundador de la compañía -con Garbiñe Insausti-, aprecia sobre la entrada de este «código sin texto» que el espectador «libera los prejuicios iniciales» a través de los movimientos cotidianos engendrados en torno a una «historia sencilla» en la que un anciano enviuda y es atendido -que no acompañado- por su hijo y su nieta. A partir de esta situación, el reflejo de tres generaciones confirma la paradoja de que «en ocasiones creemos que hacemos lo que el otro necesita, cuando realmente no vemos lo que requiere».
Y de ahí al «placer de las cosas sencillas» relatadas con un no-lenguaje que, irremediablemente, aumenta la dificultad actoral de quienes deben hacerse entender sin que el receptor eche de menos la palabra. Porque, argumenta Dault, durante el proceso de creación colectiva se busca «esa partitura de movimientos cotidianos, no formalizados, que generan los personajes en ausencia del texto».
Eso, desarrollando «una extraña habilidad y una escucha» efectiva porque, claro está, «la percepción del código está limitada por la máscara». Escucha, dicho sea de paso, que se torna, también, vehículo de comunicación en una pieza llamada a reflejar los efectos de su ausencia que, por ello, parece obligar a potenciar la percepción, «a mirarnos más».


Teatro accesible. Y puesto que Kulunka Teatro es una compañía surgida de la inquietud de sus creadores por experimentar con diferentes lenguajes escénicos al servicio de un teatro accesible para todo tipo de público. Un teatro vital, actual, comprometido, capaz de emocionar y divertir a partes iguales, preguntado su cofundador sobre el riesgo asumido ante una obra poco habitual en los escenarios nacionales, responde que no se lo plantean. Y no lo hacen aunque los actores -quién no- tienen la mala costumbre de alimentarse (por lo menos tres veces al día). Ante tal evidencia explicó, el actor, que pueden permitírselo porque su primer espectáculo generó «tal volumen de trabajo» que los ha liberado de «tener que generar para mantener la estructura» de un equipo que investiga «sobre lo que nos apetece sin necesidad de tener una fecha ‘de venta’».
Lo cierto es que, gracias a que ‘André y Dorine’ tiene un salud de hierro pese a que lleva 10 años girando por todo el mundo, José Dault y Garbiñe Insausti -con Edu Cárcamo- han creado una historia emotiva y tan bella como profunda. Adjetivos absolutamente compatibles con la sonrisa de quienes no pretender mostrar la realidad desde el drama.

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